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Erika Prado

Lonquiade

Hay un fantasma que pervive rondándome. Muchas noches se me presenta y comienza a aturdirme, murmura cosas de mi pasado, de las que me avergüenzo, arrepiento o me llenan de culpa; nunca puedo verlo pero lo siento de muchas formas, me observa colgando en la esquina del techo de mi habitación; manda tijerillas rastreras que me paralizan debajo de las sabanas; se mete en mis muelas y tira de ellas provocándome un dolor que atraviesa mi cara y cerebro o simplemente pasa por mi lado y me golpea, me provoca. Lonquiade tiene formas diversas pero casi siempre es de algún conocido deformado, rostro borroso e incluso de partes de distintas personas estructurando su cuerpo amorfo y cambiante. 

 

Lonquiade me reta a que lo enfrente, me empuja y arrincona presionando todo mi cuerpo contra la pared con tal fuerza que deja moretones en mis muslos y costillas. Hoy fue en el espejo, pase por su lado, y aunque mi reflejo siguió de largo, sentí desvanecer frente a él mientras que la imagen, sin mí, me succionaba con vehemencia, una figura de mujer que tampoco se reflejaba apareció detrás mio, me tomó fuerte de la muñeca, sin ternura, como alguien extendiendo rápidamente su brazo para tomarte al verte a punto de caer por un desfiladero, me aferré a ello y me dejé ir dentro del espejo; había gente expectante viendo fijamente a mi alrededor, eran caras desconocidas con miradas conocidas, sentí seguridad por mi brazo aún en la realidad tomado de la desconocida mujer que por algún motivo me inspiraba una increíble confianza y supe que con nuestros brazos entrelazados lo lograría, tenía que ser valiente para vencer a mi fantasma o lo que sea que me había llevado ahí, me defendería hasta acabar con él o lo que fuera necesario, el espejo succionó con más fuerza y caí, entonces pude verlo nítidamente, Lonquiade tenía el rostro de un blobfish y boca de lamprea, el torso cubierto de dientes humanos con larvas entre ellos, sanguijuelas en forma de manos y la parte inferior del cuerpo llena de pequeños popotes perfectamente alineados que dejaban ver el interior de su cuerpo agujereado donde fluía líquido hirviente, olía a gasolina y granos de café quemados, amargo al olfato; sus pies eran dos lenguas sucias que parecían lamer lo que pisaban, lo veía revoloteando a mi alrededor mutando, y ya sin forma, era un ente que se presentaba en figuras que mi cerebro podía manejar pero en realidad no tenia ninguna especifica, estaba compuesto de mierda y deliciosa comida, telas suaves y brillantes con mugre y lija, paisajes hermosos y montones de basura, agua cristalina y carne gelatinosa en estado de putrefacción, mis anhelos más preciados y mis más horribles pesadillas, flotaba en el aire confundiéndose con el ambiente y volvía a tomar su forma humanoide. 

 

En medio de la caída sentí nuevas extremidades, no podía verlas pero me hacían sentir en extremo poderosa, sabía era la mujer que me ayudaba ahora de esta forma y que yo ya no “debía” ser fuerte… Lo era. Busqué al monstruo para enfrentarlo pero huyó al mostrarme fortalecida, era un cobarde, seguí cayendo y las nuevas extremidades salieron de entre mi cuerpo, se posaron por encima de mi carne y me abrazaron obligándome a abrazarme a mí misma fuertemente, tanto que logré despertarme, en la cama pude sentir por unos segundos más el abrazo de la mujer, hacía un enorme esfuerzo por no soltarme, aún los siento alrededor mío, están aquí, me fortalecen, los tengo en mí, son míos, es ella, soy yo.

Publicado la semana 9. 25/02/2019
Etiquetas
Miedo, sueños , En la cama, Cualquier rato
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Género
Relato
Año
I
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09
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