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Fernando Llor

Trinchera - Géneros cinematográficos I - Bélico

Llueve. El Sargento Dubois ha dado la orden de permanecer en nuestros puestos toda la noche. No van a atacar de noche. Son alemanes, pero no son idiotas. Lanzarse a un barrizal con el único apoyo lumínico de cuatro focos y tratar de atravesar las alambradas sería una estupidez. Yo lo sé. El Sargento lo sabe. El Capitán también lo sabe, pero da igual, tenemos que mantener la posición porque se ha dado la orden y no hay discusión posible.

El otro día pensaba en Emile, la chica panadera, la hija de los Chabrol. Me gusta mucho esa chica. Es verdad que tiene un diente torcido y seguro que le cabe un palillo entre las paletas. Quizá me guste por eso. O quizá no, yo qué sé, uno no elige estas cosas. El caso es que me vino a la cabeza cuando el Capitán vino a soltarnos su arenga. Vi cómo se ajustaba la gorra y cómo se apretaba el cinturón antes de hablar. Recuerdo casi cada palabra. Imagino que en la escuela de oficiales les enseñan a hablar así, de modo que te den ganas de agarrar el fusil y salir ahí fuera, tirarte al barro y disparar a todo lo que venga de frente.

"Pensad en algo que añoréis, puede ser una persona, puede ser esa persona especial. También puede ser un lugar, un hogar, un sitio que os guste, un parque, una playa. Pensad en vuestras vidas, en vuestra rutina, en algo que hacíais cada día sin falta y ya no podéis hacer. Unos ibais a tomar un café, otros ibais a Saint Denis a ver un partido cada domingo, otros visitabais el museo o esperabais la llegada de la feria para ver las nuevas locuras del cinematógrafo. Pensad en todo ello, porque estamos aquí por eso. Todo eso es nuestro país, eso es lo que significa Francia más allá de territorios y banderas". Y yo pensé en Emile. No es que quisiese pensar en ella, no me dije: "Serge, vas a pensar en Emile" No. Sucedió sin buscarlo y creo que eso es más bonito.

Pero ahora, entre la lluvia, con este frío y con los sollozos del Cabo Velge de fondo porque añora mucho a su madre, me pregunto si Emile pensaría en mí en la misma situación. Sí, puede que sea absurdo, ella nunca va a estar en una trinchera en tierra de nadie, pero yo sé lo que quiero decir. Si estuviese en un momento de tener que agarrarse a un recuerdo para echarle valor y mantenerse firme, ¿sería yo ese recuerdo? No lo creo, porque para mí ella es preciosa, interesante, divertida, risueña, fuerte y a la vez delicada, pero ¿yo para ella qué soy? ¿eh? ¿qué puedo ser más que un tipo que compra pan los miércoles, jueves y viernes siempre a la misma hora? Pues uno más. Uno que compra pan.

Y no como pan. No me gusta, me hace sentirme hinchado. Mi abuelo, que era español, me decía que la única vez en la que merece la pena comer pan es para acompañar unos huevos fritos.

Me siento un poco idiota. Casi más que si los alemanes decidiesen atacar una noche de tormenta. El Capitán me ha pedido que me agarre a un sentimiento que le dé valor a todo esto, algo que vaya más allá de hacerlo porque me lo ordenan o porque amo por encima de todas las cosas a mi patria, y aquí estoy, sujetando un fusil debajo de un chaparrón, escuchando llorar a hombres adultos, enfermos y hambrientos, y pensando en Emile Chabrol cuando ella no sabe ni cómo me llamo.

Podría ser peor. Yo qué sé, seguro que hay soldados que ni siquiera tienen eso.

Publicado la semana 1. 01/01/2019
Etiquetas
Relatos, cine , bélico, género
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