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H.J. Pilgrim

Caníbal 2301 (Primera Parte)

Este relato es una continuación del relato Caníbal 2300 que se puede leer en el siguiente link:

https://www.wattpad.com/543816932-can%C3%ADbal-2300

 

Es un día más en Iridiel: capital del segmento suroeste de Europa, donde la tecnología lo inunda todo, con luces de neón doquiera que mires, inmensos anuncios invasivos y una lluvia sempiterna que no deja de caer sobre los malvivientes que no hemos podido huir a las colonias, donde la vida se supone que es mucho mejor.

Hemos luchado contra el hambre, las enfermedades, una rebelión de máquinas, pero contra lo que no hemos podido es: nosotros mismos. Desde hace años, la Tierra se ha convertido en un lugar violento donde cualquier excusa es buena para quitar una vida.

Ahora mismo estoy en el funeral de una amiga. Ella era agente de policía y le habían encargado un caso muy importante. Al parecer habían matado a un tío rico para desangrarlo y sacar un medicamento que lo hacía casi infalible al hambre y a las enfermedades. Ella había encontrado al culpable y había sido felicitada por todo el mundo.

Yo siempre la alerté de lo peligroso que era la vida como agente, pero ella tenía ese sentido del deber que a otros nos falta. Y, lo más triste de todo, es que supuestamente se había suicidado después de matar a su novio tras descubrir que le ponía los cuernos. Yo los conocía lo suficiente como para saber que nada de eso era posible.

Belén no era una chica que, por un engaño como ese, pudiera tomar esa salida tan drástica. Tampoco Pelem, su novio, la engañaría con nadie. Eran el uno para el otro desde la escuela virtual. Allí fue donde nos conocimos, donde nos hicimos amigos y donde dos de los tres se hicieron pareja. Afortunadamente, nunca me sentí atraída por él —lo mío era más hacia ella, pero esa es otra historia.

 Veo pocos compañeros suyos aquí. Me sorprende mucho, teniendo en cuenta que siempre se apoyan los unos a los otros, incluso en el caso de un supuesto suicidio. No quiero pecar de paranoica, pero aquí pasa algo más.

 

 

Estoy ante la fachada del piso de Belén. Dos gruesas columnas me reciben y me invitan a subir las escaleras de un piso que tiene al menos un siglo. Su arquitectura clama a gritos el renacer del diseño post-duemile, desafortunadamente está sucio por la contaminación y hace décadas que perdió su lívido color.

Belén y Pelem todavía estaban pagando el piso. Habían juntado el dinero de muchos lados, de sus padres, de vender cosas, del trabajo, para hacer una buena entrada y poder comprarse su vivienda en la planta veintisiete —bastante bien, teniendo en cuenta que el edificio llega hasta los cincuenta y cuatro. Siempre me burlaba de ellos y les decía que vivían entre Pint y Valdemir. En el medio. Ni arriba, ni abajo.

Llego hasta su puerta, la vivienda número nueve, y pongo mi mano sobre el pomo de la puerta que se abre sin oponerse. Ella me tenía autorizada para ir y venir siempre que lo necesitara. Yo la avisaba, porque a pesar de su invitación, no era mi casa.

—No me gustaría encontrarte en medio de una salvaje sesión de sexo —le solía decir.

Belén reía. Tenía una risa tan particular…

Lo primero que me llama la atención es que la policía no tenga precitada la casa. Han pasado apenas cuatro días desde que encontraron el cuerpo. No creo que hayan terminado de investigar y de limpiar la zona. Es muy probable que haya numerosas pistas o pruebas que los lleve a deducir si realmente fue un homicidio y suicidio, o había sido todo orquestado.

Aceptaron todo como se lo encontraron. Era lo más fácil. Al final, van a tener razón. La gente dice que la mayor parte del CPI —Cuerpo de Policía de Iridiel— son polis corruptos. Tienen tratos con ciertas mafias u hombres de negocio que los beneficia a todos por igual. Muchos de estos ilusos creen que así podrán ahorrar para escapar a las colonias y no saben que no hay forma de escapar de aquí. Deberían delinquir por muchas vidas antes de lograr comprar un jodido pasaje a la luna. Y las colonias están mucho más lejos.

La luz se enciende nada más los sensores me detectan. Conoce mi preferencia por luces tenues, y se ajustan tal y como está guardado en mi perfil. Aun en estas condiciones, puedo ver sangre y sesos por todos lados. Tengo que sujetarme de una pared para no caer impresionada. El entretenimiento de realidad virtual puede imitar el olor, la opresión y el malestar que genera ver una escena como esta —ya lo he vivido muchas veces—, pero la diferencia es que aquí murieron mis amigos. Esto es real.

