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Gonzalo J. Moreno

Oda a tu culo

Que no te avergüence portarlo, que no te intimide mostrarlo; que no tengas pruritos en exhibirlo al mundo hace de vos una buena persona. Compartís y exportás visualmente algo que brinda felicidad y envidia en partes iguales.

Tu culo provoca salivación. Tu culo produce lo que la sal sobre un caracol. Baba. Tu culo despierta a la mañana, despierta suspiros y pasiones controladas de transportes públicos matutinos. En el tren sobran anhelos, levitan en forma de deseos clandestinos, prohibidos, enclosetados. Me pregunto qué pasa con tus nalgas cuando viajan en hora pico. Imagino manos inquietas; y otras partes corporales igualmente nerviosas. Sudorosas.

Tu caminar es un show gratuito que no acepta monedas en gorras ni estuches de guitarra. Das tu arte sin especulación económica. O tal vez sí, pero al menos no a corto plazo. Generosidad y solidaridad expresadas en carne. Un corte de carne magra, privativo, que las amas de casa ven en el mostrador de la carnicería, con más ganas en sus cuerpos que dinero en sus carteras gastadas. Con más ansias en sus cacerolas que productos en sus bolsas sucias de hacer las compras.

Y ese día clave, ese día que endulzaste mis ojos y mi alma que creí que no tenía. Desfilaste por el pasillo del vagón del tren Mitre como si estuvieses en Project Runway: culo del mundo edition. Las miradas de todos los pasajeros se posaron en vos; en tu forma de caminar, en tu manera algo desfachatada de mover tu torso y en tu jean azul eléctrico con detalles de roturas leves, exigido a más no poder. exigido hasta querer rasgarse en llanto. Ese pantalón que no dejaba el más mínimo recoveco a la imaginación. Un jean que invitaba con negativa sutileza a que lo acaricien y lo lean, como escrito en braille. Arrancarse con felicidad los ojos para poder leerlo con las manos sin caer en la falta de respeto.

¿Sentís acaso las miradas en tus glúteos? ¿O tal vez de tan observados perdieron todo rastro de sensibilidad?

Ese culo Pentágono; más duro que la realidad, imposible de penetrar por quien no tenga la llave electrónica, la contraseña de 8 dígitos con mayúsculas, minúsculas y al menos un caracter especial, el patrón de desbloqueo, la clave PIN, el PAN, el PUK. Un culo que sabe cosas,  que conoce secretos; habla idiomas y cata los más exóticos manjares de todos los puntos del conurbano bonaerense. Ese culo rompe ratings, rankings, Tinders y Grindrs con sólo una selfie. Una selfie descarada que ni precisa filtro. Embellecimiento facial o nalgal rechazados por innecesarios.

No me disculpo, no es exceso ni falta de respeto. Es falta de cordura en todo caso. Es oda a tu culo perfecto que no necesita adjetivo y aun así me empuja a usarlo: Perfecto. Es admiración profunda con apenas unas notas de (in)sana envidia. Portás arma de destrucción masiva y no la explotás. Es potencial esperando ser liberado de esos chupines carcelarios que lo exhiben como zoológico a león de famélica hambruna. Es jalea premium de primera marca comprada con oportuno descuento tentador.

Que no te de vergüenza mostrarlo; al momento del reparto de talentos te diste vuelta y te fue otorgada esa nave espacial inmune a la gravedad. Es imán a las miradas lascivas, que no discrimina sexo, género, orientación sexual, franja etaria, socioeconómica, política ni religiosa. Es obra de arte universal que rompe lenguaje y pide lengua. Es empoderamiento en forma de manzana deliciosa que pone en jaque a cualquier ajedrecista por más eximio que sea.

Que no te apene portarlo; llevalo con orgullo y con la certeza absoluta de que a donde sea que vayas avanzás sobre una alfombra de silenciosos y respetuosos aplausos.

 

Publicado la semana 24. 13/06/2019
Etiquetas
Culo, Nalgas, oda, cola, glúteos
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Género
No ficción
Año
I
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