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esKaleno

Estafada

Era un cabrón. Pero era mi cabrón. No se podía confiar en él. Ni yo, ni nadie. Pero menos yo, ya debería haberlo sabido.

Siempre he soñado con ese tipo de hombre que no existe. Duro, frío, distante, por fuera. Tierno, cálido, cercano... Por dentro. Varonil y romántico. Que hiciera cumplir todos mis deseos. Que no hubiera nada más en el mundo que perturbara su conciencia. Estupideces de adolescente eterna. No soy idiota, no demasiado. Sé que ese ideal, que ni siquiera se acerca a los cánones de esta época, es un imposible. Un absurdo más bien. Como todo ideal no es más que una aspiración ridícula que la realidad desmiente en cada diminuto acto de cada día. Aun sabiéndolo, siempre se han cruzado en mi vida tíos como él. O los he elegido yo, más bien.

Pero él era distinto. No en un sentido estricto. Era distinto para mí. Creí haber encontrado mi destino. Creí poder formar con él una familia. Reloj biológico y autoengaño, los peores consejeros para planificar una vida. Me dejé embaucar por mis propias tretas.

En el mismo instante en que dejó de ser, lo eché de menos. En el mismo instante, ni más ni menos. No intenté huir, no hubiera servido de nada. Tampoco tenía fuerzas para seguir adelante sin su presencia. Me senté en el sofá, esperando. Sabiendo que vendrían en cualquier momento. Y vinieron. No sé quién les avisó, ni cómo abrieron la puerta, pero allí nos encontraron. Él, sentado en el sillón simulando estar dormido. Yo, con el pequeño revolver humeando y con dos balas menos en el tambor sobre mi regazo.

Publicado la semana 56. 26/01/2020
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