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esKaleno

Uno de esos días

─Cuénteles a sus compañeros qué ve aquí, Izarra.

 

El incipiente dolor de cabeza que prometía ir a más, era un indicador claro y veraz. Iba a ser uno de esos días que podía dar por perdido y mejor asumirlo cuanto antes. Jon Joseba Arnaiz, Jonjo para sus alumnos, trataba de mantener el nivel bajo esa mañana y que todo acabara rápido.

 

─Pues un cuadro ─Xabi Izarra dudó un momento─, bueno una foto de un cuadro muy malo, o algo así.

 

Unas risillas apagadas recorrieron el aula como una ola. Cuando cesaron Jonjo se levantó y se giró hacia Izarra que estaba repantingado en su asiento. Intuyó en la penumbra su sonrisa desafiante. Faltaban veinte minutos para finalizar la primera clase de la mañana y no estaba seguro de poder resistir la jornada completa. Todos esperaban la réplica ingeniosa y algo sarcástica del profesor, que parecía resistirse. Y luego, que Xabi Izarra contestara, que alguna estupidez provocadora saliera de su boca y que tal vez entre ese toma y daca, cada vez más habitual, la clase terminara. Sin embargo nada de eso ocurrió, ante el estupor y decepción de los chavales.

 

─Vamos a dejarlo aquí ─a oídos de sus alumnos, la voz de Jonjo sonaba rara─. Podéis repasar los tres primeros temas. Mañana control.

 

Jonjo ignoró las protestas que clamaron al unísono. Antes de encender la luz, echó un ojo a la diapositiva de Los Girasoles y pensó un momento que la azarosa vida de Van Gogh, tal vez hubiera resultado definitivamente vana.

 

─¡Basta! ─No le hizo falta gritar, había algo en su mirada─. Aprovechad este rato, haced algo útil, aunque sea solamente por esta vez. Solamente por una vez.

 

Todos vieron incrédulos como el profesor, Jonjo, su favorito en realidad, se dirigía hacia la puerta despacio pero con paso firme, giraba la manilla y los dejaba allí solos y sin mediar una palabra más. Al salir, recorrió el pasillo, subió las escaleras y entró en la sala de profesores, vacía en ese momento. Se quedó parado en medio, recordando la primera vez que entró en una clase, la primera vez que se enfrentó a unos adolescentes expectantes y extraños. Entonces era otro hombre, casi un crío, con el espíritu inquieto y apasionado del educador vocacional. Todo el mundo le había dicho que él podía aspirar a más. Aspirar a más, que chorrada. ¿Qué podría ser más que el privilegio de ayudar a forjar el futuro y tal vez el carácter de sus alumnos, de la sociedad?

 

No hacía tanto tiempo de eso. Cuándo y por qué había dejado de ser aquel chico, era algo que desde algún tiempo se preguntaba cada día. A veces pensaba que fue el sistema, los recortes presupuestarios, la falta de motivación de los chavales que lo tenían todo de forma inmediata, los padres que se desentendían, las redes sociales, los realities. A veces pensaba que era él mismo, pusilánime, cobarde, aburrido. Daba igual. Educador, ¡ja! Educación. Palabras, grandilocuentes y vacías, carentes de sentido. Lo único que quedaba era el hastío. Y el nudo que sentía en su estómago cada vez que traspasaba la puerta del instituto, los dolores de cabeza cada vez más frecuentes, esa sensación de que la estupidez impregnaba cualquier intento de rebeldía...

 

─¿Qué haces aquí, Joseba? ¿No deberías estar con los de segundo ce?

 

Las palabras de Marta, jefa de estudios de su área, parecieron traerle de vuelta de un mundo extraño y lejano, tan oscuro y misterioso como este mismo. La miró de reojo y salió, callado, de la sala. Marta salió tras él sin comprender y siguió sus pasos por el pasillo en la distancia, hasta que desapareció escaleras abajo. Fue la última vez que le vio.

Publicado la semana 2. 13/01/2019
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CREEP-RADIOHEAD, https://www.youtube.com/watch?v=XFkzRNyygfk
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