09
esKaleno

Karma

Pilas de libros a tu alrededor. Cajas con documentos, con fotos, con ropa. Bolsas de basura llenas. Todo esparcido por el recibidor de la gran casa. Era la obra de tres días intensos. Seleccionar lo que guardar, lo que desechar, lo que destruir. Fue un trabajo arduo y triste por momentos. Nadie hubiera incluido en la definición de ti la palabra sentimental, pero decidir que parte de los objetos que en cierto modo eran tu vida valía algo y que parte era morralla resultó más duro de lo que nunca imaginaras. Lo peor fue comprobar que el conjunto, lo bueno, lo superfluo y lo malo, se podía recoger en unas cuantas bolsas y cajas. Te dieron ganas de salir corriendo y dejar todo allí para que se lo comiera el tiempo. Contuviste a duras penas un grito reprimido durante las últimas semanas que pugnaba por salir de tu garganta. A cambio, un puñetazo en la pared te hizo sangrar de los nudillos.

Te deshiciste de casi todo. De libros, bolsas y cajas que llevaste aquella noche directamente al vertedero. Justo antes de que decenas de camiones empezaran con su descarga. Conocías los accesos no vigilados. No era la primera vez que te deshacías así de algo. Toneladas de basura diaria eran capaces de enterrar para siempre cualquier rastro. Tras una última selección, dos maletas fue todo lo que cargaste en la furgoneta antes de poner rumbo hacia un círculo rojo marcado en un mapa. Para qué, te preguntabas. Lo cierto es que ya no tenías edad o templanza para aguantar la presión. El último trabajo estuvo a punto de resultar un fracaso. Habías ahorrado pasta suficiente y siempre habías sabido moverla bien, así que no merecía la pena jugársela para nada.

Tragaste kilómetros sin parar salvo para repostar. Aprovechabas entonces para estirar las piernas, comer algo e ir al baño. Dormir no era un problema. Podías resistir sin hacerlo hasta una semana. Una rara anomalía de los ritmos de sueño y vigila, que siempre te había resultado muy útil. Y en esta ocasión no necesitarías tanto. Poco más de cuarenta horas y allí estabas. El aeropuerto de Moscú te recibió gélido, como el incipiente invierno que planeaba sobre la ciudad buscando el resquicio para clavar allí sus garras. Continuaste tu peregrinaje por aire, empezando por “desandar” parte del camino. Moscú - Londres; Londres - Hong Kong; Hong Kong - Melbourne; Melbourne - Auckland. Dos o tres días en cada meta parcial, cambiando de pasaporte y de aspecto cada vez que abandonabas una ciudad. Quién sabe si así nadie te rastrearía.

Los años van pasando. La granja te va cambiado... Dos mil vacas, cientos de hectáreas de aguacates y kiwis y cincuenta empleados dependen ahora ti. Además de tus dos niños. Dejar de lado los tacones de aguja, los vestidos sofisticados y esa deslumbrante fascinación bajo la que ocultabas lo que eras, no te costo tanto. Los ojos desorbitados, atónitos, temerosos, suplicantes, nublados, los ojos desamparados, esos no los pudiste olvidar. Todos los ojos que te miraron mientras apretabas el gatillo son imposibles de dejar atrás. Como la dolorosa certeza de que un día, cada vez más cercano, cuando los niños estén en el colegio, ojalá, llamarán a tu puerta y los ojos implorantes mendigando piedad serán los tuyos y sabrán al instante que no la obtendrán.

Publicado la semana 9. 03/03/2019
Etiquetas
https://www.youtube.com/watch?v=VNNTKZ4hEyw&list=PLHHCOQG2lCp2s1tc4TZTbdr6Kz5EA2CdS, Wonderful Life - Black
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
09
Ranking
1 129 2