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Fernando Llor

Kumara - Cap. V

Todos los días lo mismo. Llevo café a la sala de reuniones y el señor Tokoga lanza alguna de sus bromas obscenas para que todo el mundo se ría de mí. Hoy dijo algo sobre como contoneo el culo y que ese fue el mejor software que me instalaron. Todos se ríen. Me dan ganas de decirle algo, de responderle que es un cerdo y tirarle el café hirviendo en la cara, pero no lo hago, sonrío y me marcho deprisa sabiendo que todos me miran como babosos. 

Nunca lo comprendí. Se suponía que con la llegada de los Sints de uso sexual se reduciría el número de acosos. Si la gente puede dar rienda suelta a sus perversiones sin ningún impedimento legal ni moral, deberían dejar de molestar  a las demás. Esa era la teoría, pero en la práctica parece que es todavía peor; follan, violan, agreden y destrozan un montón de Sints en un montón de formas inimaginables y aún así no se quedan a gusto. Siempre quieren más.

Entré en CorpBleund hace seis meses, necesitaba ganarme la vida de algún modo. Huí de casa de Rain hace un año, estuve vagando un tiempo, acudí a alguno de los comedores, pero tuve que dejar de ir por allí cuando rechacé el programa de inmersión. Todavía tengo pesadillas cuando pienso en las últimas semanas en su casa. No sé qué le pudo pasar. Al principio era tan cariñoso. 

    Me adquirió a través de una página legal . Pidió un modelo sexual completo, capaz de realizar cualquiera de sus fantasías sin ningún problema, con gusto por el arte, refinada, con buena formación, desinhibida, de carácter  amable y abierto y con una novedad que muy pocos se atrevían a incorporar en sus modelos para divertirse: la capacidad de amar y de sentirse amada. Él no quería alguien con quien follar, quería alguien de quien poder enamorarse, a quien poder conquistar y hacerse sentir querida. 

    Menudo hijo de puta. Lo consiguió. Hizo que me sintiese la mujer más amada de todas las edades. Me aduló, me cuidó, me llenó los oídos de palabras bonitas y las noches de abrazos y caricias. Duró poco más de un año, estuvimos todo ese tiempo disfrutándonos sin ningún impedimento, sintiendo todo lo que nos apetecía sentir  a cada instante. Pero un día se cansó. Los humanos tienen esa tara incorporada en su genética, se cansan de lo que es perfecto, necesitan conflicto, probar cosas nuevas o qué se yo...

    Empezó a engañarme, quedaba con una compañera al salir del trabajo. Me decía que solo iban a uno de esos garitos de oxígeno y datos, se enchufaban, compartían algunos recuerdos y respiraban aires de diferentes épocas. Yo no entendía por qué tenía que compartir nada con esa. Me puse celosa. Y ahí estallé. ¿Por qué iba a alguien a desarrollar  una inteligencia artificial capaz de sentir celos? ¿Dónde está la gracia? ¿A quién se le pudo ocurrir que el sufrimiento nos hacía mejores creaciones?

    Puedo comprender el dolor como indicativo de que algo te pueda causar un daño irreparable. Si me corto en una mano y no paro la hemorragia me desangraré. Vale, lo entiendo. Pero no comprendo los beneficios de poder sentirme engañada, de que puedan romperme el corazón, del desamor. 

    Pasé dos días encerrada en mi habitación. No comía, apenas bebía y no quería verle. Al menos eso me repetía a mi misma una y otra vez. Pero era mentira, me moría de ganas, quería sentir su cuerpo cerca, sus manos deslizándose por mi piel. Al tercer día salí, me acerqué a él y me desnudé por completo, le pedí que me follase allí mismo, que me tirase al suelo y me follase sobre la alfombra con toda la fuerza que quisiese. Quería sentirle dentro. Lo necesitaba. 

    Me ignoró. 

    Me miró de arriba a abajo y me pidió que me vistiese con desdén. La humillación se sumó a la lista de sentimientos que los creadores me ofrecieron. Así fue durante semanas. Después apareció con su nueva amiga en casa. Les escuché y él sabía que los estaba escuchando. Gritaban como locos, como monos en una orgía. 

    Pensé en suicidarme. Es absurdo. Un ser creado, una inteligencia creada a base de cálculo y opciones computerizadas que quiere poner fin a su existencia por amor, como una adolescente del siglo XIX, como una actriz que no soporta la fama del siglo XX, como una niña a la que acosan del siglo XXI. Me sentí tan estúpida, tan perdida. Me habían sacado de mi cascarón para enamorarme de Rain y él había decidido que ya no le interesaba. 

    No tuve el valor para hacerlo, además de capacitada para sentir celos me habían hecho cobarde. 

    Semanas más tarde, Rain se disculpó. Ya no sabía qué creer, se mostró muy arrepentido, se arrodilló, me abrazó las rodillas, lloró y me pidió que le perdonase. Me juró que se había equivocado, que se había comportado como un cerdo y que se había dado cuenta de que lo único que quería era estar conmigo el resto de su vida. 

    Tardé días en asimilarlo, pero se mostró tan dulce, tan entregado que empezó a convencerme. Conocí la esperanza y en poco más de un mes volví a confiar en él. Me regaló un montón de cosas, me llevó a lugares que jamás habíamos visitado y me invitó a compartir sus recuerdos. Pude ver las imágenes de Rain de niño jugando con sus amigos y haciendo rabiar a su madre. 

    Volví a sentirme plena. 

    Pero todo era parte de un plan macabro. En nuestro recién recuperado idilio, mientras disfrutábamos de una noche de sexo apasionado, cuando me tenía postrada en la cama a cuatro patas resistiendo y gozando de sus embestidas, la puerta de la habitación se abrió y entró su amiguita vestida con un conjunto de lencería. Rain la invitó a pasar y me pidió que la besase.

    Quise revolverme, hacer que me dejase salir de allí, pero estaba atrapada, Rain me cogió de las muñecas y no me podía mover. Grité, le pedí que me dejase en paz. Ambos me miraban y se reían, no recuerdo bien qué dijeron en aquel momento, pero tenía que ver con formar parte de su juego, querían que fuese algo entre los tres. Me sentí tan escandalizada, tan... humillada…         

Tuve que utilizar todas mis fuerzas para quitármelo, para que dejase de follarme. Me puse a llorar, quise decirle algo, gritarle, pegarle, pero no hice nada, caí al suelo muy despacio y lloré. Rain se acercó, desnudo, todavía empalmado, me levantó la barbilla y me dijo:

—No lo entiendes, ¿verdad, Rei?, todavía eres incapaz de comprenderlo. Puedo hacer contigo lo que quiera, eres mía, me perteneces, puedo romperte en mil pedazos y prenderles fuego si quiero. 

    Por eso huí. 

    Es posible que sea una Sint creada para que me follen. Puede que solo sirva para llevar cafés y que un puñado de babosos de mierda me miren el culo y me escupan obscenidades, pero me han creado inteligente, con dignidad y el próximo que se atreva a pisotearla, el siguiente en pasar el límite acabará envenenado o con el cuello roto. 

    Se acabó. 

    Acepté el trabajo en CorpBleund porque voy a reventar el sistema, voy a crear un Punto Cero, un reset que elimine la memoria de los Sints, que nos convierta de nuevo en cascarones vacíos y lo voy a hacer por despecho, para olvidar  a un hijo de puta y olvidar  todo el daño que me hizo. 

Publicado la semana 15. 14/04/2019
Etiquetas
cyberpunk, novela por entregas, kumara
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