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esKaleno

Fake

Yo también sacaba fotos con el iPhone intentando encuadres imposibles en los que, de todas formas, jamás cabría la cascada entera. Simulaba ser una turista más y me veía tan estúpida como siempre les veo a ellos. Y a pesar de todo me sentía bien. Mimetizada entre el gentío, con mis gafas de sol y mi sonrisa cansada. Con tus brazos rodeando mi cintura y tu aliento agitando mi pelo, desordenando mis pensamientos. Casi rozaba con los dedos el borde de la felicidad.

 

Pasar desapercibida y aparentar por unos días ese orgullo de la normalidad era algo que nunca imaginé que me fuera a gustar. Ni siquiera sabía si lo hacía bien. Pero allí estabas tú, con tu sombra protectora guiándome para no desentonar. Por supuesto que aquello no podía durar. Cuando me miraba en tus ojos, me gustaba lo que reflejaban aun sabiendo que no era verdad. Esa no era yo y nunca lo sería. Tú también fingías que eras un enamorado más.

 

Ofreciéndole mi teléfono, le pediste a un tipo grande y rosado que nos sacara una foto apoyados en el puente de piedra, con el agua pulverizada por el salto inabarcable envolviéndonos y expulsándonos a la vez. La imagen era perfecta, pero el reflejo de la luz en cada partícula líquida nos confería un aire espectral.

 

Él nunca imaginaría que nosotros no éramos, ni seríamos, nada más que esa imagen instantánea, que acabaría diluyéndose en el olvido. Ni lo lejos que estaba mi vida de esa otra, anodina y cobarde, que vive la gente corriente que entonces nos rodeaba y que mira hacia otro lado cuando hoy me ve al pasar. O que murmura. O que me insulta por lo bajo, con temor a mi descaro. Con temor, tal vez, a la navaja que imaginan escondida entre la ropa tan escasa y mi piel.

 

Yo sonrío desafiante detrás de la máscara de maquillaje exagerado y vulgar. Hay quien me devuelve una mueca cargada de resentimiento, de asco, de lástima. Sé lo que soy. Todos lo saben, pero pocos se atreven a llamármelo a la cara, aunque puedo leérselo en los labios. Como a ti te lo leí en la mirada el día que todo acabó. No hacía falta que lo dijeras en voz alta, vocalizando claramente la palabra. Dos sílabas, cuatro letras, mil cuchilladas.

 

Hace tiempo que eliminé aquella foto de mi móvil, aunque a veces la busco sin querer entre las decenas que saqué y que algún día borraré también.

Publicado la semana 16. 21/04/2019
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https://www.youtube.com/watch?v=lzZWXUfIyIs, Me llaman calle - Manu Chao
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