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FJ

La primera comunión

No me fío. Debería sentirlo, pero no me fío. No lo hago de aquellas que pisan fuerte con la punta de sus tacones un cerebro huérfano. No lo hago de los que con la fuerza de su brazo solo levantan peso muerto. No me fío de los comerciales de la felicidad en línea. Tantas fotos gritando al mundo. No me fío de quien, tenga lo que tenga en abundancia, necesita vomitarlo a los cuatro vientos; pobre Céfiro y compañía, cuánta contaminación llevan sus brisas. No me fío de los castos, ni de las castas, con sus minusválidas éticas impuestas por el populacho. No me fío de los almirantes del "yo nunca", tampoco de los que, por hacer todo, pierden el sentido del porqué, solo con objeto de apilar, de almacenar como basura momentos o realidades. No me fío de las miradas por encima del hombro, si miro abajo puede que vea a mi perro. No me fío de los avaros, el dinero es su opio, ni de los espléndidos de apariencia, siendo el dinero guardaespaldas de sus miserias. No me fío de los que piden, sin conocer el dar; no me fío de los que dan, sin conocer el propósito ni el valor. No me fío de la soberbia, su nombre me recuerda a la guerra. No me fío de los rendidos, si se lamentan con lágrimas, ni de los vencedores, si no lo celebran con otros retos. No me fío de los que quieren y olvidan; prometer o disculparse para salir del paso, prefiero que escupan la verdad de sus mentiras y el paso lo dejen para marcas mexicanas. No me fío de tantas otras cosas que se resumen en una sola: no me fío de aquellos que no han hecho la primera comunión; nunca les han dado una gran y seca hostia.

Publicado la semana 18. 30/04/2019
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