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FJ

Madame Bovary

Llueve. Y cumplo condena. Llueve y no encuentro un sentimiento limpio que aclare mi pena. Llueve angustia sobre este gris bosque de hoscos caminos. Llueve tan fuerte que lacera mi piel joven pero cansada. Soy inerte, soy inmóvil mientras la vida caracolea sinuosa y extrovertida. Todo es obsceno a mi alrededor porque fluye y varía en modo alguno, inconstante o periódico. Todo es barro por esta lluvia plomiza que enmohece mi tiempo, oscurece mis pupilas, desinfecta mis ruindades. Todo es insípido, previsible como la lluvia que cala mi ánimo. Procuro beberla para hallar sentido existencial, pero no manifiesta nada, solo continúa su llover inmutable; tan desconsiderada como insensible. Caen tantas gotas, en secuencia vacía, en un código moral que me estrangula y no comparto. No consigo descifrarlo, no asumo la ética que intenta inculcarme. Solo me confortaría romperlo, cambiar la secuencia de ese código, mutar sus líneas en otras más intensas, lúdicas, sin opresiones ni angosturas. Pero me dejo llevar por el ritmo de esta lluvia que arrastra sedimentos lúgubres, oscuros, conductuales.

Llueve. Y sobre mí esta condena de seguir otros pasos, de ahogarme en mi vida que es río sin rabioso caudal, sin metros de profundidad que se embravezcan en pérfidos requiebros dibujados por un cauce de interminables curvas, con salvajes desniveles. Por un trayecto que acrecente los vaivenes del ánimo, subiendo violento, bajando imprevisto. Pero esta lluvia todo lo calma, mitiga, arrulla mi pujanza, la domeña con su bactericida para el ánimo, su analgésico sensorial.

Llueve. Y desapasiona mis días, acorrala mis ganas, oprime mis dislates con su cadencia lastimosa, impenitente, nada hay de procacidad. Llueve. Y cumplo esta condena. Lluvia insustancial para mí, de moralidad plena que cercena ensueños y amputa perversidades. Esta lluvia descarnada que moldea planicies en vez de valles con su erosión ética, inquebrantable, cauta, decorosa.

Yo cumplo condena, me obliga a empaparme. Condenada a vivir. Bajo estas nubes pétreas vivo queriendo morir. O escapar. Hacia sol que brille sobre mis propias tempestades, que abrace con su calor mis inmoralidades.

Publicado la semana 33. 18/08/2019
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