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H.J. Pilgrim

Caníbal 2301 (Tercera Parte)

Cada paso que doy me lleva de cabeza a la misma trampa que le costó la vida a Belén. Es como una especie de círculo que se tiene que cerrar, y yo tengo todos los puntos de llevarme la peor parte. Soy el uroboros que muerde su cola —y, en mi caso particular, terminaré ahogándome con ella.

La avenida Principal parece ignorar la muerte, días atrás, de Jenker Themis. El magnate de los transportes hipersónicos fue encontrado desnudo y desangrado. Concluyeron que el crimen fue por su sangre, por culpa del TEURUS II —programa que evitaba enfermedades, necesidades fisiológicas y un consumo menor de alimentos, arreglando el riesgo de locura que provocaba su primera versión.

Mucho se dijo del T1, conspiraciones para reducir el problema hiperpoblación. Incluso desde una amplia avenida como esta, puedo ver elevarse los altos y anchos edificios de cientos de plantas, que alojaban miles de familias, hacinadas y en necesidad, de los suburbios del extrarradio. Siempre esperé que ocurrieran extraños accidentes que provocaran el repentino colapso del edificio. Hasta el momento no hicieron nada parecido.

Pueda ser que las grandes corporaciones, que quedan en este asqueroso planeta, tengan todavía un plan para con el ser humano que no pudo huir a las colonias. Me provoca un profundo temor lo que tramen para gente como nosotros.

Activo uno de los filtros que el program key tuvo a bien de otorgarme. No me extrañaría que mi nuevo amigo Tobyas hubiera dejado algún trace para controlar lo que hago y lo que veo. Es más: estos pensamientos pueden estar siendo transmitidos hasta donde quiera que esté. Él se las da de revolucionario antisistema y no busca otra cosa que poder. Yo soy la herramienta que precisa para que eso ocurra. Si no fuera por Belén, yo no estaría metida en algo así. Pero no puedo permitir que su asesinato quede impune —aunque sea a costa de mi vida.

A esta altura ya no puedo esconderlo más. Trato de hacerme fuerte e ignorar mis sentimientos. Llevo mucho tiempo enamorada de Belén. Mucho antes de que ella estuviera con Pelem. Desde que la conozco ella ha sido esa persona en mi vida que me hizo soñar, ser feliz y sentirme afortunada de tenerla como amiga. Yo siempre quise más, aunque nunca se lo confesé directamente. Lancé varias indirectas que fueron sabiamente sorteadas por ella. Estoy segura de que tenía miedo de que una relación entre nosotras pudiera arruinar nuestra amistad. Por eso evitó dejarse llevar y me arrepiento mucho de no haberle robado un beso. Ya no me queda otra que la realidad virtual para imaginar un mundo con las dos juntas.

—¡Quita del medio! —exclama un indigente, al mismo tiempo que me empuja y me tira al suelo.

Me levanto y me toco el culo dolorido. Estoy sinceramente harta de esta vida. No hay respeto, no hay esperanza, no hay bienestar. Sobrevivimos como podemos, mientras nos dejamos llevar por la inercia de una existencia marcada por gente más poderosa. Si tengo la mala suerte de salir viva de esta misión, pensaré en algo como para enriquecerme y escapar de esta mierda de lugar o, en su defecto, iré a los brazos de Belén.

Presto atención al filtro en busca de señales orgánicas. Tras apenas una semana, debería de encontrar cualquier tipo de rastros, que me llevaran por un sinfín de caminos sin salida. No obstante, agrego una funcionalidad que descubre los componentes sintéticos en fluidos orgánicos. Themis fue asesinado por su sangre que contenía el T2, por lo que, debería ser fácilmente identificable de cualquier otro pobre desgraciado —como yo— que no pudiera costearlo.

Una señal se hace bien clara de entre todas. Es un goteo continuo que se oculta tras un callejón. Lo sigo sin preocuparme en dónde me puedo estar metiendo. Hace tiempo pude hacerme con un program key que me permitió aprender kárate. Pueda ser que la técnica no sea la mejor, pero me puede servir —si tengo la suerte de que me ataque alguien desarmado.

El callejón termina tras una puerta que no parece ser muy segura. La empujo y no cede. Sujeto el pomo y trato de girarlo, pero no se mueve. Siento como una serie de chequeos, instantáneamente realizados, deniegan mi acceso. ¿Viniste por aquí Belén? ¿Pudiste entrar?

