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esKaleno

Pereza

El pitido estrepitoso del despertador sonó insistente durante un minuto largo antes de que lo apagaras de un manotazo. La luz de una mañana radiante se colaba entre las rendijas de la persiana. Sonreiste al girarte en la cama y estirar las piernas con un ronroneo de placer. Era el día. Enterito sólo para tí. Lo tenías todo planificado. Te levantarías pronto y bajarías a desayunar al centro. Café, zumo, pintxo y periódico. Observando el ritmo agetreado de los que ese lunes sí tenían que ir al trabajo. Después, algunas gestiones bancarias, refitolear en alguna tienda de ropa, en alguna librería, tal vez comprar algo. Tras coger el pan volverías a casa a preaprar una comida suculenta pero sana. Ensalada, solomillo y sorbete de naranja. Cocinarías con la ventana abierta y a ritmo de la selección de rock que tenías preparada. Para la comida una botella de vino verde te esperaba. Luego sobremesa con alguna película del canal club y más tarde piscina. Unos cuantos largos y a la hamaca. Llamarías a algún amigo, Carlos o Diego, siempre dispuestos para un par de cañas aunque fuera el primer día de la semana. Tal vez picar algo en el casco viejo y poco a poco a casa. Sí. Era el comienzo del día perfecto.

Entre vuelta y vuelta, notabas como subía el sol tras la persiana, pero no imaginaste que fuera la una y diez cuando por fin te levantaste de la cama, con la columna hecha un ocho y pocas ganas de hacer nada. Tras salir del baño, fuieste directamete a la nevera y sacaste un trozo de pizza, resto de la cena, que te calentaste en el microondas mientras abrías una lata de cerveza. Te llevaste todo en una bandeja a la sala, encendiste la tele y te lo terminaste mientras pasabas de canal en canal sin encontrar nada que te interesara. Cuando te diste cuenta ya eran las cinco. Te asomaste al balcón y un puño ardiente te sacudió en la cara. En termómetro de la farmacia marcaba treinta y tres grados. Cerraste la puerta, corriste la cortina y enchufaste el aire acondicionado. Te amoldaste al sofá y al tedio con total convencimiento. Con el mando en la mano y aternando incursiones a la nevara a por más cervezas con visitas al váter, te alcanzó la noche sin haberte quitado el pijama. Cerca de las doce un poco achispado, una punzada de arrepentimiento amenazó con quitarte el sueño, pero paso pronto y al final no fue nada. Sí. El día perfecto por fin acababa...

Publicado la semana 25. 23/06/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=RX7TA3ezjHc, Billie Holiday - Easy Living
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