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Gonzalo J. Moreno

Súbete a mi moto... pero ponte casco porque vas a chocar, bebé

Subirse a la moto que propone la nueva serie de Amazon Prime es un viaje inevitable a un gran choque de frente contra un muro de decepción.

 

Al comenzar el viaje las cosas no pintan tan mal, la música es divertida (las canciones de Menudo, admítanlo, son festivas y muy pegadizas) y alguna que otra actuación se acerca bastante a la dignidad. Pero conforme el tiempo y los episodios avanzan uno siente más y más ganas de bajarse… de lanzarse de la moto en movimiento sin siquiera considerar demasiado las consecuencias.

 

“Súbete a mi moto” (2020) está mal concebida; en principio por una cuestión de ambición desmedida. Querer contar la historia de la boyband más importante de Puerto Rico era de hecho una buena idea, los condimentos y los elementos para hacer una buena serie estaban al alcance, pero el primer gran error es haberla pensado como una serie larga de 15 episodios (uff). Antes de llegar a la mitad de la serie uno ya se siente harto. Harto de todo lo que está mal en la serie, que son casi todas las cosas: la mayoría de las actuaciones están totalmente fuera de registro, algunos de los niños actores no llegan ni a modular al hablar y es IMPOSIBLE entender lo que dicen, la ambientación de época da vergüenza ajena (“Súbete a mi moto” tiene las peores pelucas que he visto en TV en mi vida, algunas son sencillamente inverosímiles).

 

Y llegado este punto hay que hablar del GRAN problema de la serie en cuestión: no tiene conflicto/s. Contar una historia es algo muchas veces complejo, porque donde no hay conflicto no hay historia; y esta serie no lo tiene. Por momentos se vislumbran atisbos de pequeñas cosas parecidas a conflictos, pero no llegan a serlo, no tienen el tratamiento necesario, y casi siempre terminan resolviéndose como por arte de magia o mediante una simple elipsis cuando no un olvido o agujero de guión. La serie es en definitiva un racconto de todos los chicos que pasaron por la banda (son más de 30)... pareciera haber un intento de documentación histórica minuciosa ahí, pero de nuevo, eso no es necesariamente entretenido ni divertido ni genera ninguna emoción, ni es digno de transformarse en material audiovisual. Una buena serie de Menudo merecía mucho más que un mero desfile de entradas y salidas de los chicos de la banda.

 

Seguir la línea narrativa de la historia que se cuenta también es todo un desafío, por más que hay un trabajo de posproducción de señalar con nombre y apellido a cada uno de los chicos que van entrando a la banda (y a aquellos que van saliendo,claro está), de las locaciones y fechas, llega un momento en que uno no entiende qué es lo que está sucediendo, quién es quién o en qué momento o por qué volaron a alguno de los personajes integrantes de la banda… algunos desaparecen antes de que podamos saber sus nombres.

 

La serie hace un esfuerzo desmedido por sacarle todo el jugo posible al personaje de Ricky Martin (sorpresa: justamente los 2 actores que le dan vida a Ricky en sus versiones niño y adolescente son de los que mejorcito actúan, se ve que le pusieron un poco más de ganas o los productores se esmeraron ese día en el casting), pero más temprano que tarde, Ricky tiene que irse, como sucedió realmente. El creador de Menudo, Edgardo Díaz, tenía como ley (luego flexibilizada) que los chicos solo podían durar en la banda hasta cumplir 15 años o hasta que les cambiase la voz.

 

Eso no es todo, hay varias cosas que dan vergüenza ajena además de las pelucas de calidad dudosísima, entre ellas toda la línea narrativa de las chicas fans. Hay ahí un pseudo conflicto que tracciona durante varios capítulos esa subtrama: se nos cuenta que algo sucedió con una de las nenas que hizo que ahora de adulta y ya siendo una mujer tenga una suerte de aversión y rechazo por todo el universo Menudo. CUASI SPOILER ALERT: la resolución de este secreto que la serie se encarga de estirar ad infinitum como un chicle milagroso es la nada misma… no tengo más maneras de explicarlo sin develar el secreto en cuestión, pero la serie genera una expectativa y una intriga que merecían claramente un desenlace mucho más importante, el secreto tenía que ser algo de verdadera trascendencia, el trauma para con Menudo tenía que estar justificado… nada de eso sucede; no hay forma de catalogar esto más que como un engaño vil al espectador.

 

Otra de las cosas que jamás entenderé: el protagonista (Edgardo Díaz) rompe una o dos veces por capítulo la cuarta pared y mira a cámara para decir una frase en medio de un diálogo. Este mecanismo formal resulta ridículo al extremo por lo injustificado. No voy a mentir, cada vez que ese Edgardo Díaz me miraba y me decía una frase pseudo intelectual no podía evitar reírme y taparme la cara con un dejo de pudor.

 

Todos los elementos picantes detrás de la historia de la banda están tratados con la liviandad de mil globos de helio: es sabido, Edgardo Díaz fue denunciado por abuso físico, mental, sexual y maltratos varios por algunos ex integrantes de la banda. La serie no hace caso omiso de esto, pero hace algo aún más escandaloso: lo aliviana y lo hace pasar como si fuese algo muy menor… lógico, el mismísimo Edgardo Díaz está detrás del proyecto de la serie de Amazon (y según leí en un portal, de los guiones se encargó un ABOGADO… lo que explicaría varias cosas).

 

La mano de Díaz evidentemente está tan metida en la realización que ya varios ex Menudo salieron a despotricar contra la serie en sus redes sociales, sosteniendo que se trata lisa y llanamente de una porquería plagada de mentiras que no refleja en absoluto la verdad de lo que vivieron con el manager y productor en su pasado.

 

En definitiva, le puse muchas ganas a la serie, amo a Menudo y sus canciones me parecen de una elevación lírica pop inusitada, por eso me duele tanto haber hecho este viaje en esta moto, haber chocado de carita contra el muro y quedar ahí tirado en el asfalto del desencanto. Es algo que no sé si podré perdonar.
Nos queda la música.

Publicado la semana 96. 27/10/2020
Etiquetas
Ricky Martin, Súbete a mi moto, Amazon, Amazon Prime, Serie, Menudo, Series, Edgardo Díaz, Crítica
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No ficción
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