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FJ

Cuatro Estaciones

El otoño es solo un réquiem bio. La primavera solo el suelo de algún pintor. Incluso el verano es un caramelo de café pegajoso. El majestuoso invierno solo un Yeti torpe en el escondite.

Vivaldi solo un veneciano borracho con nombre de payaso. Alegría, el nombre cursi de una niña anodina de raya en medio. La felicidad solo es una canción añosa que molesta de fondo. El amor es un travesti trasnochado. La vida, entera, es una conversación de ascensor hasta el octavo. Tan incómoda, tan forzada, tan insustancial.

Todo me perturba y nada me apacigua. Soy un Baudelaire sin talento, un Joe Black desfigurado. Soy la ley de Murphy. La última mandarina, la que siempre amarga. La antimateria, la energía destruida. Una antena sin orientar, la pantalla azul de Windows, Mr Wonderful pesimista, una copia china de la carne de pescuezo, el heraldo de la desgracia.

Y, de pronto, tú, como avenida con semáforos en verde, como pase en lista sin esperas, como sonrisa de niño pícaro, como Aloe para la urticaria, apareces, y Vivaldi toca el violín en tacones mientras el otoño me despereza con agua y limo.

Publicado la semana 41. 10/10/2019
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