Según la información que se despliega del holoID, la puerta pertenece al restaurante New Heaven. Es un nombre bastante estrafalario, pero esconde unas interesantes ganancias. Según veo en las búsquedas se disparan en el ciberespacio, grandes empresarios y políticos suelen comer aquí. Es un nido de ratas. Ya eso me hace pensar lo peor. Si Belén descubrió que la muerte de Themir estaba relacionada con este lugar, tenían motivos para matarla.

Regreso a la avenida Principal y camino hacia la gloriosa entrada del restaurante, labrada en mármol y de cartelería tradicional sin retroiluminación. No tiene hologramas, ni pantallas. Es un lugar totalmente clásico. No quiere ser más llamativo que lo necesario. No pretende ser un lugar concurrido ni abarrotado. Quien entra a New Heaven ha sido invitado. De otra forma, la puerta no se abrirá.

Esa necesidad por el secretismo es demasiado llamativa, como para no atraer la atención de nadie. La privacidad en este mundo murió. Básicamente tienes un canal legal en donde puedes ver una emisión en directo de alguna pareja anónima que está teniendo relaciones, sin que la misma lo sepa. Otros no hacen que más que mostrar personas bañándose, haciendo sus necesidades o, simplemente, haciendo la compra. Entonces, la existencia de un lugar como este, no sólo es como un faro en las tinieblas, sino que me obliga a querer saber más. ¡Me juego la cabeza que esto tiene algo que ver con Belén!

Ahora, la pregunta es: ¿cómo voy a entrar? No veo ningún tipo de cerradura electrónica, holográfica o por software. Más bien es algo extraño, tiene una fina abertura en donde se podría introducir algún elemento. ¿Serían así los mecanismos del pasado? ¿Es el origen de una llave? Ojalá esos cabrones del Departamento de Historia e Información nos dejaran saber algo más de quién fuimos. Eso me podría ayudar a abrir esta jodida puerta.

Necesito pensar… Es…Es posible que alguien entre aquí. Es un restaurante, ¿no? Desde luego que alguien, en algún momento, tendrá que venir a este lugar. Veré cómo entra y le robaré su clave de entrada. Aunque, eso puede tomarme un poco de tiempo…

Un deslizador desciende del cielo y para justo a la puerta. Sin marca ni identificación y de un sólido color negro. Casi me atrevo a decir que es un vehículo gubernamental. ¡Esto se pone interesante!

Veo a una mujer con un elegante traje de falda, entrada en la cincuentena —o eso aparenta—, pelo largo negro, caminando con paso firme hacia la entrada. Su cara me es conocida, pero no logro ubicarla en el panorama público. Trato de hacer una búsqueda instantánea en la red de mujeres importantes de Iridiel y aparece una lista en donde veo políticas, empresarias, artistas, deportistas y streamers, pero ninguna es ella. ¿Quién eres?

De su bolsillo saca algo metálico, un dispositivo simple, no se parece nada a lo que haya visto antes. Lo introduce en el mecanismo de la puerta, lo gira y se abre. ¿Es eso una llave? Ahora entiendo… Es tan rudimentario que es imposible de hackear, de copiar si no tienes la original. ¡Es brillante!

La mujer desaparece de mi vista. Voy a tener que esperar a que salga e intentar robarle la llave. Me escondo en un callejón y activo la navegación de nuevo. Tengo que acceder a alguna tienda —no muy legal— para hacerme con algún program key que me enseñe habilidades de carterista…

¡Es increíble que esté pensando en este tipo de cosas! Yo que he tratado de conducirme de la forma más ética posible. Tratando de hacer el bien, a pesar de que, en esta sociedad, no existe el concepto del bien común. Sólo nos preocupamos por nosotros mismos. No queremos saber nada del prójimo, ni de como mejorar su calidad de vida. La nuestra ya es penosa y tratamos de escapar de nuestro pozo aupándonos en los hombros o en los cadáveres de nuestros conciudadanos —sin importar si son vecinos, amigos o familiares.

Sacudo la cabeza y suspiro mientras entro en los dark stores de los que tanto me habló Belén. Son lugares peligrosos, donde no puedes confiar en nadie. Cualquier PK que adquieras puede significar el fin de tu existencia. Los criminales cibernéticos pueden poseer tu mente y controlar tu cuerpo. Todavía resuenan en mi cabeza, las palabras de Tobyas recomendándome una mejora en mi seguridad. ¡Joder!

Hay una tienda que es más cara, pero cuya “garantía” de PK seguros es confiable. Pago, lo instalo… ¡Oh, mierda!

Publicado la semana 16. 16/04/2019
Etiquetas
asesinato, ciencia ficción, Relato, Thriller, caníbal 2300, ciberpunk, ciberespacio, Caníbal, hacker
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