Buenos días, Cammy —el saludo de HousIA me sobresalta.

La asistente virtual de Belén es casi una copia de ella en cuanto a voz y aspecto físico. No entiendo cómo pudo elegirse como modelo. Me duele verla. Fue un arranque narcisista, pero nadie se imagina que va a morir y su HousIA puede hacer daño a los que quedamos…

—Hola Nel. ¿Puedes iluminar más la casa?

Claro.

La intensidad lumínica crece mientras empiezo a captar muchos más detalles del lugar. Está más que claro que la policía no tomó rastros ni investigó la zona. No hay rastros, ni marcas de toda la parafernalia que usan para ello. Se limitaron a agarrar los cuerpos y nada más. Ni se preocuparon por no dejar huellas de sus botas por doquiera que pasaran.

—Nel, ¿puedes ponerme la grabación de la mañana del 7 de Marzo?

Disculpa Cammy, no tengo ese video.

—¿Lo confiscó el CPI?

No. Fue borrado. Si me das unos segundos busco su ubicación aproximada por si quieres consultar con ellos.

Le pido que lo haga. Esto no me gusta. Aquí ya no estamos en un caso de locura transitoria, sino un encubrimiento. Alguien borró el contenido de las cámaras de seguridad y eso no es nada bueno. ¿En qué lío te habías metido, Belén?

Cammy, te confirmo que no fue borrado aquí, sino en calle Sorusant número tres, piso seis.

—Eso es la zona de oeste de Iridiel, ¿no? Cerca de la playa.

Exacto. Muy cerca del hotel Beachend.

—¿Hay sólo viviendas por esa zona? O, ¿algún organismo oficial?

A unas pocas manzanas se encuentra la escuela del CPI.

—Gracias, Nel.

Abandono la casa y paseo hacia la parada del transporte colectivo. En apenas unos minutos parará aquí.

Tengo que caminar esquivando a una multitud de gente de clases medias-bajas, con malas caras, olor a sudor y suciedad, bastante desarreglados, mirando todos al suelo. Se han rendido. Aceptaron el lugar que les fue dado y no pretenden luchar más. Saben que la lotería no es una opción —un premio entre miles de millones de personas—, que la tecnología no hace más que complicar su existencia, que no tienen forma de huir de aquí.

Ya no hay campos, desiertos, islas o pueblos que no estén masificados. El planeta es una ciudad que no tiene más límites que los imaginarios. Salvo que mires al mar, continuamente encrespado y muerto, no verás un horizonte que no tenga decenas de edificios de medio centenar de plantas. Hay imágenes de Iridiel, cuando tenía otro nombre que no recuerdo ahora mismo, en donde todo era más bucólico, más paradisíaco. Incluso sus barrios malos eran de lujo comparados con los comunes aquí.

Hay cientos de asesinatos por día, violaciones, robos, secuestros… Dejé de consumir programas de cualquier tipo hace tiempo. El ciberespacio está siendo corrompido a pasos acelerados y adentrarse en la puerta incorrecta —donde puedes encontrar información, entretenimiento o trabajo, por ejemplo—, puede provocar que te roben los pocos créditos que tienes o, incluso, la vida. Lo único que hago es trabajar en la huerta industrial y llegar y releer el único libro de papel que llegó a mis manos por un golpe de suerte.

Es una reliquia antigua, pero destrozada a la que le falta la mayoría de las páginas. Habla de tiempos pasados que el Departamento de Historia e Información tiene prohibido. Son muy pocos los que tienen acceso a la puerta de pasado —tal y como se le suele conocer. Yo tuve la suerte de encontrarlo entre la basura. Seguramente, alguien lo abandono por el peligro que entrañaba tener un elemento así. Yo no sé cómo lo guardo todavía. Si el DHI me auditara, lo encontraría, lo quemaría y a mí me sacaría todos los privilegios —que no son muchos— para forzarme a morir de inanición —siempre que no me suicidara antes.

Tal vez es esa mi manera de luchar contra la sociedad y las normas que nos han impuesto. Busco batallas en las que fracasar —como en la que estoy a punto de meterme. Una guerra perdida desde el principio. Pero por Belén y Pelem, lo haré.

Publicado la semana 12. 22/03/2019
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ciencia ficción, sci-fi, caníbal 2300, ciberpunk, cifi, realidad virtual, ciberespacio, crímen
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