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Gonzalo J. Moreno

Alguien se fue

A veces por la noche inhalo muy profundo y muere una estrella. Allá, bien lejos. Al norte de donde sea que esté yo. Una menos en el cielo. Una lamparita quemada en un infinito árbol de navidad que ni nota su constante fallecer.

A veces en medio de la madrugada tipeo con fuerza. Golpeo con las yemas de mis dedos las teclas de una notebook vieja y cubierta de polvo en sus recovecos. La tecla “A” es la más gastada, abusada, apretada. La más amada.

Algunas noches siento un ruido que viene del pasillo de casa, pero cuando me acerco a la puerta para ver quién es no hay nadie. Ya no. Se fue.

Algunos días me quedo sin energía y me toca cocinarme para poder seguir. Pero no tengo ganas, y entonces me veo envuelto en un círculo vicioso que también es virtuoso. Y me veo desde afuera, y es casi como verme en el espejo del baño, o en la cámara frontal del celular cuando intento sacar una selfie digna.

Otras veces me despierto porque me falta el aire en donde estoy. Y ahora, ahí, despierto, en ese mismo lugar y con la misma cantidad de aire, me siento mejor. Y pienso que eso no tiene sentido. Pero así son las cosas, me digo.

Muchas veces pienso en todo lo que me gustaría hacer si tuviese ganas. En todos los que me gustaría ser si pudiese volver a nacer y en todas las personas que no conozco y quisiera conocer.

Si miro alrededor y no veo a nadie me tranquilizo. Sé que quienes estén cerca van a mirar sin verme. Van a poder seguir sin pesarles yo en el cuerpo.

A veces en verano le pido perdón a las cucarachas antes de aplastarlas con mi pie. Y es absurdo pero me da paz. Y siento que no está tan mal. Perdón.

Algunos inviernos uso guantes. Otros no. Y no soy yo el que lo decide, es el viento y su estado de ánimo. Es la fuerza con que elige golpearme o el cariño con que decide acariciarme.

Cuántas veces en medio de la madrugada pienso en alcohol y no lo tengo, pienso en amor y está lejos, pienso en mi vida y no empezó. Y entonces me acerco a la puerta del pasillo y no hay nadie. Y miro a través del mosquitero. Al cielo, encapotado en melancolía. Inhalo muy profundo y se apaga otra luz. Otra más; otra menos. Alguien se fue.

Publicado la semana 20. 16/05/2019
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