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Guadalupe del futuro

Se lo que está planeando

Se lo que está planeando. Me dijo que se iba a trabajar, pero en vista de lo que llevó, es como cuando un pescador dice que va a ir a lanzar las líneas y la caja de pesca está intacta.

Se fue a trabajar como cuando te vas de antro sabes, así todo risueño, con algo de alcohol encima, si de alcohol, a las 9 de la mañana. Todos los días la misma cantaleta. Ya no tenemos dinero. No sé que van a comer los chicos hoy, ni creo que haya cena. Y sobre todo, él llegará tarde. Y borracho. Y seguro violento, con ganas de pegarme, como anoche. Ya no aguanto más. Quisiera irme a la mierda de esta vida, de esta casa, de esta realidad. Muchas veces soñé con tirarme de una azotea. Todo para no sufrir más.

Ya no recuerdo cuando fue la última vez que sonreí. Encima la señora de la casa me insiste en que debo presentarme el día 26 y el día 02. ¿Cómo? Si justamente esos son los días donde él se da cuenta de que no tenemos un peso partido al medio y se la agarra con los chicos, o conmigo y nos muele a golpes. Nos deja todos lastimados. Y con la cara hecha compota la señora me pide de todas maneras que me presente a trabajar, que así no se puede, que toda mi familia viene a celebrar la navidad en casa, que qué voy a hacer con tanta basura, que los regalos, que el sobrante del recalentado que por favor Úrsula, ¿qué voy a hacer si no venis? Al rancho podés ir cuando quieras, pero justo ahora no.

Tengo tantas ganas de mandar a todos a la mierda. Al Jorge, por esta vida de miseria y violencia, porque siempre vuelve, que una flor, que ya no va a volver a pasar, que perdóname, que no puedo vivir sin vos; a los pibes, que siempre tienen hambre, que todavía son chiquitos, que dependen de mí, que su papá es un borracho ausente. A la vida, que por haber nacido pobre no me dio muchas oportunidades de hacer lo que realmente me gusta: leer. Leer novelas de aventuras, leer Moby Dick, Tom Sawyer, Leer Jane Eyre, leer el diario, los avisos de los espectaculares, leer la mirada de las personas que se dirigen a la maquila a trabajar por un mísero salario. Leer el miedo de los gobernantes si todos nos ponemos de acuerdo y los echamos del país.  Amo leer, las páginas, las miradas, las sonrisas, las lágrimas. Pero ya no puedo más. Mi madre me dice que sea fuerte, que al menos el Jorge siempre regresa, no como quien era mi padre, que una vez se fue y nunca regresó. Ojalá se haya muerto, repite siempre mi madre cuando anda furiosa con la vida. Pero esta vez fue distinto. A la noche tarde, vienen a golpear la puerta, los chiquillos de la esquina diciéndome que vaya corriendo, que al Jorge lo habían acuchillado allá en la cantina de Don Pancho. Una herida en el hígado, del que brotaba una mezcla parecida a la sangre, pero mucho más diluída. Que no había pagado su cuenta desde hacía 5 meses. Que quiso robarle a Don Pancho, y que Don Pancho sacó un machete y en plena calle lo ultimó.

Perdoname, me dijo el desgraciado. Perdoname por la vida de mierda que tuvimos. Y se murió. Y yo, con los  hijos a cuestas, con la vida a cuestas, tomé mis cosas y me fui lejos. Estaba harta de todo y de todos. Nos iremos para siempre de aquí, en busca de algo mejor.

 

Publicado la semana 10. 04/03/2019
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