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Gonzalo J. Moreno

Bicha

Una cacatúa del espacio exterior. Llegás sin invitación a la fiesta y pasás con la confianza de quien se sabe portador de inimputable agresión.

Abrís la boca pico y sale el deshecho tóxico acumulado en años y años de envidia radiactiva en reposo cloacal. Aliento fétido de críticas destructivas que desplegás a diestra y sobre todo a siniestra.

Tus infinitas caras te hacen inmune a las lecturas y a la empatía; cubo Rubik elevado al cubo en multiplicidad de personalidades, todas falsas y horribles, todas en fila como soldado en colimba, esperando a ser convocado para ir a la guerra ante cualquier absurda necesidad.

Tus capas de caradurez y cararrotez te envuelven en halo de pretendido misterio que te hacen interesante en un primer momento pero asfixiante en un segundo. ¿Y si estuvieses obrando de forma equivocada? ¿Hay espacio para la autocrítica en tu cuerpito de maniquí maltrecho?

No pasa por ser un lobo con piel de cordero; ingenuo aquel que se atreva a compararte con un lobo, lo tuyo es ser algo oscuro e indomable disfrazado de persona. Algo inclasificable que nunca nadie podrá catalogar. Una media suelta sin su hermana que no sabemos dónde poner para no perderla y que tampoco, en definitiva, nos sirve para nada.

Así, con tu cebollez de capas y capas de nefastas habladurías es que te hacés la fama y no te echás a dormir. Tu compromiso para lo rancio es de carácter farmacéutico, abierto las 24 hs los 7 días de la semana, los 365 días del año. Vacaciones no incluidas, aportes jubilatorios exentos de dignidad.

Sos un primer mate amargo que nunca termina de lavarse. Una nueva forma en el universo de hacernos ver lo espantosa que es nuestra raza y lo increíblemente bien merecedores de la extinción que somos. Un vivo recordatorio de por qué mientras más conozco a las personas más quiero a mi perro. Aún sin tener ninguno.

Seducís en danza macabra a la maldad, le perreás esas nalgas que Satán te dio esperando una palmadita en la espalda de congratulación. Verte en este baile es casi hipnótico por los motivos menos nobles. Empezás a regurgitar un poco de veneno de ese que tenés de sobra en tus tripas, lo vas amasando como abuelita linda amasa un chipá, le das forma de pelotita en tu garganta y en tu boca. Cuando está listo, visualizás tu víctima y con precisión de láser óptico escupís tu gracia, directo a los ojos, directo a la nuca, a la espalda, al oído, a donde sea, en eso no discriminás ni ponés objeciones. Medalla de oro y aplausos ensordecedores para vos, primer puesto en lanzamiento de veneno.

No quisiera dar tu nombre de pila, no quisiera nombrarte frente al espejo y que te me aparecieras en medio de la madrugada para reflotar mis viejas inseguridades o para endulzarme con falsa azúcar mascabo el oído. ¡Tantas veces después de sacudirme descubrí que era azúcar Chango de pretérito vencimiento!

Propongo no escucharte ni dar por aludida tu existencia aún no comprobada más que por vos misma. Propongo con ahínco hacer de cuenta que estás aún más muerta de lo que en verdad estás, enterrarte en un cajón imaginario de imaginaria madera balsa no lijada y darte flores de plástico que jamás se marchiten. No es venganza personal, es catarsis medicinal y psicológica que cualquiera que te haya conocido necesita.

Te mando un beso bien grande y bien imaginario.

Publicado la semana 9. 01/03/2019
Etiquetas
Bicha, Azucar Chango
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Género
No ficción
Año
I
Semana
09
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