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Gonzalo J. Moreno

Soy mi abuela

Quiero contarles sobre mi abuela. Sobre mi abuela y por qué hice lo que hice. Necesito que se sepa la verdad de los hechos. Sé que todos los noticieros mostraron fotos mías, de ella, de la casa, del perro… ninguna con mi consentimiento, obviamente. Mi historia se hizo famosa y yo también. Mi cara y mi caso se volvieron virales en las redes sociales y ya me transformaron en tantos memes que no me alcanzaría un disco duro externo para guardarlos. Son todos geniales y los amo, eso es lo primero que quiero decir.

Lo segundo que quiero decir en esta carta es que yo jamás negué mi culpabilidad. Soy un hombre adulto y sé hacerme cargo de las cagadas que me mando, así que por favor tengan en claro eso, que por lo menos habla de mi dignidad e integridad, algo que pareciera que todos olvidan que aún tengo.

Cuando mi abuela murió hace casi diecisiete años yo estaba desempleado y pasando un muy mal momento anímico. La psiquiatra me había diagnosticado con términos complicadísimos que jamás me interesó aprender, y para poder sobrellevarlo me empastilló con cantidades industriales de medicamentos psicotrópicos de todas las formas y colores. ¿Saben lo que cuestan estos medicamentos? ¿Se preguntaron al menos una vez cuánto cuesta una cajita de Clonazepam o de Valium antes de juzgarme, mofarse y reírse de mí? seguro que no. Ojalá todos los seguidores y fans que adquirí en este último tiempo hagan memes pidiendo que los medicamentos bajen de precio y sean accesibles para todas las personas.

Lo tercero que quiero decir es que yo a mi abuela la amaba. Siempre la amé y la respeté como a nadie más. La cuidé hasta su último día y velé por que estuviese cómoda y bien atendida. Le conseguí dos enfermeras particulares y nunca le faltó ningún tipo de atención. No quiero victimizarme con esto; como ya saben, ella me crió desde que nací. Dios me quitó a mis padres sin darme la posibilidad de conocerlos, pero a cambio me dio a mi abuela, el ser más divino y desinteresado de todo el universo. Repito para que no haya ningún tipo de doble lectura sobre esto: yo a mi abuela la amaba.

Lo cuarto que quiero decir es algo que ningún noticiero ni radio ni diario dijo jamás, porque sencillamente no lo saben, y esto es porque no investigan ni preguntan, sólo se dedican a copiarse y robarse las mismas noticias y publicarlas con el signo político cambiado. Eso es el periodismo de hoy en día en el país. Mi abuela fue consciente de TODO. Sí, de absolutamente todo; mi abuela me ayudó a planificar y a ensayar. Para todos los boludos que piensen que estoy mintiendo les mando adjuntas varias fotos que nos tomamos juntos todas las veces que practicábamos. Ella me ayudaba y me asesoraba para que yo quede al mejor nivel posible. Mi abuela no sólo era una persona divertida, amorosa, desinteresada y generosa; era también muy inteligente, sabía a la perfección que yo sin su jubilación de mega lujo no iba a poder vivir. Literalmente, no iba a poder seguir pagando las facturas, las expensas, los gastos, la medicación, la psiquiatra, etc. Cuando a mi abuela le diagnosticaron la enfermedad me propuso el plan. Al principio a mí me pareció una locura, creí que me estaba jodiendo y me reí. Pero después ella se puso más seria y me explicó que yo tenía el potencial para hacerlo. Ella ya me había visto varias veces en drag, sabía que practicando un poco y perfeccionándome iba a poder convertirme en ella sin ningún problema.

Cuando falleció quedé destruido. Tuve que duplicar las dosis de todas las pastillas y de los antidepresivos. Es importante que entiendan esto, cuando ella murió yo quedé solo en el mundo. Y dudé. Dudé porque no estoy loco, y todo lo que habíamos planeado durante casi un año por más que había sido divertido y genial, era una locura. Una parte de mí sentía que no estaba bien, que no era ético, que era muy peligroso. Era una parte baja, guiada por instintos muy básicos y por miedo. Otra parte de mí era más alta y elevada, y sentía que llevar a cabo el plan era incluso una forma de homenajear y enorgullecer a mi abuela. Esta parte estaba guiada por el amor, por la valentía, el entusiasmo y la necesidad económica. Esta parte (como ya todos saben) es la que triunfó.

Durante diecisiete años estuve cobrando la jubilación gold de mi abuela. Me hice pasar por ella y le rendí tributo escénico en cada ventanilla del banco y en cada cajero automático en el que me presentaba, draggeado con sus mejores ropas y maquillado con quirúrgica precisión y cosméticos para la tercera edad. Si hay algo que nadie puede decir es que es fácil lo que hice. Me costó mucho perfeccionarme, convencer al mundo de que YO era ELLA. Tuve que afinar mi talento para el maquillaje, para la vestimenta, para el acting, ¡tuve incluso que pensar e imaginar cómo hubiese ido envejeciendo mi abuela año a año para poder plasmarlo en mí! Pasé de usar un bastón simple a uno ortopédico de tres patas, y de éste a un andador. Mi forma de caminar, moverme y hablar también la fui envejeciendo con el pasar de los años. Algunas veces me miraba en el espejo antes de salir al banco y me largaba a llorar; el parecido con ella era inmenso y se me mezclaban muchas emociones. Cuando volvía y me tenía que sacar toda la vestimenta y maquillaje me sentía triste. Cada mes volvía a despedirme de ella en la más absoluta soledad, pero sabiendo que lo acababa de suceder era un triunfo de ambos.

Lo último que quisiera decir es que sé que mi abuela, desde el cielo, está orgullosa de mí. Está feliz de que su jubilación lujosa no haya ido a parar a la basura o al Estado y que en vez de eso la haya podido disfrutar su nieto. Está chocha de alegría de que pudo envejecer en mi cuerpo y de que sus joyas y vestidos pudieron lucirse por más tiempo, por todo ese tiempo que ella no pudo tener. Así que no, a todos los medios de comunicación que quieren hacerme ver como un pervertido, como un enfermo, y lo que es peor, como una lacra que traicionó a su abuela y se burló de ella, sepan que están tremendamente equivocados. Mi abuela me dio toda su confianza y su apoyo para que su jubilación por la que tanto trabajó en vida no quedase en manos de chorros trajeados o de un Estado absurdo que jamás se preocupó por los jubilados. Mi abuela desde arriba se ríe a carcajadas de los diecisiete hermosos años que los engañé a todos. Yo, desde este espantoso lugar, sonrío al saberla feliz.

Publicado la semana 6. 08/02/2019
Etiquetas
Abuela, jubilación
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