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esKaleno

El día de la marmota

28 de abril de 2019

—Oier, ¡Oier! —Amaia zarandeaba suavemente al chico que estaba, casi en coma, en la cama—. Oier, que me tengo que marchar. ¡Oier!

—¿Qué? ¡¿Eh?! Joder tía, no me despiertes tan brusco, que cualquier día me da algo.

—Me tengo que marchar. Me esperan en casa de los aitas para comer, ¿vienes?

—Para comer, ¿venga ya? ¿Pero que hora es?

—Mmm, las tres menos diez. Venga, anímate —Amaia sonreía con exceso de dulzura para lo que ella solía—, hace mucho tiempo que no te ven el pelo.

—¡Buf!, no sabes lo que dices, me duele tooooda la cabeza y si ahora como algo me van a ver echar hasta la primera papilla. Mejor me quedo.

—Ya, ya, claro. Si no te hubieras tomado veinte tequilas, no habrías dicho tantas tonterías anoche y sobre todo, ahora no estarías para echarte al hoyo.

—Exageras —Oier se restregaba los ojos, temiéndose lo peor—. Tanto no será que hablé, si no de algo me acordaría.

—Pues pregúntales a Ander y a Igor, otros que ya tal… Discutiendo entre trago y trago sobre quien va a ganar y que hará y bla, bla, bla.

—¿Quién va a ganar?

—¿De verdad? Hoy es día de elecciones. Generales. Bueno, que me largo. Esta semana voy a andar liada que tengo que entregar el trabajo si quiero aprobar, así que hasta el viernes no me vas a ver el pelo. Ah, y después de toda la cháchara de anoche, no te olvides de ir a votar.

—Que sí, que ya he de ir. —Amaia ponía cara de no creer, ni en dios, ni en los hombres, ni en la palabra de Oier— Vamos mujer, no me pongas esa cara. A veces eres peor que mi ama…


 

26 de mayo de 2019

—Eo, ¿dónde andas? —Oier se incorporaba a medias en la cama intentando discernir alguna palabra a través del ruido de la ducha y el de su propia cabeza que parecía cortocircuitada.

—¿Pues dónde voy a andar? —Amaia salió enfundada en una toalla tras un par de minutos—. Si tengo la ropa en la silla, muy lejos no será.

—¿Tienes algo por ahí? Estoy mal, mal...

—No, no tengo nada. Pero es que tú siempre estás igual. Te juntas con tus coleguitas y a la mañana siguiente a llorar.

—Joooo, vaya mierda. Y tú, que ¿te vas ya?

—A ver, que son más de las dos y media y llego tarde. He quedado con los de la uni en el centro a menos cuarto.

—Y me dejas así, a punto de morir.

—Eso no te parecía anoche, que cada vez que te encuentras con esos dos, discutir y pribar y a los demás que les den.

—¿A qué demás?

—¿A qué demás? A mí por ejemplo, que me pusisteis la cabeza loca con tanta tontería. Que siempre que hay elecciones es igual — Amaia no daba crédito: la cara de Oier era de no saber de que le estaba hablando—. No me jodas tío que no te acuerdas tampoco esta vez. Pues menos mal que estoy aquí para recordártelo. La municipales, Oier, las municipales.

—Vale, vale, que me acordaba, ¿nos vemos mañana?

—No sé, ya te guasapearé. Y vota hostia, que hasta las ocho tienes tiempo de sobra.


 

10 de noviembre de 2019

—Joder que frío hace —a Amaia le castañeteaban los dientes mientras se levantaba—. ¿No encendiste la calefacción al llegar a casa?

—¿Eh? Nsé, mmñas —a Oier no se le entendía una palabra.

—Oh vamos, ¡despierta anda!

—No chilles... Que me retumba hasta el alma. Que no sé si encendí, que será que no. Y tú, que andas a estas horas de la madrugada.

—Tú sí que estás madrugada que serán casi las tres. Me voy a duchar a casa, no voy a esperar a que esto coja temperatura —Amaia se gira un momento hacia la ventana—. Pero mira tío, ¡si está nevando!

—¿Nevando?

—¡Nevando! Como para no hacer frío.

—Frío, me importa una mierda el frío. Mírame aquí, ¿qué es lo que tengo? —Oier se señalaba el pómulo derecho, ligeramente amoratado— Me duele.

—Me duele, me duele. Poco me parece… Una hostia tienes, que te partiste ayer cara con Igor, que siempre la liais el día de reflexión —Amaia se había terminado de atar las botas y tenía el plumas en la mano—. Bueno, me largo.

—Y me dejas así, herido y de resaca. Si hoy no has quedado con nadie.

—Ya, pero no sé si estoy para aguantar chorradas. Ya hablaremos.

—¿Y no me vas a recordar que vaya a votar?

—Que te den —el portazo retumbó por toda la habitación.

—Pues si no me lo recuerdas —Oier susurró para él mismo cubriéndose con el edredón hasta por encima de la cabeza—, no voy.

Publicado la semana 45. 10/11/2019
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