44
Gonzalo J. Moreno

Dejé mi vecindario azul

Dejé mi vecindario azul en busca de la alegría. No cualquier tipo de alegría, la genuina; esa que yo había sentido tan pocas veces en mi vida. Dejé ese lugar porque todas las mañanas cuando me despertaba sentía una sensación de asfixia; me golpeaba con fuerza la imposibilidad de respirar en mi cama, empezaba el día agotado y cansado, sin importar cuántas horas le dedicara al sueño. 

Entendí que no era sueño, que lo que en verdad me estaba pasando era que no estaba descansando bien. Cada vez rendía menos en mis escasas actividades; estaba exhausto todo el tiempo. Pero eso no era lo peor; lo peor era la tristeza que me invadía desde que me despertaba hasta que me iba a acostar. Por eso dejé mi vecinadrio azul. Porque mi cuerpo dijo basta. Había alcanzado un punto máximo de opresión tolerable y me estaba diciendo que así ya no podíamos seguir. 

Me fui entonces a ese lugar mágico y lleno de colores que explotaba en fiesta una vez al año. Me llevaron de la mano y me guiaron. Me acompañaron en muchas cuadras de marcha festiva, amor y todo ese color que yo nunca había tenido. Usé anteojos de sol y no importó, no había forma de que toda esa maravilla pop no se filtrase por los poros. El amor siempre encuentra una manera. Era inutil intentar cerrarse o permanecer inmune a esa gran fiesta contagiosa. Fue una aventura como nunca antes tuve. Y en esos momentos en que la transpiración y la molestia me hacían sacarme los anteojos o ponerlos a descansar en mi frente sudada, el color se intensificaba hasta límites que en cualquier otro momento hubiese creído imposibles. 

Todo el oxígeno que faltaba en mi vecindario azul estaba ahí, todo junto, libre y disponible, invitando a todos a bocanadas de libertad y amor.

Publicado la semana 44. 03/11/2019
Etiquetas
Troye Sivan , Amor, libertad, Vecindario azul, Colores, Marcha
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
44
Ranking
1 29 0