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Gonzalo J. Moreno

Delivery de venganza

Sonia fue víctima del bullying durante tres años seguidos. No tuvo paz ni un solo día en sus años de secundaria. Todos sus compañeros se habían encargado de hacerla sufrir cada mañana de las más variadas maneras. Todos los días inventaban una nueva forma de molestar, acosar y humillar a su compañera. Por diversos motivos, ningún docente ni autoridad del colegio había sabido ver lo que sucedía.

Sonia creció y se volvió una persona muy retraída y antisocial. Su carácter tímido e inhibido se potenció hasta ser autodesprecio existencial. 

 

Tuvieron que pasar casi diez años para que Sonia encontrase un poco de paz; se mudase sola a un monoambiente con su perrito Nick y consiguiese cierta estabilidad financiera. Sin embargo, nunca pudo perdonar a sus ex compañeros, jamás. A veces soñaba con ellos. Revivía en sueños distintos episodios del pasado: cuando le habían puesto caca en un sandwich, la vez en que le escondieron absolutamente todos sus útiles y tuvo que quedarse hasta tarde buscándolos en los tres pisos del edificio, la vez que le llenaron la mochila con los tachos de basura de los baños, cuando le bajaron los pantalones en educación física y la llenaron de barro y pasto, las miles de veces que le gritaron “gorda mantecosa” y le escupieron la cara riendo. Había que reconocerles el talento para la maldad.

Algunas noches en que se desvelaba, revisaba sus perfiles de las cuentas sociales. Facebook, Instagram, Twitter, Linkedin. Aunque no mantenía contacto con ninguno, estaba al día de las vidas de todos ellos.

Recientemente Sonia vio la posibilidad perfecta para vengarse de sus ex compañeros. Oportunidad que no vino de la forma más amena. Sonia contrajo Coronavirus a principios de marzo. Cuando sus síntomas se hicieron notar decidió no llamar ni recibir ningún tipo de asistencia médica. Sonia haría del Coronavirus su arma perfecta para la venganza. 

Como sabía usar muy bien las redes sociales (trabajaba como community manager para varias empresas) no tardó en conseguir todas las direcciones de sus ex compañeros y armarse una listita y un recorrido.

En Mercado libre consiguió comprar una mochila y una gorrita de Pedidos YA. Con casi treinta y nueve grados de fiebre y mucho dolor de garganta, se colgó la caja roja a los hombros, subió a su antigua bicicleta y partió rumbo a las casas de sus ex compañeros. En la caja/mochila, por las dudas, guardó unas empanadas que le habían sobrado de la noche anterior.

 

Con todos hizo lo mismo. Hubo un par que la reconocieron al verla. Extrañamente para Sonia, esos se acercaron amables, sorprendidos pero bien predispuestos, como si nunca hubiesen hecho nada; como si todo el acoso que le habían hecho vivir durante años jamás hubiese existido. A esos, Sonia los escupió con particular bronca. Se encargó de juntar una cantidad extra de saliva en su boca antes de dispararles en la cara. Todos reaccionaron igual: gritando e intentando limpiarse, asqueados, con la cara chorreando saliva. Para cuando entendían lo que acababa de pasar, Sonia ya estaba a cuadras de distancia en su bicicleta. Sólo dos de ellos llamaron a la policía, pero nadie se encargó de buscar a Sonia hasta dos días después.
La calle estaba despoblada. Sonia pudo transitar en su bicicleta libremente. Lo suyo era servicio esencial. No por delivery de comida, a como ella lo entendía era un servicio esencial de delivery de venganza.

Uno a uno y casa por casa, sin ninguna prisa y hasta pasando por al lado de distintos patrulleros de seguridad mientras se comía una empanada, Sonia fue visitando a sus ex compañeros que tanto la habían hecho sufrir.

 

Dos días después, Sonia se volvía una celebridad viralizada en las redes sociales. Su venganza se hizo eco en los portales de noticias de todo el mundo. Absolutamente todos sus ex compañeros contrajeron el virus por contagio directo. Dos de ellos, ambos con enfermedades preexistentes, fallecieron. El resto está aún hoy en tratamiento recuperándose de la infección. Sonia también. Está en un hospital recibiendo la atención médica por Coronavirus, custodiada por personal policial las 24 horas. El país entero, indignado, espera que se haga justicia. 

 

Sonia fue entrevistada ayer por una canal de televisión nacional vía Zoom. Cuando le preguntaron con enojo si estaba lista para que se hiciese justicia y terminase presa por sus actos, contestó angelada y etérea: “lo que a mí me pase de acá en más no va a ser justicia; justicia es lo que por fin hice yo, justicia y venganza".

Publicado la semana 79. 04/07/2020
Etiquetas
venganza, Coronavirus, Covid-19, Pandemia, Pedidos Ya, Delivery, Justicia, Bullying
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