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Mal otoño 

La cuadra estaba cerrada por personal de la Policía por ambos lados. La ambulancia estaba en la puerta de la antigua casa. Era la parte más antigua del pueblo. Todos le llamaban "El centro", por que era el centro comercial. Los comercios eran una ferretería, una tienda que vendía ropas y telas, una carnicería, una heladería que sólo funcionaba en verano y un almacén de Ramos Generales, de esos cuyos dueños eran "turcos", pero que en realidad eran sirios-libaneses. 

Todas las construcciones databan  de los primeros años del siglo XX o de antes tal vez, si tenemos en cuenta que en la entrada de la Iglesia se podía leer "Construida en 1774".

La casa en que estaba la ambulancia también era muy antigua. Con 3 escalones antes de llegar a la puerta, de grandes adobes que podían distinguirse a través del revoque hecho con más cal que cemento y pintado de gris. Un color que seguramente eligieron sus dueños porque era muy representativo de sus personalidades. 

La pareja era un matrimonio mayor que raramente sonreía. Ambos pasaban sus días dedicados a la venta de los diferentes artículos de su comercio de ramos generales. El negocio tenía ese nombre, no lo pensaron demasiado: RAMOS GENERALES, con letras grandes en un cartel sobre la puerta de la ochava.

Era otoño... las hojas de los paraísos de las veredas, que en primavera impregnaban el aire con su perfume, amarillentas, comenzaban a caer.

Don Jaime, que tal vez tuvo otro nombre en su siria natal pero lo anotaron "Jaime" al entrar en Argentina, no abrió el negocio como todas las mañanas a las 8 en punto. Doña Sara se instalaba detrás del mostrador alrededor de las 9, después de de sus quehaceres domésticos. Pero ese día el reloj de la comisaria daba las 10.00 cuando entró el agente Pepe, conocido por todos,  a la oficina del comisario y le anunció: - Algo malo está pasando. Don Jaime no abrió el negocio!

La puerta estaba sin cerradura. Fue fácil entrar.

Allí estaban los cuerpos de Jaime y Sara. A simple vista asesinados. 

La ambulancia que esperó  afuera por horas, se los llevó. La calle fue abierta y los pueblerinos comenzaron a asomarse con curiosidad. Muchos enunciaron hipótesis sobre el crimen. Nadie lo pudo creer. Algunos se lamentaron. Pocos lloraron.

Eran 2 personas solas. Sin hijos ni más familia. La casona se cerró. Durante muchos años se habló de fantasmas. Nunca se supo qué ocurrió.

El pueblo siempre recordará el hecho como el año del mal otoño. 

                              Graciela López 

 

 

Publicado la semana 2. 13/01/2019
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