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Gonzalo J. Moreno

Soy alcohólico

Soy alcohólico. La paso muy mal en diciembre y en enero. A veces cuando reflexiono sobre esto me parece irónico, es como si tuviese problemas con los inicios y con los finales, con las puntas, con los extremos. Durante los diez meses restantes del año la piloteo bastante bien, no es que esté exento de sufrir alguna recaída eventual, pero no es más que eso, una recaída eventual; y como tal, superable. Es algo que los adictos tenemos más que asumido: no importa qué tan fuerte caigamos, lo importante es volver a levantarse, las veces que sean necesarias. Nos lo repiten hasta el cansancio en cada centro y en cada reunión de alcohólicos y adictos, nos lo meten a la fuerza en una parte tan profunda del cerebro que sin que nos demos cuenta se transforma en una suerte de mantra personal/colectivo que no podemos rechazar.

Diciembre me cuesta. Mucho. De repente un día estoy comprando una gaseosa y sin previo aviso en una góndola improvisada del supermercado aparecen un montón de botellas de sidras y ananá fizz, clericó, fresitas y varios parientes de la familia Fizz, que tanto amo y extraño durante el año. Me cuesta mucho. Más que con la cerveza, el vino, el vodka o incluso el fernet. Creo que es por el efecto sorpresa de ver de repente y sin previo aviso a los Fizz de visita en mi barrio. ¿Ya? ¿Tan pronto? ¿Ya llegaron? ¿Sin mandar un mensajito antes, nada? Y sí, ya llegaron; es diciembre. La gente "normal" (no alcohólica, perdón) tiene permitido saludarlos afectuosamente, besarlos y hasta invitarlos a sus casas a pasar las fiestas sin ningún tipo de culpa, pero cuando uno es un borracho empedernido se complica. Nos tenemos que auto recordar que por más amables e inocentes que parezcan, los Fizz son una familia que deberíamos evitar, como a ese ex compañero de la secundaria que vemos venir media cuadra adelante y para evitarlo cruzamos a la vereda de enfrente. A los Fizz tenemos que esquivarlos, por más espirituosos y glamorosos que parezcan. Nos representan una relación tóxica.

Enero también me cuesta. Mucho. En diciembre el shock es fuerte al ver la llegada de los Fizz todos remil preparados para saludarme a cada paso que dé y en cada negocio en el que entre, me los encuentro en supermercados, hipermercados, minimercados, kioskos, almacenes y hasta verdulerías. Pero enero es distinto. Enero es peor, porque se juntan las ganas irrefrenables del desgano de comenzar un nuevo e insoportable año de exasperante rutina con lo que llamo “OFERTAS DE MESA DULCE SOBRANTE” de los supermercados. En enero se da este particular fenómeno, en el que encontramos todas las confituras y bebidas Fizz a menos de la mitad de precio de lo que costaban a penas un día atrás, el 31 de diciembre. Y es lógico, se lo tienen que sacar de encima; pan dulces, turrones, confituras varias, y obviamente, todos los miembros de la familia Fizz, que a esta altura ya están armando los bolsos y chequeando sus pasajes en Despegar.com para irse a quién sabe dónde. Se toman unas vacaciones inversas que duran hasta el próximo diciembre. Este es un circulo vicioso eterno, de nunca acabar. Una botella de sidra de marca dudosa que se vuelve a llenar sola, como por arte de magia. 

Enero es difícil porque todo eso que me representaba una alcohólica tentación en diciembre ahora me representa una alcohólica tentación con descuento. ¿Y cómo se hace para resistir? Soy alcohólico, lo repito porque lo dije hace bastante y tal vez lo olvidaron. Me parece una falta de respeto que los negocios nos hagan esas ofertas escandalosas... ¡los borrachos la pasamos mal en enero! Nos tentamos el doble. Tenemos el doble de posibilidades de recaer, y todo por culpa de los supermercados que tienen que sacarse de encima un montón de mercadería sobrante que durante el resto del año sencillamente no se vende.

Yo ya encontré mi forma de resistir a la tentación, y aunque no es la más óptima voy a compartirla con ustedes, porque tal vez a alguien más le sirva. La implementé el año pasado y me sirvió. Durante diciembre y enero no voy a hacer compras a ningún negocio en donde me pueda encontrar algún Fizz. Ahorro mucho  para hacer una compra monumental a principios de noviembre… que no es una compra mensual, ni bimestral, sino trimestral… durante estos meses me nutro estrictamente a base de alimentos no perecederos y enlatados. Me consume el aguinaldo y gran parte de lo que antes destinaba a hacer algún viajecito en las vacaciones, pero lo vale.

Muchas personas me preguntan si estoy loco. Puede ser… puede ser que el alcoholismo me haya llevado a la locura quemándome y consumiendo neuronas en el eterno olvido, incluso puede que sea ambas cosas, loco y alcohólico…  pero si me preguntan a mí simplemente soy una persona a la que le cuesta mucho diciembre y enero.

Publicado la semana 2. 09/01/2019
Etiquetas
Ananá Fizz "Señorío de ondas" y similares , Diciembre-enero , alcoholismo, Ananá Fizz, Sidra, Clericó, Fresita
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