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esKaleno

Los perros

Algoritmos de seguimiento. Les llaman perros porque son capaces de rastrearte hasta el rincón más oscuro de la Colonia. Seguro que también podrían hacerlo fuera de ella. Aunque fuera de ella no hay nada. Nada es nada. Hay quien dice que hay otras colonias como la nuestra, vagando por el universo infinito, pero yo no me lo creo. Lo del universo infinito no es más que otro cuento. También hablan de planetas, que son como la Colonia pero mucho más grandes y esféricos. La verdad, la única verdad es que no hay nada más fuera de esta cúpula que rodea a los mil millones de estúpidos humanos que estamos dentro.

Mi abuela me contó lo que le contó su abuela. Que los perros de verdad no eran despiadados como la Máquina y sus algoritmos del infierno. Que los perros de verdad eran de carne y sangre. Como nosotros. Bueno, como nosotros no, como los que salen en los hologramas y en las pantallas. Con sus cuatro patas. Como los de las películas de miedo, pero no tan fieros. Yo no puedo imaginármelos bien, no sin sentir repelús. Mi abuela me contó que hasta los acariciaban, que asco. Sí que eran buenos siguiendo rastros. Era por el olfato. Nada que ver con los de la máquina. Ni te ven, ni te huelen, pero no les hace falta.

Mi abuela me contaba muchas cosas de las que le contó su abuela. Algunas eran muy raras, como comer animales y plantas muertos, que luego producían un montón de desechos malolientes en nuestro organismo. Entonces en lugar de la Máquina estaba Dios. La diferencia es que Dios tenía algunos rasgos benévolos, aunque el resultado a la larga era el mismo: dolor y sufrimiento para la mayoría. Pero también me habló de ser libre. Sus cuerpos sufrían más pero sus mentes menos. Los avances tecnológicos sólo sirvieron para traernos a esto.

A veces dudo de sus palabras, pero me esfuerzo por creerlo. Ella no me mentiría. La máquina la aniquiló por todo aquello que me decía. Los perros la localizaron en su pequeño cubículo. La máquina selló su puerta y desconectó el suministro de oxígeno. Luego no sé que hicieron con su cuerpo. Durante mucho tiempo tuve miedo. Los perros nos oyen, nos espían. Controlan cada palabra que decimos, cada movimiento que hacemos. No sé por qué sigo aún viva sabiendo que sé todo lo que ella me dijo. Sabiendo que algún día se lo contaré a alguien, tal vez a mi nieta, que me creerá, aunque no sepa de que hablo. Aunque yo tampoco lo sepa.

Durante mucho tiempo tuve miedo. Aún lo tengo. Los perros nos oyen, nos espían. Los perros siempre nos encuentran.

Publicado la semana 47. 24/11/2019
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