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Gonzalo J. Moreno

Todavía no es Navidad y yo ya quiero probar tu pan dulce

Todavía no es Navidad y yo ya quiero probar tu pan dulce. No es de goloso ni de depravado; en el mejor de los casos, la etiqueta que con más gracia luciría es la de morboso.

Y no, el morbo no pasa precisamente por tus turgentes nalgas, que valga la aclaración: son perfectas y firmes como las de una estatua griega, desnudita y regalada en salón museístico. Mi morbo es la Navidad y todo lo que la constituye.

 

Todo lo relacionado con esta festividad despierta en mí un costado salvaje que hace cada año sonrojar al bebé Jesús del desgastado pesebre de la casa de mis padres.

En más de una ocasión me he sentido observado por sus inmóviles ojos color del cielo. Y esa observación venía cada una de esas veces con un dejo muy fuerte de prejuicio y desapruebo. Todo eso me calentaba tanto que terminaba envuelto en una especie de círculo vicioso sin principio ni fin del que no podía (ni quería) escapar.

 

Cada vez que invitaba a algún chonguito del Grindr para hacer cosas frente a esas figuras religiosas en casa de mis padres, no podía evitar observarlas. Cosas físicas que ninguno de esos muñecos de cera hizo jamás en cientos de años. Tenía sexo sin conexión con esos pibes sin nombre, pero altamente conectado con el bebé Jesús, con María, con los Reyes Magos y hasta con las ovejitas pastoras.

 

Todo esto fue creciendo hasta llegar al punto de pedirle a uno de estos chonguitos que me hiciese el amor de espaldas mientras yo comía un Mantecol medio derretido por el calor que atraviesa las fiestas en Buenos Aires. Al principio el pibe me miró extrañado y luego se rió, como creyendo que se trataba solo de un chiste. Pero de chiste nada: yo ya estaba abriendo el Mantecol, totalmente erectado y ansioso por experimentar esta nueva mezcla de sensaciones de la que ninguna publicidad navideña jamás habla.

 

De a poco fui incorporando elementos navideños al juego sexual, siempre con chicos sin nombre sacados de Grindr. Todos y cada uno me duraban solo un round, y luego, religiosamente, me bloqueaban de WhatsApp y jamás volvía a verlos.

 

El Mantecol fue solo el principio. A mediados del pasado diciembre le pedí a un pibe que utilizáramos un pan dulce con frutas abrillantadas y un pionono con dulce de leche como fleshlights para masturbarnos, a otro lo convencí de lo surrealmente sensual que podía ser utilizar salsa de vitel toné como lubricante, y a un señor bastante mayor y bien predispuesto que me había mentido con su edad y su foto de perfil, le exigí que si quería tener sexo tendría que aceptar utilizar una botella de sidra Señorío de Ondas (contenido y envase) de diversas maneras en la cama. Obviamente aceptó (no estaba en condiciones de ponerse en exquisito). Lo cierto es que el daddy fue más que creativo con la botella y la pasamos muy bien… al menos yo.

 

Mi psicólogo me dijo en la última sesión que lo que me sucede con la Navidad no es grave per se, pero que podría llegar a serlo si se acentúa con el paso del tiempo. Me explicó que es una parafilia poco frecuente, pero que no tiene nada de nagativo... o sea, que cada uno viva su sexualidad como quiera, y si en mi caso me excito mucho particularmente de diciembre a enero, que aprovechase. Obviamente se sintió un poco asustado cuando le relaté el episodio del bendito Mantecol… “a eso exactamente me refiero con que se acentúe con el pasar del tiempo” me dijo. Y en ese momento agradecí no haberle contado en detalle las tantas otras veces en que mi parafilia me había arrastrado a valerme de guirnaldas, lucecitas navideñas, turrones y hasta un pequeño arbolito navideño sintético para encender mis fantasías sexuales con estos NN pasajeros.

Aún así, el psicólogo concluyó alertándome de la existente posibilidad de que en un futuro no muy lejano solo pudiese tener sexo en épocas festivas o con algún tipo de recreación forzada ("poniendo de fondo las canciones navideñas de Mariah Carey o de Bublé", dijo textualmente).

 

Sinceramente, no creo que me vaya a suceder eso. Principalmente porque mi morbo con la Navidad no podría ser falsamente recreado, hay algo de ese espíritu que lo inunda todo: las veredas, la calle, los negocios, los supermercados, la TV, las redes sociales... sería imposible intentar recrear eso en otra época del año. Ese halo de festividad se me mete mágicamente por el cuerpo y me pone más caliente que cura en guardería.

Pero además porque durante el resto del año también chongueo en Grindr, me encuentro con algunos pibes, la paso bien. Pero sí es cierto que en esta época del año en particular me pongo hecho un fuego.
Me pongo bien a tono con la temperatura de nuestra candente e insufrible Navidad porteña.

Publicado la semana 100. 29/11/2020
Etiquetas
Navidad, Sexo, Sidra, LGBTQI, Mantecol, Fiestas, Diciembre, Pesebre, Parafilia
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