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Gonzalo J. Moreno

Esos jóvenes dinosaurios

Se hace difícil leer y escuchar de forma constante sus pensamientos. Esos pensamientos alejados de la actualidad, desfasados espaciotemporalmente pero arraigados en sus cerebros fósiles.

Los jóvenes dinosaurios es el término con el que me gusta llamar a esas personas que teniendo una corta edad de vida, se manejan con una forma de pensar digna de la era mesozoica.
En su momento, mi abuela también ha tenido sus comentarios degradantes para con distintos sectores de la sociedad, pero de alguna forma yo siempre la justificaba pensando en que fue criada en otro tiempo, en otra época, con otros valores, con otra realidad. No todas las personas mayores logran hacer ese pasaje de época dignamente, a veces se complica, a veces lo nuevo puede asustar tanto que la única forma de verlo es con ojos de rechazo. Instalar un nuevo software en un hardware tan antiguo puede ser una tarea realmente difícil. Algunos mayores por suerte lo logran, y seguro que viven más felices, los otros deambulan en un presente que les es ajeno, siguen pensando con ese software antiguo y obsoleto.

Los jóvenes dinosaurios me desconciertan y me producen una suerte de tristeza y desaliento muy particular: a mi abuela (y a su generación) la puedo entender por la época en la que fue criada; pero a ellos no. Es que mientras más avanzamos en la línea de tiempo más apertura mental deberíamos tener. La Historia avanza y nosotros en ella, como pasajeros en un tren sin terminal. ¿Cómo con todas las herramientas que hay a nuestro alcance para investigar y formar una opinión con criterio sigue habiendo tantos jóvenes dinosaurios que sin culpa ni remordimiento alguno, escriben desde la comodidad de sus hogares cuanta barbaridad se les cruza por la cabeza? Los jóvenes dinosaurios se criaron en una época en la que muchísimas cosas ya estaban aceptadas socialmente. La crianza que tuvo mi abuela no es la de ninguno de ellos, los tabúes, los usos y las costumbres cambiaron y se flexibilizaron de forma asombrosa; pero de alguna forma, estos jóvenes lograron encapsularse y mantenerse impermeables a la variedad y a la diversidad que ofrece la vida en todos sus ámbitos. Escriben desde sus notebooks cosas que deberían estar talladas en piedra. Tienen toda una vida por delante, pero se auto-privan de una cantidad gigantesca de vivencias y experiencias sólo por ampararse en la comodidad que les brinda su zona de confort: una zona gris sin nada nuevo ni extraño, con todo ya previamente establecido y con las reglas automatizadas a más no poder. Les gusta jugar siempre al mismo juego y con las mismas piezas gastadas.

La marcha de “Ni una menos” sirve también para eso, para que todos podamos leer en nuestros muros de Facebook, Twitter y tantas otras redes sociales algún “amigo/contacto/seguidor” despotricando con frases totalmente desafortunadas: “¿Para cuando el Ni uno menos?” “¿Feminismo? se quejan del machismo pero hacen lo mismo” “¿Por qué creen que las mujeres son mejores que los hombres?” Etc etc. Cada una de estas frases y opiniones caen por su propio peso dinosaurio, como las caretas de quienes las expresan... Cuántas caretas vi caer en estos últimos días de personas a quienes creía respetar. Cuánta tristeza y obsolescencia mental derrochan impunemente por doquier los jóvenes dinosaurios.

La batalla que libramos es diaria, es imperceptible la mayoría del tiempo, pero siempre está activa. Es una batalla que desatamos con nosotros mismos, en pos de mantenernos abiertos y vulnerables a nuevas cosas; porque ya se sabe, ser vulnerable no siempre es algo malo. Nuevas personas, nuevas formas de pensar, de ver el mundo, nuevas realidades mas allá de lo que conocemos, nuevos horizontes que no por diferentes son malos, peores ni mejores. Mantenernos abiertos y permitirnos la empatía genuina con el otro, sin importar las nimiedades que tanto perturban y enfurecen a los jóvenes dinosaurios: raza, edad, físico, orientación sexual, nacionalidad, afecciones, condición socioeconómica. La batalla siempre está, tenemos las armas más nobles para defendernos, depende de nosotros ser dignos pasajeros en la Historia. Depende de nosotros no dejarnos involucionar.

Publicado la semana 31. 04/08/2019
Etiquetas
Ni una menos, Dinosaurios
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No ficción
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