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Gonzalo J. Moreno

La mirada hater sobre el final de GOT

De golpe las redes sociales se llenan de fanáticos ardidos que juntan firmas para que se rehaga una serie porque no les gusta cómo la están llevando a cabo. Esto, que en otra época no muy lejana en el pasado habría resultado inverosímil, sólo puede concebirse en el contexto de la era del consumo masivo audiovisual en que vivimos.

Fanáticos devenidos en haters de redes sociales que no esperan ni a que termine el episodio que se está emitiendo en vivo para empezar a despotricar a diestra y siniestra sobre cómo todo lo que están viendo está, básicamente, mal.

Este fanatismo desmedido es el que llevó a muchos televidentes de Game of Thrones a caer en el lugar común del “yo lo podría haber escrito mejor”, “a mí se me ocurrió este final mucho mejor”, “esto tendría que haber terminado de ESTA otra forma”; ese lugar odioso por demás que durante décadas fue ocupado casi de forma exclusiva por los hinchas de equipos de fútbol que a los gritos critican con el dedito alzado en señal de prepotencia “Este es un muerto, ¿¡cómo lo va a poner en la defensa!? Tendría que haber puesto a este otro”. Y ni hablar de lo que sucede cada cuatro años durante el Mundial de fútbol, cuando TODOS/AS se transforman como por arte de magia en directores técnicos poseedores de un saber superior que no tiene la persona que en efecto está cumpliendo con ese rol. Todos saben cómo armar un mejor equipo, una mejor selección, incluso de países extranjeros.

La línea puede ser delgada, pero está ahí. No es esto una alabanza o una invitación al consumo pasivo o al volverse un consumidor incapaz de elaborar una crítica pensante de la pieza consumida en cuestión. Todos podemos ser DTs de la selección y críticos de cine, todos lo hacemos ad honorem todo el tiempo. La diferencia que expresa esa línea sutil entre el consumidor crítico que forma una opinión (de signo positivo o negativo, claro está) sobre una serie, una película, un libro o una grande de muzzarella y el hater es la mirada con la que se predispone a ver; mirada con la que se construye el juicio de valor.

Meterse a las redes sociales y buscar el hashtag de GOT es una puerta de entrada (portón enorme, en verdad) a un montón de ¿Fhaters? (fanáticos haters) que aun antes de empezar a sonar la intro del último capítulo ya tenían una idea preconcebida nublándoles la vista, “esta temporada es una mierda”, “nada de lo que hagan puede reflotar la temporada”, “el final que me van a dar no es el que yo quiero”. Y detrás de eso uno puede imaginar un montón de anónimos sin rostros pataleando y de brazos cruzados, como haciendo puchero porque lo que está pasando en la pantalla no es un reflejo especular de lo que ellos quieren. Bien, muchachos/as, sepan que la única forma de salir de un punto de partida y llegar al punto final con TODOS los personajes y todos los arcos narrativos ajustándose a sus cánones de valoración subjetiva es escribiendo ustedes mismos la serie.

Lo triste en todo esto es en cierta forma la pérdida del disfrute en la serie. Que es viaje audiovisual. Que es subirse a un Uber narrativo y dejarse pasear por paisajes y mundos ideados para el goce y la contemplación. Parte del encanto es lo inesperado, y eso es algo que los haters no entienden. Parte de la magia es que nos sorprendan con un giro no esperado aun cuando en las mismas redes había teorías, especulaciones y adivinaciones para tirar al techo. Eso es un valor que no perciben, porque algo en ellos los hace preferir quedarse estancados en la disconformidad pasiva que en el mayor de los casos los lleva a firmar una petición absurda y virtual. La actitud es casi infantil, es un “o me das ahora exactamente lo que quiero o me enojo con vos y trato de CAMBIARTE”. Una actitud de creer que por fan se sabe más y mejor que los propios hacedores. Que por fan se porta una verdad dogmática incuestionable que hace que esté MAL que un personaje muera en un derrumbe en vez de morir prendido fuego por un dragón. Ambas muertes aportan cosas, distintas, valiosas. Es puro contenido. Decir que lo que se acaba de ver está mal porque había otras cosas para inventar y contar es absurdo. Es criticar lo que no existe. Es sostener que ese desenlace es erróneo sólo porque se le ocurrió en el living de su casa uno que le gusta más.

La ola Fhater se movió de criticar negativamente y de forma odiosa la pura forma sin tener en cuenta el contenido (en el capítulo 3 de la última temporada de GOT sólo pareció hablarse y enojarse porque el capitulo se vio más oscuro de lo que esperaban; lo que les impidió ver que desde lo narrativo el capítulo ofrecía un disfrute altísimo de arcos narrativos que después de años confluían en una batalla épica) a la inversa absoluta: protestar por el puro contenido sin ver las formas (en el capítulo 5 sólo pareció hablarse de “lo mal que estaba escrito” o cómo determinados finales de ciertos personajes no eran lo suficientemente fuertes o impactantes, todos esgrimiendo sus propias ideas de cómo tendría que haber muerto tal personaje y cómo tendría que haber terminado la suerte de tal otro; y ninguno de estos haters se fijó, en términos generales, de cómo este episodio era visualmente impactante). Siempre, de un lado o de otro va a haber algo que no les guste, y ese algo va a prevalecer por sobre todo lo demás. Son haters.

Y de vuelta, la aclaración más que necesaria de que no se propone un consumo pasivo y acrítico (que es de hecho un consumo cercano al del hater) sino más bien un consumo con goce, que además de criticar lo criticable (lo que se quiera criticar) permita disfrutar el viaje que alguien generoso escribe, filma, produce, edita, dirige y crea para nosotros. La crítica que logre traspasar el mero “no me gustó” o el “no me divirtió”, construidos con desgano y amargura desde una mirada cansada a mitad de temporada, con ganas de bajarse del viaje y con un odio recalcitrante que no se explica (ni en forma general ni por ellos mismos). Son críticas y sensaciones que parecen escritas por adelantado, como si no necesitaran pensar o analizar lo que ven, lo vomitan sobre sus muros a velocidad de millennial agobiado por sus contextos. ¿Nos tiene que gustar siempre TODO lo que nos den solo porque somos fans? No. ¿Tenemos que centrarnos en forma exclusiva en lo que NO nos gusta y dejarnos consumir por eso dejando de lado TODO lo demás? No, tampoco. Es un punto medio en que conviva el fanatismo con el dejarse sorprender por decisiones tal vez opuestas a lo que ese mismo fanatismo anhela.

Estoy convencido de que quienes no nos amparamos bajo el techito de chapa frágil hater del disconformismo absurdo disfrutamos mucho más el final de GOT. Lo vivimos con pasión, nos enojamos, nos reímos, nos sorprendimos. Y todo esto criticando a cada paso, “a consciencia”, decisiones formales y de contenido, de toda índole. Agradecidos de un viaje espectacular. Con una mirada de mente abierta, celebratoria. Siempre con mirada gozosa, nunca con mirada hater.

Publicado la semana 21. 20/05/2019
Etiquetas
Game of thrones, GOT, Haters
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Género
No ficción
Año
I
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