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Gonzalo J. Moreno

Sobre Chocotortas y sus odiadores

Parece impensado que en pleno 2020 haya gente que desde un pedestal pretenda decir qué es rico y qué no lo es. Todas esas posturas ya son rancias, y entraron en crisis hace tiempo: qué es arte y qué no, qué es literatura y qué no lo es o qué es y qué no es moda. La lógica es simple, estas son todas categorías permeables y mutables, y sobre todo, hipersubjetivas. La sociedad entera está cada vez más consciente de esto y es algo que se ve reflejado en la pérdida de fuerza de estas dicotomías como planteos o debates. Entonces es acá donde aparece un gesto que deviene en tilinguería: criticar a aquellos que aman la Chocotorta o incluso tildarlos de portadores de un paladar de nene de 6 años de edad. Hay además en esta crítica un desdén y un rechazo al gusto de los niños, gusto que lejos de ser incoherente o poco valedero, es de los más fieles y nobles que hay, entre otras cosas por su carácter desprejuiciado y lúdico; y también, claro, por su desparpajo natural que solo nos da la infancia... y que con el paso del tiempo inevitablemente todos vamos perdiendo.

 

Recientemente la Chocotorta fue elegida Mejor postre del mundo por el ranking Taste Atlas. ¿A alguien le importa? es posible. Personalmente solo he leído a los haters y retractores del postre criticar la elección del jurado. Es este mínimo sector el que más eco de la noticia se hizo.

 

Hay en todo esto algo muy llamativo, y es que aquellos que aman la Chocotorta no se pusieron tan felices por la noticia como aquellos que la defenestran se pusieron irritados y se enojaron. De nuevo, pareciera ser que al fin de cuentas a algunas personas las moviliza más el odio y los sentimientos negativos que los positivos. Y hay también otro detalle no menor: nunca conocí a nadie que amara la Chocotorta despotricar con tanta ardidez contra ningún otro tipo de postre o receta como sí lo hacen siempre aquellos detractores de la torta de galletitas, dulce de leche y queso crema. El odio no se entiende, resulta inverosímil y en el medio se termina mezclando un poco todo: odian el postre, odian que haya ganado como mejor postre del mundo y además odian a aquellos a quienes les gusta este postre. Y en esa mezcolanza les da lo mismo criticar o señalar a cualquiera de estos tres factores, indistintamente, como si todo fuera lo mismo.

 

Personalmente, me gusta la Chocotorta, me importa poco y nada la noticia del premio a mejor postre del mundo, y no ando sacando una bandera en contra constantemente de ninguna torta que no me guste. Me parecería absurdo. Citando a esos mismos haters, esa actitud sí me parecería más propia de un nene de 6 años.

 

Este texto está escrito así nomás, en plena tarde de domingo y habiendo disfrutado ayer mismo una regia Chocotorta auto gestionada y preparada. Fue ese el momento en que dije: esperen, ¿En serio hay gente que se gasta en insultar todo el tiempo y tirar abajo un postre? Como bandera política, como estandarte alzado con orgullo… no entiendo. ¿Y en serio esas mismas personas se molestan en decir que aquellos a los que nos gusta la Chocotorta tenemos el paladar de un niño de 6 años? Pero qué tristes personas, por favor. No te gusta, no la comas. Me cuesta encontrar palabras acertadas para describir todo esto porque me parece una gran nube de pedos creada por un grupito de personas con prioridades un poco trastocadas. En esa crítica a los tres factores hay algo mucho más denso que simplemente una crítica culinaria. Hay una especie de rechazo clasista sociocultural disfrazado que no termino de desentrañar.

Una mera crítica culinaria a la Chocotorta no se detendría en criticar a quienes les gusta la Chocotorta… eso sería en rigor crítica de comensales.

 

Debo decir que a mí, por ejemplo, las tortas y postres que impliquen frutos rojos, cerezas y ese tipo de frutas en demasía, no me gustan. Pero jamás me verán insultar a quienes gusten de ellas, a quienes las disfruten, las preparen, las luzcan en sus redes sociales con orgullo… tampoco me verán escupir veneno si el día de mañana eligiesen como mejor postre del universo a una torta hecha enteramente de frutos rojos. Nada podría resultarme menos importante ni ninguna batalla podría resultarme más carente de sentido.

 

¿Estas personas vieron Ratatouille (2007)? A mí se me proyectan mentalmente como el crítico culinario de la película, que creía sabérselas todas y al final se le hace agua la vida y el alma con un plato sencillo que lo retrotrae a su niñez olvidada y tapada por capas y capas de pedantería y soberbia. Si la vieron no la entendieron. Siguen subidos a un pony imaginario desde el que señalan con dedito acusador: Yo tengo mejor paladar que vos, yo probé más postres en mi vida que vos, yo sé más que vos (como si en materia de cocina para el comensal el resultado final fuese estrictamente una cuestión de saberes), yo sí estoy capacitado para decir qué es rico y qué es feo, y una larga lista de etcéteras.

 

Dejémoslos ser felices en su pony-pedestal imaginario. Al resto de los humanos no odiadores nos queda disfrutar del Mejor postre del mundo, sin culpa, con felicidad y con el orgullo y el entusiasmo de un nene de 6 años. Nada supera eso.

Publicado la semana 97. 03/11/2020
Etiquetas
Comida, Chocotorta, Postres, Taste Atlas, Haters, Odiadores
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