09
H.J. Pilgrim

Serena

Amor. ¿Qué es el amor? ¿Por qué tiene que ser algo fantástico o bueno? ¿Por qué tiene que ser algo necesario en la vida del ser humano? ¿No sería mejor tenerlo como un añadido? Como algo que si te encuentras y puedes agregar a tu vida lo hicieras. Y, si no, que no importe lo más mínimo. ¿Acaso algún poder superior buscó cuál podría ser el mayor de los dolores que le podría infligir a la humanidad? Dicen que puede ser una bendición. Pero ¿qué bueno hizo el amor? En algunos es posible que haya dado un fruto positivo, pero a mí no me ha dado nada más que ruina.

Oh. Miro hacia el infinito, donde un mar de árboles me recibe y una niebla lo cubre todo lo que hay en mi alrededor. Es una escena que he visto infinidad de veces en cuadros, películas e, incluso, en cómics. No hay nada más que tranquilidad. Me rodea la fantasía de miles de almas que han sufrido tanto como yo. Siento su dolor, su pánico, su desolación y aquella opresiva sensación en donde sólo tienes una salida.

Kilómetros y kilómetros, en donde perduran aquellos en los que vieron, en el fin, la mayor de sus esperanzas. Guardianes del desamor, salvadores de la desesperación. Guías hacia una nueva etapa que esconden más miedos y dudas que evitan que más los sigamos.

Ignorantes que venís aquí en busca de un motivo para no hacerlo, daos la vuelta nada más se os ocurra la idea. Este lugar no deja ir a aquellos que ponen un pie en su maldita área. Desde la primera persona que se atrevió a ceder ante sus impulsos, cada ser oscuro que de la humanidad vive, reclama nuestras almas, nuestros sueños y conspira para que un suceso arrase con todo lo que pensamos hermoso.

Guarecidos en las partes más oscuras de nuestras almas, aguardan alimentándose de esas ilusiones que envenenan con la desconfianza, buscando razones inexistentes para que lo que consideramos que fue una bendición se torne a una maldición. Los he visto corromper a la más pura de las almas. Un ser inocente, confiado y seguro de que nunca habría nada que luchara contra ella y pudiera vencerla.

A través de artefactos temporizados que actúan en el peor momento, abrió los ojos de una chica que no había conocido el mal. Ella imaginaba que él era otro ser de luz. Encontrados en un mundo oscuro, era todo risas, fantasías y buenos propósitos para un futuro que ambos habían hecho relucir. Pero los demonios sabían que había un cabo suelto, que dejarían a la vista de la jovencita, para que tirara de él.

Humo hay, donde un fuego se enciende. Eso había escuchado muchas veces. Y una vez algo se quema, no puede recuperarse. El aroma de las brasas, de las cenizas, del infierno que quedaba tras la destrucción no le permitirían conocer otra vez una oportunidad de ser feliz. Había un conocimiento prohibido que no podría borrar jamás. El dolor de la verdad. ¿Cómo puede un ciego olvidar lo primero que ve? ¿O un sordo lo primero que oye? No es posible. Esa imagen, ese sonido, los acompañarían el resto de sus vidas, impresas en sus mentes, almas y corazones. Así será conmigo.

Asombrada por la cantidad de dolor que puede llegar a soportar el ser humano, decidí acudir a ese bosque para encontrarme con esas mismas personas que también estuvieron en mi situación. Ver su decisión, como lidiaron con la desolación de toda clase de naturalezas, amorosa, laborales, familiares… Cuando sientes que no puedes más y que necesitas una solución, una mano poderosa que lleve esa carga. Sientes respeto, fuerza para dar el paso al cambio.

Rondan los espíritus que me miran y esperan de mí, el mismo valor que tuvieron ellos. La valentía tiene muchas caras, muchas formas. Tal vez no es la más popular, la más agradable o la que todos recordarán como la mejor de las decisiones, pero es la única que se me ocurre. He sido destruida en todas las facetas en la que una mujer se puede destruir. Honor, cuerpo, espíritu, alma, corazón. Todo lo que veo es corrupción, decepción, ruina, desesperanza y, sobre todo, dolor. Cantidades insoportables de dolor. Y por eso busqué una solución.

Apoyo la espalda en un árbol de fina corteza y tronco, pero es lo suficientemente fuerte para aguantar lo poco que queda de mí. Cierro los ojos, respiro profundamente y sonrío por primera vez en mucho tiempo. Así es como todo termina. En un mar carmín de serenidad.

Publicado la semana 9. 03/03/2019
Etiquetas
fuego, serena, bosque, mar de árboles, dolor, alma, corazón, espíritu
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
09
Ranking
0 86 4