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FJ

Lenteja

Vengo del cántaro roto de la fuente feliz. Tengo la certeza de que no permanezco, pero aprieto cuando abrazo. Vivo sin carga, sabiéndome nómada adorador de faraonas. Camino con paso siempre cambiado, anonadado, que siempre vuelve para acurrucar espíritus, que siempre está, ni se le espera. Soy admirante de cualquier barquita que lo merezca. Guardo el tanto de todos, prestando el todo de mis entrañas. Esquivo el golpe bajero del pesimismo y la ruindad. Sufro, rio, lloro, desgarrador y vivo, a plena luz, con el corazón siempre en vanguardia, por si las caricias, sin importar las flechas. Hablo y no callo, con una mirada pícara a cambio. Aferro el segundo que vivo como si las consecuencias no dictaran reglas, como si lo establecido me persiguiera indeciso. Manoseo lo convencional para hacerlo bola de mil detritos. Reverencio lo irreverente con fervor laico y lírico. Avanzo sin marcar camino para que nunca me siga la pena. Paro por quien me arrulla, porque la emoción pinta mi mapa.

Vivo, solo eso, haciendo que valga la pena, y que a la noche la muerte de capa blanca y pluma me cuente el cuento de las perdices que vuelan.

Publicado la semana 45. 05/11/2019
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Relato
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I
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45
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