07
Erika Prado

Estación Wadley

Lo que pasó es que llegaron hace unos días en el tren que aquí nomás pasa dos veces a la semana, los lunes que viene de allá de México y los domingos que va de regreso. Venían con los ñengos, un par de Italianos conocidos acá en Wadley porque nos visitan dos veces al año desde hace mucho y los trajeron conmigo buscando alojamiento; los ñengos siempre van de paso, les gusta caminar en el desierto y llegar hasta Real a pie, empeyotados no necesitan nada más y en unas cuantas horas como si nada están con los fantasmas de Real de Catorce donde dicen ser más felices que en ningún otro lugar del mundo donde hayan estado.  

Los muchachos quisieron quedarse todos juntos –somos hermanitos de la vida y no nos vamos a separar en todo el viaje –dijeron, y como nomás tengo dos cuartos y cobro por persona, para mí mejor. Querían saber sobre el aspecto del hikuri y la manera de consumirlo, les indiqué quiénes en el pueblo vendían productos procesados con peyote y que eran de consumo local, sacarlo de territorio Wirikuta es delito federal y mejor evitarse problemas, mientras lo comieran aquí estaban seguros, la gente de todo el mundo viene a eso y reina un ambiente de honesta fraternidad, mostré la manera correcta de cortarlo, un centímetro debajo del ras del suelo y siempre con un hilo o algo que no dañe la raíz que deberían tapar para que permanezca en la tierra y pueda salirle otra cabeza. Lleva muchos años que un peyote alcance su madurez, arrancar su raíz impediría su crecimiento nuevamente, ese sí es un verdadero delito, eso traté de trasmitirles pero qué fue lo que aprendieron pues nomás ellos lo sabrían cuando así fuera pero pusieron mucha atención, estaban interesados en conocer lo más posible, la sabiduría huichol les había volado la cabeza desde que leyeron sobre Nakawe y Watákame, los hacedores de todo lo que existe en este mundo. En cuanto al aspecto del cactus -cuando lo encuentren lo sabrán –les respondí y dejé solos, más me los lleve pensando, me gustó que supieran de nuestros ancestros y sentí que eran unos chamaquitos especiales, por eso mismo respondo a su pregunta tan ampliamente.  

Tempranito al otro día los vi jalar al desierto y dijeron que regresarían hoy pero nunca mi mente imaginó que así. Todos mis clientes vienen a lo que vienen: comer peyote en el desierto y muchos buscando una cosa encuentran otra, pero una muertita nunca, eso sí nunca me habían traído, para qué más que la verdad. 

El desierto puede ser duro pero nunca te deja ir igual que como llegaste. Gran aprendizaje esperaba a estos hermanitos, pero cuál, nomás ellos lo sabrían llegado el momento. 

Traían a su chamaca cargando envuelta en un jorongo, su rostro blancuzco y tieso estaba inflamado, sus ojos eran dos rayas y el labio inferior casi le reventaba de la hinchazón. Sus hermanitos, pálidos por el susto, se veían unos a otros con temor y la dejaron recargada en la pared de ladrillo esa de ahí, en el cuarto que me alquilaron. Quién sabe qué los espantaba más, si lo que había ocurrido o, lo que según ellos, estaba por ocurrir, todavía estaban bajo los efectos de la mescalina pero no se daban cuenta y el viaje traía a su mente lo más temido para cada uno. 

Mientras esperaban la llegada de los federales les guisé unos nopalitos con huevo y trataba de entablar conversación para saber qué era exactamente lo que había ocurrido, ver si podía echarles la mano y saber, de paso, si iban a quedarse más días, yo vivo de rentar mis cuartos y pues, sabrá usted, más que nada me urgía saber si traían o no para pagar.

Comiendo les aclaró un poco más el juicio y comenzaron a platicar lo ocurrido, su mayor preocupación era la policía y la versión que darían porque cada uno recordaba lo que pudo ver así que sentían que nadie los comprendería o peor, que los culparían. Era la primera vez que estaban en territorio Wirikuta y hay mucho que ni ellos mismos entendían, de ahí mismamente venía su temor, no sabían todavía que la chamaca está bien.

Pasó un rato y empezaron a platicar su travesía, como si contándola desde el principio pudieran aclarar mejor la sucesión de los acontecimientos que los llevaron hasta ese momento. 

Decidieron viajar en tren para gastar lo menos posible, son estudiantes y si apenas les dieron permiso de venir, menos les dieron dinero ¿verdad? así que fue para lo que les alcanzó, traían latas de comida, cigarros, agua y una anforita de mezcal para el frio, nada más. En el trayecto conocieron a los ñengos, quienes sabían a dónde llegar y la mejor forma de comenzar la aventura en el desierto. 

