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esKaleno

El olvido que no llega

...Donde el sol de tu bravura, le puso cerco a la muerte. Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia,...

 

El son melodioso que provenía de alguna ventana abierta al otro lado del patio trastocaba la atmósfera soleada tiñéndola de nostalgia. Tarareabas las estrofas sin apenas darte cuenta y la añoranza de un verano lejano, a la vez dulce y amargo, se mezclaba con el aroma del café que empezaba a quedarse frío en la taza.

 

A pesar del calor inusual de toda la semana que te hacía sentir el cansancio de los años desde la primera hora de la mañana, tiraste el café por el fregadero y te serviste uno del termo que aún humeaba. El primer trago pasó por tu garganta acostumbrada como fuego purificador y al llegar a tu estómago tenías ya la cara perlada de un sudor fino que no notabas. Esa era una de las pequeñas manías heredadas de su paso por tu vida: el café si no era casi hirviendo no te sabía ya a nada.

 

...Vienes quemando la brisa, con soles de primavera...

 

Por un instante la viste apoyada en la encimera lanzándote una de esas miradas brillantes e inquisidoras que nunca llegabas a entender, pero que tenían el don de hacerte sentir culpable, como si te hubiera pillado envolviendo un cadáver en la alfombra antes de llegar a deshacerte de él. Con un suave movimiento de cabeza para negar la evidencia de su presencia en cada acto cotidiano de tus días, la hiciste desaparecer.

 

…Seguiremos adelante, como junto a ti seguimos…

 

Habían pasado tres años y no te acostumbrabas. Ni aunque pasaran trescientos te acostumbrarías.

 

…¡Hasta siempre comandante!...

 

Recogiste con desgana los restos del desayuno casi intacto y te resististe a un segundo café con el agradecimiento de tu estómago y el pesar de tu cerebro que necesitaba de estímulos adicionales en días como ese. Cerraste finalmente la ventana sin poder evitar que las moscas que revoloteaban indecisas se quedaran dentro.

 

Con la misma sensación de duelo de la primera mañana plena de su ausencia, dejaste para el día siguiente, una vez más, tomar las riendas de un destino que no era tuyo ya.

Publicado la semana 50. 15/12/2019
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