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Gonzalo J. Moreno

¿Cuántos hijos heterosexuales puede soportar un padre?

Un exhaustivo estudio de la universidad de Massachusetts en colaboración con la UBA (Universidad de Buenos Aires) arrojó datos más que interesantes en términos poblacionales y sus impactos socio etnográficos.

El trabajo en cuestión se basó en un censo estadístico con el fin de dilucidar cuántos hijos heterosexuales puede soportar un padre/madre. Para dar cuenta de esta problemática que atraviesa todos los sectores socioeconómicos se llevaron a cabo una serie de encuestas domiciliarias y también algunas a distancia via Skype y FacebookTime. Por tratarse justamente de una preocupación que no distingue raza, edad, credo ni nivel económico, estas encuestas fueron llevadas a cabo en distintos puntos de Buenos Aires, corazón de Argentina.

A continuación, una selección aleatoria de declaraciones de distintos encuestados que por su carácter disímil ilustran el estudio llevado a cabo.

 

“Solamente tengo dos hijas, así que me llevó un tiempo asimilar que mi vida como madre iba a ser esto. Yo ya estoy grande, no puedo volver a concebir, me encantaría, pero ya estoy grande. Con el tiempo aprendí a resignarme a que mis hijas sean dos tontas que le lavan y planchan a sus maridos mientras ven el fútbol. Eso con una lesbiana capaz no me pasaba.” Susana, 68 años La Matanza.

 

“Soy madre de tres hijos, los tres varones. A veces pienso qué hice mal en la vida para que ninguno me saliera gay. En mi casa sólo se ve boxeo, los tres son adolescentes y yo ya no doy más, pasan del boxeo a la playstation esa, y ¿sabe lo que juegan ahí? un jueguito de boxeo. Yo ya no doy más. Mi sueño sería un hijo con el que poder ver juntos Canal Gourmet”. Mirta 42 años, Palermo.

 

“Mis seis hijos son heterosexuales, mi hermana tiene dos hijos homosexuales. ¡Dos! la pasa bárbaro, si usted viera: se divierten, bailan, escuchan música, se ríen, miran RuPaul, la travesti esa tan divertida. Mis seis hijos heterosexuales no me gustan, son… ¿cómo le digo? aburridos. Son todos iguales, los quiero eh, pero sí, a veces hasta me los confundo de tan aburridos. Mire, no le miento, entre el tercero y el cuarto la única diferencia es el color de tintura de la novia de turno, a veces tengo mirar primero a la piba para saber con qué hijo estoy hablando. Y bueno, a mi hermana me gustaría decirle que es una turra, que cómo puede ser que algunas tanto y otras tan poco”. María Rosa, 58 años, Burzaco.

 

“Por suerte, querido, mis dos hijos son homosexuales. No soportaría estar lidiando con dos catingas de nueras. Porque estoy segura de que con el pésimo gusto que tienen estos dos, si fuesen heterosexuales andarían con dos gatos cascoteados cagados a escobazos. Por lo menos así, mis dos yernos son entretenidos, podemos hablar de cocina, moda, perfumes, hombres… de todo. Los quiero. Aunque no tienen un peso ni dónde caerse muertos, los quiero. Son buenos muchachos. Así que bueno, para responderte sin rodeos, querido, te diría que cero, ninguno. Yo no aguantaría ningún hijo heterosexual. Además así, entre nosotros, tengo menos chances de terminar siendo abuela. No nací para eso.” Estefanía, 55 años. Cañitas.

 

“Solamente tengo un hijo, tiene 25 años de edad y es heterosexual, le gustan los deportes, las motos, el rock pesado; a mí me gusta la cumbia, mover el esqueleto, salir de gira. Es un embole este hijo que me tocó, jajaja. No. En serio, qué embole, la puta madre. Creo que uno. Uno debería ser el límite de hijos heterosexuales que uno debiera soportar, por el bien psicológico más que nada.” Luis, 48 años. Villa Crespo.

 

“Me llevé una gran decepción cuando mi hijo me dijo que no era gay. Yo ya tengo otras dos hijas, grandes, ya en pareja, así que toda mi esperanza estaba puesta en él, en Leandrito. Pero un día yo le empecé a hablar así toda con confianza sobre el hijo de mi vecina, ¡que si lo viera usted! ¡ay! qué buen mozo ese chico, no sabe cómo le arrastran el ala en el barrio, todos y todas comos loques por él… loques se dice ahora, ¿no? Bueno, la cuestión es que ese chico tan churro es gay, y entonces yo quería tenerlo de yerno ¿sabe? porque mis otros dos yernos ni fu ni fa, son medio tontolotes, pero éste no, a este lo iba a lucir con orgullo, si viera lo buen mozo, refinado, culto, blanco, puro. Hermoso. Y bueno, le empecé a hablar de este chico a Leandrito y se empezó a reír, me dijo que necesito deconstruirme más, que no porque usara delineador y se pintara las uñas quería decir que fuese gay, y ahí nomás me mostró en su celular una foto de su noviecita con la que anda saliendo… en fin, me agarró una gran decepción como se puede imaginar. Mónica, 58 años La Lucila.

 

“Caí en una depresión muy fuerte cuando me di cuenta de que nunca iba a experimentar lo que es ser padre de un chico LGBTQI en mi vida. Fue terrible, lo hablo en terapia con mi psicóloga y siento que no me entiende… la muy hija de puta tiene una hija lesbiana para enrostrarnos a los demás… no es justo. Se saca fotos en las marchas del orgullo juntas, todo. Jamás voy a vivir algo así, mi hijo de 16 me pide ir a la cancha, y a mí ni me gusta el fútbol. Ernesto, 41 años, Flores.

 

"No soy padre, pero si lo fuese y me saliera heterosexual lo doy en adopción, a Pepito Cibrián, a quien lo quiera. Yo ya tuve demasiado con mis padres, los dos heterosexuales. Nunca más." Sergio, 72 años. Munro.

 

El estudio de las dos prestigiosas universidades llegó a la conclusión de que no puede haber conclusión. Todos los padres y madres son diferentes, algunos son malos, otros quieren hijos gays. No podemos juzgarlos; pero podemos decir que todos los padres decepcionados de tener el 100% de sus hijos heteronormativamente heterosexualizados son los padres más dignos de Buenos Aires. Nuestro más sentido pésame a todos los padres y madres carentes de hijos no heterosexuales.

Publicado la semana 47. 24/11/2019
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