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F.A. Andrade

A un sueño

Con paso cansado, dos figuras deambulaban en la niebla como gotas de una misma tormenta. Paralelas una de otra, pero sin ser parte del entorno como meras decoraciones, se dedicaban una mirada tardía, disimulada, quizás sin propósito ni deseo.

Las primeras lágrimas del cielo comenzaron a caer. 

Y las figuras se detuvieron.

-Quiero acostarme un rato.

Aun no sabían si aquello debajo de sus pies era asfalto, madera o césped. Con seguridad aparente, se tendieron sobre la incierta superficie. Las caras alrededor parecían familiares, mas la noción de lo desconocido se apoderó de ellos al instante.

Las figuras se observaron, quizás era la primera ocasión que se producía con tal candidez. La niebla comenzó a abrumar cada recodo, cada pensamiento, cada indicio de sensatez.

Pero las figuras persistían, sin mediar palabra necesaria, comunicando evidencias indudables.

Y el silencio de mil palabras volviose un clamor de certezas.

Y la música de poemas en penumbra encontraban primavera.

Quizás el cuerpo es prisión de sensaciones

mas la mente es encierro de pasiones.

Las gotas tocaron su piel, devastando la idea de indiferencia en su existencia.

Una de las figuras despertó, contra su voluntad, del paraíso onírico del que había ingresado por accidente; condenando el breve y etéreo paseo a ser quimera adormecida hasta encontrarla nuevamente en su existencia terrenal. 

 

 

 

Publicado la semana 22. 02/06/2019
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