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esKaleno

Calaveras y diablitos

Uno, dos, tres, cuatro, vaaaa... Guerra. Hambre. Mentira. Odio. Codicia. Crimen. Miseria. Muerte.

 

Nada. Nada. Nada. Nada.

 

Llueve a cántaros. No lo veo, pero lo sé. Oigo el repiqueteo de las gotas en los cristales. Seguro que están empañados por dentro. También oigo el crepitar del fuego en la chimenea. Bueno, eso no lo sé. Supongo que habrá chimenea. Me la imagino de ladrillo ahumado y reviejo. Pero el fuego puede no estar en la chimenea y eso seguro que sería peor. ¡Ja! No, no creo que este sitio esté ardiendo. No siento tanto calor. No noto la humareda que habría si así fuera. Podría mirar. No, mejor no. Sigo con los ojos cerrados, resistiendo el deseo de abrirlos. Temo que si los abro, la luz de la estancia hará que me estalle la cabeza. El tic en el párpado izquierdo aumenta la incomodidad y ni siquiera sé si este sitio estará tan iluminado como imagino. Aún así no quiero verlo. No. Quiero. Verlo.

 

No soy nada, no eres nada, no es nada. No somos nada, no sois nada, no son nada. Sí, soy algo: soy idiota. Soy idiota, eres idiota, es idiota. Pero yo más.

 

Me duelen las muñecas y las manos se me han dormido. Es por las bridas metálicas que casi me cortan la circulación. Que contradicción, me cortan la circulación pero me hacen sangrar. Claro. Porque también me cortan la carne. Me pasa lo mismo en los tobillos y en los pies. Los tobillos doloridos y los pies dormidos. Y ese hormigueo que me recorre los brazos y las piernas. ¡Ja! Va a volverme loco. Y no puedo parar de hablar. De hablar-me. De decir-me estupideces. Bueno, o no estupideces pero sí obviedades. Porque no necesito repasar mis sensaciones para saber que las siento. Que las sufro. Sí, que las sufro es más preciso. Y aun así no puedo parar de hablar-me. Sin abrir la boca. No puedo abrirla. ¿No puedo abrirla? Nooooo. Cuando lo intento hay algo que me desgarra los labios. Un sabor metálico se mezcla con el de la sangre. Me gusta el sabor de la sangre. De mi sangre, porque nunca he probado otra. Ya lo sé. Ya lo sé. Son grapas lo que me cierra la boca. Me da repelús imaginármelo. Casi no me duele ya, pero me está dando un... asco. No puedo permitirme vomitar, porque a ver cómo lo hago.

 

Sangre, carne. Huesos, tendones. Vísceras, músculos. Somos de sangre y carne. Somos de carne y hueso. Somos lo que comemos. ¡Ja! Entonces somos mierda.

 

Ahora empieza a dolerme la espalda. Puedo intentar algún estiramiento. Separar las vértebras como me enseñó el fisio. Estirar el cuello. Con la barbilla ligeramente hacia abajo. Como si tiraran de mi nuca con un cuerda hacia arriba. Pero no me muevo. Mi cuerpo ignora las órdenes de mi cerebro. O tal vez alguien ha hecho muy buen trabajo inmovilizándome. No, no, no. O tal vez, o tal vez, esté muerto. ¡Ja! Tal vez esté muerto. Que chorrada, entonces no me dolería la espalda. Ni los labios. Ni los tobillos. Ni las muñecas.

 

Tarara, tarara, tarara, txin, txin, cómo era, cómo era… A ver, sí, esto era. Tarara, tarara, no quiero morir sin antes haber amado, tarara, pero tampoco quiero morir de amor, calaveras y diablitos, tarara, invaden mi corazón. Los Fabulosos Cadillac. ¡Ja! Como me gustaban… El tiempo pasa rápido y mira tú por donde, me voy a morir sin antes haber amado. Porque me parece que de esta no salgo. Y lo que más me jode es que no sé por qué. No logro acordarme. Seguro que soy un cabrón que se merece esto. No me siento como un inocente, cándido y bonachón. No. Seguro que no. Pero, ¿quién merece morir sin haber amado? Pues parece que yo.

 

Eso es la puerta. Eso es la puerta. Se abre. El corazón se me va a salir del pecho. Da botes y botes. Hace que me duelan las costillas. Y el ruido de los latidos. El ruido de los latidos no me deja oír. ¡Calla! ¡Calla! Son pasos. Sí, son pasos. Sí, sí, son pasos.

 

—!Mmmmm! ¡Mmmmm!

 

Órale pinche güey, si estás despierto... Pos esto no es. Aquí te traigo otra dosis.

 

—!Mmmmm! ¡Mmmmm!

 

!Ja, ja, ja! Ni modo. ¿Pos no ves que no puedes soltar la lengua? Si por mi fuera ya te habrías ido pal agujero o de pasto pa los zopilotes, pero la jefa tiene muy mal carácter y no hay que contradecirle el mandado. “Que no sufra el güerito. Que te vayas a atizar el fuego. Ponle de esto pa que se duerma”. Yo no entiendo nada. No más obedezco.

 

—!Mmmmm! ¡Mmmmm! ¡Mmmmm!

 

No me gustan las agujas. Odio las agujas. ¡Ja! No me gustan. Y este tío es más un banderillero que un enfermero. Qué me pones. Qué me pones, tío mierda. Y que coño dices de la jefa. La jefa de quién. ¿También es mi jefa? No quiere que sufra, que perra. Pues pensará que estoy como en la playa. Pero no te vayas. No. No. No me dejes otra vez. Di algo. Algo más. Di algo más de la jefa esa. Esa que no quiere que sufra. ¡¡¡Quién cojones es la jefa!!!

 

—!Mmmmm! ¡Mmmmm!

 

Tengo calor. Me sube del estómago a la cabeza. Sale vapor. Sale vapor de mi cabeza. Se me van a licuar los sesos. Luego escurrirán por entre los juntas del cráneo. Hacia abajo. Los notaré resbalar por la garganta. Se saldrá un poquito por la nariz a través de la faringe, ¿o laringe? Faringe, faringe. El resto seguirá hasta el estómago y terminarán de cocerse a fuego lento. Tengo calor. Tengo calor. Tengo, tengo, tengo, tú no tienes nada. Mejor me dejo ir. Donde me lleve el líquido que me ha inyectado el mamón ese en la vena. Donde me lleve mi cerebro licuado. ¡Ja! Al infierno. Ya no noto las piernas, ni los brazos. Ni los tobillos, ni las muñecas.

 

Un, dos, tres, cuatro, vaaaa. Calaveras y diablitos, invaden mi corazón. Calaveras y diablitos. Invaden. Mi corazón. Mi corazón bañado en pensamientos líquidos. Calaveras y diablitos...

Publicado la semana 49. 08/12/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=S8Ty8wPSsv8, Los Fabulosos Cadillacs - CaLaveras y DiabLitos
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