09
Guadalupe del futuro

Calor –Verde – Cabeza

 

35 grados. Sensación térmica de 42. Con este calor, es imposible salir a trabajar con saco y corbata. Me siento empapado. Y con todo lo que hay que hacer fuera de la oficina. Ir a pagar al banco, pasar a la escribanía a buscar unos certificados. Llevar a la tintorería unos trajes del jefe, que los quiere sí o sí para hoy por la noche, ya que mañana viaja por negocios a Londres. No doy más. Encima a los del gremio de los camioneros se les ocurrió cortar la calle, quejándose del retraso en el pago del aguinaldo. Los banco, pero hoy, justamente hoy! Me rompen mucho las pelotas. Sólo pienso en la cerveza fría que me espera al salir de trabajar, cuando me encuentre con los chicos como solemos hacer siempre los días viernes.

¿El banco? Sin sistema. El escribano titular se fue, deberías esperarlo a que regrese de un almuerzo con los socios, para que te firme las cosas. Los manifestantes siguen ahí, se me parte la cabeza. El teléfono no para de sonar, pidiéndome que regrese a la oficina. ¿A qué? ¿Si no pude hacer nada de lo que me solicitaron?

De pronto, se aparece ante mi el majestuoso jardín japonés, regalo de la colectividad japonesa a la ciudad de Buenos Aires. Una siesta no vendría nada mal, pienso. Justamente, debajo de todo ese verde hay un espacio estratégico. ¿Por qué no un sueñito pequeño? En vez de esperar en el despacho del escribano, en vez de que Greta me grite el resto de la jornada que queda, una siestita no viene mal. Me muero de sueño y de hambre, pero necesito dormir antes que comer. El señor que corta el césped me mira con envidia pura, pensando “este pibe viene y se echa un rato, y yo sigo con la maquinita al hombro, no se puede todo en la vida.”

3 horas después, me despierta el aire. Se había levantado una brisa fresca, de atardecer, deliciosa, para mitigar el calor que sentía. Miro el reloj y… ¡¡¡las 6 menos cuarto!! En teoría, en 15 minutos estaría fuera de ese asqueroso trabajo, yendo al bar de lucho por mi Quilmes fresca. ¿Y el escribano? ¿Y los trajes? Miro mi teléfono, 5 llamadas perdidas de mi jefe, que a estas alturas, debe haberme mandado a la mierda 5 millones de veces. Salgo corriendo, corro, corro sin ver. Un auto atravesó en una mala maniobra Avenida Libertador esquina Agüero. Y se llevó mi vida, mi calor, las ganas de seguir tirado en lo verde, las cervezas de los viernes. Y se dio a la fuga. 

 

Publicado la semana 9. 01/03/2019
Etiquetas
La vida misma
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Género
Relato
Año
I
Semana
09
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