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Gonzalo J. Moreno

Pensamientos sueltos

Busco en los paneles de control de mi corazón. Inicio. Sentimientos. Carpeta: Tu Nombre. Click derecho. Eliminar. ¿Estoy seguro de que quiero eliminarte? Sí. 
Cinco segundos más tarde cierro muy fuerte mis ojos y busco en la oscuridad la papelera de reciclaje. Voy a recuperarte.

 

Y si tan solo el Señor que reparte los sueños escuchase mis pedidos de cada noche antes de quedarme dormido, estarías en cada una de mis aventuras oníricas. Algunas largas, otras cortas. Algunas por definición microaventuras. Todas serían geniales; y en todas, si en verdad el Señor que reparte los sueños escuchase mis pedidos, habría un beso.


Estar enamorado es querer irte a dormir con esa persona para abrazarla. Estar triste por no querer dormirte, y estar contento por saber que al quedarte dormido la vas a ver en tus sueños.


La persona a la que en verdad amás es aquella que te hace pensar que no todo está perdido. Es la que te da motivos para levantarte en la mañana, es la que cuando no puede estar a tu lado te causa profunda tristeza; la que te puede robar miles de carcajadas pero ningún beso, porque ya desde un principio fueron suyos.


No es necesario estar todo el tiempo juntos, si incluso en la distancia nos tenemos presentes mutuamente. No es necesario el contacto físico diario, si después al vernos podemos ponernos al día y saldar cuentas.


Algunas amistades se pudren. Vienen con fecha de vencimiento, son amistades-yogur-de-supermercado-chino. Tarde o temprano (y en realidad más temprano que tarde) van a perder la cadena de frío y se van a poner rancias. Cuando uno nota que esa amistad ya caducó o perdió su vitalidad es mejor desecharla, por más cruel que suene. Es siempre lo mejor; para ambos.


 

La Navidad es ese momento del año en que todas las familias suspenden temporalmente la realidad y se ponen lentes anti-realismo para poder aguantarse. Para hacer de cuenta que está todo bien, que se quieren, que se adoran, que se aman. Pero es temporal y efímero. Es el momento en que nos ponemos la careta del amor para chupar bebidas fizz y comer comida engordante en paz. Es como jugar al poliladron y tomarse un recreíto cuando están todos sudados y agotados. Entonces se juntan en ronda, toman una Cocas o unos jugos y pican unas papitas mientras reponen fuerzas. Pero cuando pasa el recreo vuelve cada uno a su correspondiente bando y a seguir la lucha y la persecución. 

 

Cada fin de años nos vemos tentados a hacer un balance. Al pedo. No lo hagan, es una trampa. Todos los años son una mierda llena de problemas y momentos espantosos. Mejor hacer de cuenta que esos momentos no pasaron, mejor acordarse solo de los momentos lindos, de las cosas positivas. El balance siempre conlleva e implica volver a recordar cosas malas. ¿Para qué?

Publicado la semana 51. 22/12/2019
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