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esKaleno

Fatalidad

Apenas sentía ya la pesada rodilla incrustada en la columna, que aprisionaba su pecho contra el suelo impidiéndole prácticamente respirar. La mano enguantada mantenía su cabeza inmovilizada de medio lado. Los vapores del asfalto recalentado por el sol despiadado de mediodía se colaban por su nariz, por su boca, impregnando pulmones y cerebro por igual. No alcanzaba a ver más que la sombra de tres gigantes sujetando enormes armas, fusiles o algo similar, que sin duda dirigían hacia él.

Cuando la presión sobre su espalda comenzó a ceder, supo que su paso por la tierra acababa en aquel lugar. Liberado de las garras de su captor permaneció en la misma posición obligando a sus músculos a seguir contraídos. Cualquier movimiento hubiera supuesto una lluvia de plomo sobre su cuerpo. No dudaba de que el resultado sería el mismo, pero no tenía intención de darles motivos. Si lo iban a hacer que fuera iniciativa suya y si, tal vez, conservaban algún resto de conciencia, su fantasma se encargaría de hacérselo pagar.

Los segundos se iban desgajando lentamente del tiempo que ya no le quedaba. Pensó que era injusto, que no había hecho nada. Diecinueve años no habían sido suficientes. No, no eran suficientes. No debería haber estado ahí, no era ese su camino habitual. El autobús con retraso, su impaciencia natural… Lugar equivocado. Momento fatal. Ya no había remedio, ni nada que explicar. Siempre era mejor un terrorista muerto que el clamor popular. Estuvo tentado, por un momento, de dar el espectáculo que tal vez esos hombres esperaban. Contradecir su propia decisión, levantarse y salir corriendo al grito de Al·lahu-àkbar.

La evidente contradicción de su verdadera vida, de su corta vida, con la que se tendrían que inventar, puso una involuntaria sonrisa en sus labios. Enseguida se transformó en carcajada, sin poderlo evitar, al visualizar a su padre, que le repudió días atrás al declararse ateo y escupir sobre el Corán, cuando la noticia le llegara: “Yihadista abatido a tiros al enfrentarse a efectivos del Cuerpo Especial de la Europol, cuando intentaba huir del escenario del terrible atentado y bla, bla, bla”

Imaginó a los policías mirándose desconcertados desde sus ojos hundidos tras el casco y eso aumento la risa incontrolada que le hizo retorcerse cogiéndose el estómago. Intuyó a una de las sombras que tenía enfrente indicar algo con la cabeza a la que tenía justo detrás. Oyó, sin identificar, el chasquido metálico de la corredera de una Glock 22 y la bala posicionándose en la recámara. Un segundo después un río rojo inundó sus ojos y anegó su conciencia y ya no hubo más.

Publicado la semana 29. 21/07/2019
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Metallica - Nothing else matters (cover violin), https://www.youtube.com/watch?v=RiO2ihbwV38
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