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FJ

Suerte o el bocabajo ilógico

Sobre la suerte y la vida está todo escrito. Sobre tenerla y desearla, la fortuna. Nada puedo hallar que no se haya comentado ya. No creo en ella, o sí, pero al modo de Picasso y su inspiración trabajando. Supongo que tengo muy interiorizado que todo se reduce a buscar y fomentar lo que alguien llamó suerte, con lo que el componente azaroso no entra en mi ecuación. Para nada es una cuestión de una sucesión de casualidades amables que terminan por favorecerte en un momento determinado.

Mi convicción es absoluta y férrea: mantener una actitud positiva y evitar lamentos inútiles y objeciones inservibles es la única y verdadera suerte que puede existir. La suerte, ni buena ni mala, existe. Solo son excusas, la mala, o falta de un análisis más profundo, la buena.

La suerte del principiante solo aguarda a los neófitos geniales. La suerte del tonto es el telón que esconde al sabio envidiado. El feo con suerte es un dogmático del sacrificio observado por simples. Los afiliados a la mala suerte son solo apóstatas del esfuerzo.

Entonces... ¿por qué ellos? ¿Por qué me miran y ríen? ¿Por qué apoyan su cara en mi hombro? Queda en el aire una respuesta ilógica gritándome que la suerte existe, con ojos grandes o pelo rubio. No importa lo que hagas, la suerte sonríe al verte, y con facilidad simple arrulla tu alma. La suerte tiene mirada pícara o apetito voraz. No sabe hacia dónde peinarse, toca el tambor o se encarama. Y es cierto, todos se alegran al verla y sonríen embelesados cuando enseña las encías. La suerte existe, y lleva pañales, es tan nítida que toda esta disertación no tiene razón.

Mi pregunta permanecerá en el viento, humillando cada día mi raciocinio, hasta llegar a oídos de la deidad que corresponda y pueda responderme: ¿por qué ellos?

Publicado la semana 22. 28/05/2019
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