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esKaleno

Adicción

—Cariño, ¿qué haces?

Elvira asoma la cabeza por la puerta entreabierta. El corazón le da un bote a Mario y casi se le sale por la garganta. Cierra el portátil de un manotazo, pero sabe que ha sido demasiado tarde.

—Nada, nada.

—¿Cómo que nada? Me lo prometiste, ¿recuerdas? Me lo prometiste…

—Pero Elvira, ¿de que hablas?

—Enséñamelo.

Los segundos van pasando veloces y a Mario no le sale ni una palabra. Tic tac, tic tac. Elvira se acerca airada y se planta frete al escritorio que les separa. Él se encoje en la silla. La culpabilidad le hace pequeño, diminuto, pero no llega a desaparecer como desearía.

—¡Enséñamelo! Abre el ordenador.

Elvira le arrebata el portátil, lo gira y abre la tapa-pantalla. Acaricia con un dedo el ratón táctil y la pantalla se ilumina revelándolo todo.

—¡No me lo puedo creer! Me lo prometiste. No ha pasado ni una semana. Tienes un hijo de seis meses, por dios, ¿es que eso no significa nada?

Elvira retiene las lágrimas, inmóvil, pensativa, sin dirigirle la mirada. Al cabo de unos minutos vuelve a la carga.

—No lo entiendo, creía que ibas en serio. Hace una semana me dijiste, me juraste que era la última vez, que se había acabado todo y mírate…

—De verdad que lo he intentado, pero es domingo, ¡domingo! Y según iban pasando las horas…, no he podido evitarlo.

—Yo no puedo seguir así.

—¡Esta será la última vez! ¡Créeme! No volverá a pasar. No volverá a pasar. Nunca más.

—No puedo creerte. Ya no.

Elvira toma el portátil en sus manos y lee en voz alta sin poder contener el asco y la rabia.

Todas las mañanas persigo a mi sombra. Alargada y dura, resulta inalcanzable. Los dedos de mis pies rozan sus talones. ¡Por favor! ¡¿Qué basura es esta?! ¿Sabes que te digo? Que ahora mismo te largas. Estás fuera de control y no estoy dispuesta a que nos arruines la vida. Sólo iba a ser temporal, pero el año ha pasado y sé que esto no parará.

Publicado la semana 53. 05/01/2020
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