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esKaleno

Intolerable perversión

La mañana transcurría placentera en el Simulador 5 de la Cúpula Norte 222. Los días cincuenta y cinco y ciento diez de cada ciclo, abría sus puertas al público y algunas familias, cada vez menos, se acercaban a pasar el día. El transcurrir del tiempo había ido borrando la impronta atávica que vinculaba la vida humana a la naturaleza hacía siglos desaparecida. La CN-222, rica y muy poblada, era una de las pocas que aún mantenían simuladores anacrónicos como el S-5, cuyos elevados costes de mantenimiento eran difíciles de justificar cuando otras necesidades básicas apenas podían ser cubiertas.

Arkaid Dro paseaba por un camino de grava, escoltado de inmensos castaños de indias, junto a su familia. Mariposas multicolores y pájaros cantarines revoloteaban a su alrededor, atrayendo la atención de los niños. Era su primera visita y nunca habían visto nada parecido. Seguían sus evoluciones con la boca abierta, sin importarles que fueran seres sintéticos creados para mantener una fantasía. La yerba, procedente de la misma factoría que animalillos y árboles, parecía una alfombra fresca y suave cuajada de margaritas. Con un gesto de aprobación de su madre, los niños comenzaron a corretear por ella con un alboroto tan alegre como inusual.

—¡Chicos, chicos, tranquilos! ―Arkaid les advertía con cierta prevención—. Tenemos todo el día para recorrer todos los rincones. Iremos a ver también a los conejitos y a otros bichos.

—¡A los conejitos! ¡A los conejitos! —Los niños gritaban revolucionados sin tener ni idea de que era un conejo o un bicho.

La atmósfera indefinible que les rodeaba, despertaba sensaciones extrañas en Arkaid que sintió la tentación repentina de coger a Britta, su pareja, por la cintura, aun pareciéndole muy inapropiado. Finalmente se resistió a hacerlo. No había mucha gente, pero por si acaso. Era algo muy desagradable presenciar muestras de afecto y si a él no le gustaba verlo, consideraba justo mostrar la misma deferencia por los demás. Imaginó por un momento como habría sido vivir en un mundo así, si una recreación causaba ese tipo de efecto. Imágenes inquietantes llegaron hasta su cerebro y decidió dejar de pensar en ello.

—¡Papá! ¡Papá! —El niño se acercaba corriendo seguido de su hermano pequeño—. ¿Qué está haciendo aquel hombre?

En uno de los bancos que flanqueaban el camino había un tipo sentado, el primero que habían visto. Su rostro mostraba una expresión placentera y sonreía. Al principio no se dio cuenta, pero de repente Arkaid reparó en sus manos.

—Será cabronazo —susurró entre dientes sintiendo que la ira le iba subiendo desde el estómago—, y delante de niños.

Controló un primer impulso de salir corriendo hacía ese tío y soltarle un puñetazo y tomó a sus dos hijos del brazo. Miró a Britta. Notó que se había dado cuenta de la situación por su expresión de perplejidad.

—Toma, llévate a los chicos y espérame en la salida que enseguida voy. No sé si romperle la cara o avisar a la Guarda.

—No hagas ninguna tontería, por favor —la mirada suplicante de Britta, acompañaba al tono desconfiado de su voz—. Arki, por favor, prométemelo.

—Vale, vale. No pasa nada, no voy a hacer ninguna tontería, pero iros ya. ¡Ya!

Los niños desconcertados se alejaban de la mano de su madre, que tiraba de ellos con firmeza cada vez que intentaban darse la vuelta. Entretanto Arkaid se ponía en contacto con el Servicio de Guarda de la zona a través del conector de su muñeca, intentando no llamar mucho la atención. Comunicó su situación y el repulsivo acto del que estaba siendo testigo. Individuos como ese se merecían estar encerrados de por vida o algo mucho peor.

En dos minutos se materializó un transportador silencioso del que salieron dos agentes uniformados y atraparon al degenerado. De sus manos cayó el pequeño libro electrodiódico que leía, hasta hacía unos segundos con deleite, y uno de los agentes lo cogió con aprensión como prueba de cargo. Arkaid saludó con la mano antes de que los tres desaparecieran en el vehículo y éste se fundiera en la nada tal como había llegado. Se dio la vuelta satisfecho mientras murmuraba.

—Lectura, ¡que asco! Hay que ser depravado...

Publicado la semana 20. 19/05/2019
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