32
Gonzalo J. Moreno

Cuando te cruzás con ex-chapes

Todos tenemos ex chapes. No llegan a ser ex parejas, ni ex novios/as ni amantes, ni nada parecido… son simplemente ex chapes.

TODOS los tenemos. Personas que se metieron en nuestras vidas en un momento determinado para cumplir con la única misión de chaparnos y de ser chapados por nosotros. Y así como todos tenemos a estas personas en nuestro haber, también hay que decir que todos somos el ex chape de por lo menos una persona… de muchísimas y casi incontables personas en algunos casos. Los ex chapes son microrelatos de amor en el tiempo… y son mágicos, porque aunque sean muy breves tienen algo especial que hace que los podamos recordar a la perfección.

Hay una pequeñísima distinción para saber si hablamos de un chape o de otra cosa: El ex chape es ese que llegaste a conocer, aunque sea mínimamente. No es una persona que te metió lengua en un boliche o un bar y de quien nunca llegaste a saber ni su nombre, su signo, su color de pelo real o su género. El ex chape estuvo con vos el tiempo suficiente para que puedas recordarlo por lo menos con nombre de pila, y de quien pudiste aprender algunas cosas, algunos de sus gustos, intereses, pasiones, hábitos… no es tan complejo, estas cosas pueden aprenderse sobre alguien en el transcurso de una o dos noches.

¿Por qué me pongo a filosofar sobre esto? Bueh, ayer iba caminando muy tranquilamente por Avenida Libertador, volvía del Barrio Chino, y como soy un freak deforme que ama caminar por demás, volví a pie hasta casa (unos 7.5 kilómetros según me avisa Google Maps por cucaracha). En un momento me cruzo con esta persona a quien defino (claramente) como Ex chape. Me bastó dirigirle una mirada rápida y hacerle un escaneo veloz de arriba a abajo para llegar a la conclusión de que “¡Pucha! ¡Cómo cambia la gente!”

A penas una cruzada en Avenida Libertador para darme cuenta lo cambiada que está esta persona. Cuando nos conocimos me gustó por su carácter volátil y despreocupado ante casi todo en la vida. No era una persona dejada o desinteresada… pero se tomaba todo con una calma envidiable. Sabía moverse con cintura y adaptarse bien a las situaciones que se le iban presentando. Lo que más me gustó fue su forma hiper relajada de ser… esa autenticidad que pocos tienen, esa cosa de poder decir “soy esto que ves, no hay más, no hay menos… soy esto y me alcanza con ser esto” y de poder decirlo no con palabras sino con gestos, con formas de ser, pensar, actuar y vivir.

Ayer cuando te vi no pude evitar ponerme un toque triste, porque incluso tu andar cambió. Donde antes había un paso lento, torpe y desprolijo que te daba una frescura inmediata por donde fueses ahora vi una persona pendiente de pensar cada paso antes de darlo, preocupado en que el pie derecho avance en sincronicidad absoluta con el movimiento del izquierdo, y que entre ambos se forme un andar elegante, fino y altanero. ¿Está mal eso? Nah, obvio que no… ¡que cada quien camine por la vida como quiera! A mí en particular me generó un poco de melancolía porque conocí otra faceta tuya, esa faceta que te permitía ir crotamente por la vida y que no te importara nada, la desprolijidad cuando nace del alma y es pura y no es sólo una postura, es hermosa… y es mil veces más elegante que cualquier ritmo y caminar que puedas entrenar, practicar o autoimponerte.

Inmediatamente pensé que te atacó ese virus que Alexis Moyano define en uno de sus chistes como “Virus de la pasarela”… ¿Está mal esto? ¡Que no! ¡basta de preguntar! no está mal ni está bien, ¡que cada quien camine como quiera por la vida! Estoy contando lo que me pasó cuando vi a esta persona. Calmate.

En conclusión, que las personas cambian… y mucho. Dejás de ver a alguien un par de años y después la vida se encarga de cruzarlos otra vez y ahí te das cuenta de que esa persona ya no es la misma… porque el tiempo nos cambia a todos, y eso está buenísimo. Pero como dije, me puso un toque triste porque extrañé tu crotez rockera con la que te conocí, con la que nos pudimos tirar una madrugada en un balcón a escuchar en loop música jazz tomando birra y hablando huevadas disfrazadas de cosas importantes (¿o eran cosas importantes disfrazadas de huevadas? Tal vez ambas).

Así como eso me puso triste (aclaro que fue algo momentáneo, ya estoy bien, gracias por la preocupación), me pone super contento saber que estás bien, en pareja, viviendo tu vida, y siendo quien sos (que seguro es alguien muy copante) y caminando con tu virus de la pasarela sin que te importe lo que nadie diga… y que en definitiva es también lo que me permite escribir esta huevada, saber que no te importaría ni aún leyéndolo. En otra época te hubiese etiquetado en esta nota, pero el tiempo me cambió a mi también.

Publicado la semana 32. 11/08/2019
Etiquetas
Ex-chapes, Chapes, Reencuentro
Compartir Facebook Twitter
Género
No ficción
Año
I
Semana
32
Ranking
0 42 0