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esKaleno

Quién va a escribir el final

No tengo imaginación. Técnica sí. Y cierta intuición. Pero no imaginación. Eso siempre ha sido un hándicap. No puedo montar una historia sin referencias claras. Fijadas en mi memoria. Fijadas en mi piel. No me sale. Así que tengo que probarlo todo antes.

Al principio era fácil. Me basaba en experiencias propias. En mis gustos, en mis sentimientos y sensaciones. En mis deseos, incluso en los más sórdidos e inconfesables. Y funcionaba. Realmente no sabía que lo hacía, que usaba en gran manera mi propia vida. Sólo cuando la atención del público empezó a decaer empece a ser consciente. Analicé mis éxitos y mis fracasos. El recuento resultó decepcionante. Cuatro temas recurrentes alimentaban mi labor de años. Repetidos de distintas formas. Con distintos enfoques. Maquillados. De realismo, de suspense, de fantasía, de terror. Y funcionaba, sí. Pero todo tiene un límite y está claro: de donde no hay no se puede sacar. Mi propia vida, no daba para más.

Busqué nuevos contenidos. Inspiración. Elegía al azar. Un artículo de una revista. Una noticia de televisión. Un perfil de facebook. Una pintada en el muro de una fábrica. Una fotografía de instagram. Luego me documentaba. Buscaba y rebuscaba. Era un trabajo de historiador, de detective a veces, de periodista de los de antes. Salvando las distancias, claro. Era agradable. Diversificaba mis conocimientos y aumentaba mi capacidad mental. A veces era emocionante. Y perverso. Como mirar por una rendija lo que hacen a escondidas los demás. ¿Los resultados? No fueron los deseados. Algunos relatos para el blog y una novelita que no fue del todo mal. Pero a lo que surgía de mi teclado le faltaba emoción, espíritu, personalidad. Me aburrí, esa es la verdad.

Había que cambiar de táctica. Lo único que podría funcionar era experimentar. Sin perder la cabeza, que va. Mi instinto de conservación me había hecho alejarme siempre de las situaciones extremas. Tengo que admitir que al principio me costó. Empecé viajando en solitario a lugares “civilizados”. Registrándome en webs tipo C-date o POF. Frecuentando salones de juego o casinos on-line. Pequeñas excentricidades que ahora me parecen ridículas y a las que lo que creía mi carácter natural no me hubiera permitido llegar. Mis propias preferencias se fueron imponiendo, aplicando de forma espontánea una especie de método prueba-error. Poco a poco me fui dejando llevar.

Fui subiendo la apuesta. Aumentando los riesgos. Cambiando de ambientes. De amigos. De enemigos también. Rompiendo los pocos lazos familiares que aun tenía. Cambiando de vida en definitiva. Entonces sí, los resultados fueron buenos. Apabullantemente buenos. Me convertí en una celebridad. Dinero, fama, drogas, sexo. Y poder. Más del que nadie pensaría que alguien como yo podría manejar. ¿Me convertí en algo más? Me pasé al lado oscuro. Ja, ja.

Lo cierto, es que me convertí en algo menos. Nunca perdí de vista mi objetivo. Aunque pareciera que me dejaba arrastrar para vivir lo que muchos soñaban. Aunque durante un tiempo yo también lo creyera. Lo único que necesitaba eran novedades que contar. De primera mano. Sí. Observadas desde dentro. A través de una rendija en las entrañas. No soy más que un centinela encerrado en una torre vigía que respira. No soy más que un cronista que graba sus historias en las retinas. He dejado de sentir, de esperar, de temer y de odiar. Aprieta el gatillo cuando quieras. No voy a suplicar. Lo único que me pena es que yo no lo voy a narrar.

Publicado la semana 18. 05/05/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=VScSEXRwUqQ, The end - The doors
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