No entendieron cuando se les dijo que el peyote los encontraría a ellos si así lo quería, que no lo buscaran pues mientras más lo hicieran más se alejarían de él, aun con eso, fueron a su encuentro. Hallaron muchas cosas menos lo que buscaban, desconocían el aspecto del hikuri y comieron trozos de algunas biznagas que iban encontrando, creyendo haber dado con él, descubrieron piedras de rio en medio del desierto, algunas palmeras y otras señales de que en un tiempo remoto todo el lugar había estado cubierto por agua, esa fue su primer gran impresión.

Acamparon en medio del desierto a unas cinco horas de distancia y dicen haber perdido la noción del tiempo, después de pasar todo el primer día buscando peyote, el anochecer los sorprendió lejos de la tienda de campaña y aunque pudieron regresar, el sonido de la fauna silvestre noctambula comenzó a hacer mella en sus temores individuales, llegaron a la tienda y sin comer nada intentaron dormir por turnos para estar al pendiente de su seguridad. 

El amanecer, con el temprano vuelo de las aves, los despertó a todos, salieron de la tienda y vieron rastros en la arena de todos los animales que se acercaron, huellas diminutas, medianas, grandes y algunas otras del arrastre de serpientes que rodeaban su morada. Desayunaron atún directo de la lata y retomaron su búsqueda por segundo día consecutivo, sin suerte fíjese usted. 

La pasaron conociéndose a profundidad, sin querer pero queriendo, porque cómo platicaban esos condenados, hablaron de temas que nunca tocarían en su vida normal, en sus encuentros en la escuela, alguna fiesta, con ustedes su familia o cualquier otra persona en ningún otro lado, nombraron sus mayores temores, enumeraron las más grandes fantasías, identificaron lo que les producía verdadera felicidad o profunda tristeza y de esta forma quitaron las mascaras que a veces llevamos al convivir y tratar de encajar en sociedad, los telones cayeron, las verdades surgieron, cada uno contó sus más intimas confesiones y entonces sí ya no solamente se sintieron como hermanos, lo eran de verdad, con los que no tienes nada que esconder, no hay pensamiento que callar ni existe alguna cosa que te pueda avergonzar, solo eres tú, como realmente es uno pues. Del peyote, ni sus luces oiga.  

Los siguientes días pasaron, muchos pasos dieron y cansados, creyeron entender el mensaje, no era para ellos probar el fruto sagrado de los huicholes, su consumo y conocimiento era tan profundo que tal vez no iba a ser revelado a unos chavos en búsqueda de aventura nada más, así que al atardecer de su último día se habían dado por vencidos y decidieron recolectar piedras o alguna rama de forma llamativa para llevarla consigo como recuerdo del paseo, estaban caminando de vuelta a su campamento hablando de todo y nada cuando vieron una piedra en forma de corazón y al mismo tiempo, corrieron todos a intentar ganarse entre ellos para levantarla pues, y entre los empujones y risas rodaron en la tierra que se revolvió y dejó al descubierto la magia: una familia de peyotes estaban verdes y preciosos clavados en el piso apenas cubiertos de arena, celebraron el acontecimiento con un largo trago de mezcal y recordaron la enseñanza que se les ofreció para cortarlos, eligieron al papá por tener más gajos que ninguno, señal de su potencia, hicieron chistes de que una familia sin padre es de donde casi todos ellos provenían y les era común, así que dejaron a los otros integrantes de la familia intacta, por fin poseían un peyote y no sabían qué hacer con él, de qué forma lo probarían, quién sería el primero, uno dijo que cada quien comiera un gajo y decidiera de qué forma, otro que solo lo comieran algunos para que se quedaran los demás a cuidarlos y metidos en eso, conforme avanzaban, iban encontrando a sus pies otros peyotes, más y más peyote, por todos lados peyote, cómo era posible que no los hubieran visto antes si habían andado por ahí todos esos días, qué clase de segazón cayó sobre ellos para no notar que estaban por doquier, entonces tuvieron sentido las palabras de los ñengos <<el peyote te encuentra a ti no al revés>> así que comenzaron a creer y sentir la magia del hikuri y de las creencias sagradas que rigen estas tierras y a quienes las habitan.

Comerían un hikuri entero cada uno y al contarlo aseguraron que era el sabor más horrible que hubieran probado, por lo que casi nadie se lo terminó, las arcadas involuntarias obligaron a algunos a vomitar lo poco que habían comido e intentaron ingerirlo revolviéndolo con alimento o simplemente tragarlo sin masticar. Eran aguerridos los chamacos, sin duda, esperaban ponerse a alucinar o sentir los efectos de inmediato pero el peyote no funciona así y estuvieron sin sentir nada lo que resta del día, otra vez creyeron no ser dignos de tal experiencia y se metió el padre sol detrás de las montañas mientras disfrutaban del increíble paisaje que ofrece el atardecer en la última noche que pasarían acampando.

