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Gonzalo J. Moreno

Objetos olvidados

A veces tengo la sensación de que estoy de más. De que sobro. No sé bien en dónde, no sé bien por qué, como dije, es una sensación.

El espacio que ocupo es mucho y está siendo malgastado… ¿sirve para algo que se ocupe espacio conmigo? ¿Sirvo para algo?

Soy uno de esos adornos viejos y antiguos que hay en las casas de las personas mayores que no se valen mucho por sí mismas. Nadie le presta mucha atención y de tanto tiempo de permanecer inmóvil y quieto ya pasa desapercibido. Acumulan polvo y telas de araña. El típico adornito que alguna vez fue lindo o simpático pero ya no, ya perdió el chiste. Ocupa espacio pero en realidad no molesta tanto… es más simple dejarlo estar ahí que sacarlo; muchas veces la existencia del propio objeto es olvidada por completo. Está y no está al mismo tiempo. Es la presencia de una ausencia.

Algunos incluso están desgastados, desmejorados, un poco rotos pero no demasiado; una taza con alguna rajadura, un florerito algo astillado, una figura con alguna parte caída.

¿Y si cada pequeña roturita de esos objetos es una señal que pasamos por alto? Como un saludo que no respondemos… un “Hola, estoy acá… ¡hace días, semanas, meses o incluso años que no me prestás atención pero estoy acá, eh!”

¿Cuándo dejan de pasar totalmente desapercibidos esos objetos? ¿Cuándo es que se decide tirarlos, eliminarlos, desecharlos? Bueno… cuando un buen día se rompen y dejan de tener hasta esa insulsa capacidad de ocupar espacio estáticamente. Un “crack” definitivo contra el suelo que hace abrir los ojos y hace recordar que ese objeto estaba ahí, desde hace mucho… cubierto de polvo, lastimado, olvidado, ignorado… pero ahí estaba.

La parte más triste no es que se haya roto y haya que “despedirlo”, la parte más triste es que mientras no estuvo roto nadie le prestó atención; y ahora ya es tarde… e igualmente, ¿ahora quién lo va a querer? La parte más triste es todo el tiempo que estuvo solo.

Es una sensación muy particular, por momentos se siente como ser invisible… como tener una capacidad increíblemente desarrollada para no importar; para no interesar y ser fácilmente pasado por alto.

Tal vez sólo deje de sentirme así cuando me termine de romper. Tal vez tengo que terminar de romperme.

Publicado la semana 45. 10/11/2019
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No ficción
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I
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