La noche se tornaba negra, no había nada sobre ellos, únicamente cielo profundo tapizado de estrellas, más de las que habían visto en toda su vida, era una visión poderosa que mostraba lo pequeño e insignificante de su presencia en el universo, los cubría con un sin fin de ideas y preguntas sobre la existencia, su pasado, el porvenir y cayeron en cuenta que estaban dentro de una pequeña canica donde todo era posible, donde todo estaba al alcance de sus manos o de su mente. Entendieron que podían comunicarse, entre ellos y al mismo tiempo con todo lo que los rodeaba, sin palabras, que eran una sola cosa. Dejaron de percibir temor por los animales que sabían andaban cerca, que intuían los miraban desde cualquier lugar y los sintieron por primera vez como iguales, ellos eran los peligrosos para los animales que estaban en su propio hábitat, ellos eran los huéspedes y debían mostrar respeto, se llenaron de humildad, sintieron asco y pena de ser parte de la única especie que se siente superior a cualquiera incluso entre ellos mismos, de la especie que destroza y mata lo que sea que se interponga en su camino pero nombra salvajes a los animales que única y exclusivamente lo hacen para sobrevivir, sin gozo de por medio, sin banalidad y mucho menos con vanidad. Las estrellas eran pequeños paquetes de conocimiento ancestral de la vida y la muerte que esperaban a ser descubiertos, el aire que llenaba sus pulmones era vida que generosamente regalaba un poco de la misma a su ser, el viento la exhalación de la tierra fluyendo con aromas que pegaban suave en el cuerpo e iluminaban largas raíces, antes invisibles, que salían de sus pie y se metían a la tierra y los proveía de una ubicación dentro del infinito en el que se encontraban y que ahora podían ver y habitar mejor, por descubrir que son uno solo. Sentían la sangre correr por sus venas gracias a un fastuoso impulso proveniente de su pecho, el líquido arrastraba consigo muestras de todo lo que por años se habían encargado de meter a su organismo. Podían advertir cada musculo de su cuerpo moverse de forma independiente pero organizada para hacerlos funcionar como un todo palpitante, algunos lo hacían de manera torpe pero lo lograban. La energía se difundía desde el cerebro como electricidad en el circuito de su cuerpo y los órganos eran sacos dentro de otros contenidos por la piel, algunos en buenas condiciones y otros un poco dañados pero funcionando para ellos en conjunto con todo lo demás dentro del majestuoso empaque del que se les había provisto y que se sostenía gracias a vigorosos pilares de hueso. Todo eso eran ellos, todo eso me contaron. Pasaron muchas horas en esos vericuetos mentales, los pensamientos emergían de todos pero eran uno mismo, tranquilo y fluido, sin parar pero en paz. Qué finalidad y a dónde llevarían esa magia que acababan de sentir en carne propia era lo que se cuestionaban cuando miraron a su carnalita, su hija de usted, inflamada yacía tirada, nadie reaccionó porque la sentían todavía como parte de la unidad que estaban formando y vieron un aliento verde salir de su boca, posarse sobre su rostro, era su alma señor que abandonó el cuerpo, se desprendió por completo y aguardó un instante antes de que el soplo del viento se la llevara a todos y ningún lado. Entonces dejaron de sentirla tan fuerte como antes pero la tranquilidad pesaba mucho como para remitirlos a algún infortunio.

Les conté la leyenda huichol que dice que el alma al morir se purifica para iniciar su viaje al amate, árbol donde se reunirá con sus antepasados, con los de todos. Dijeron que se perdieron en los vapores que exhalaba la muchacha y vieron figuras de todo tipo emerger y combinarse sobre ella, nadie pensó que estaba muerta. El cuerpo muere pero el espíritu nace, concluí. Pronto se reunirá para siempre con nuestra madre tierra y se le permitirá volver al cabo de cinco años pero siempre, siempre estará con todos ustedes. Esas palabras, que ahora sacan sus lagrimas señor, interrumpieron el relato de ellos; decidieron cargar el cuerpo y traerlo consigo pero ella, venía dentro suyo y a la vez estaba en todos lados, así que entendimos que no había nada más que decir, pero no entendían todavía, como quizá no entienda ahora usted.   

La policía no haría nada, tal vez ni siquiera vendrían, ellos no quieren tratar con los muertos, el ser espiritual que habitó esa carne estaba en camino a un lugar mejor y el tratamiento que se le diera al cuerpo era mero trámite, si no hay nada que entorpezca la creencia, como una investigación, el cual fue el caso de su hija pues no tiene signo alguno de violencia y los chamacos ni idea tienen de nada, menos de haberle hecho algún daño debió llegar pronto con nuestra madre águila joven. La sabiduría que guardan nuestros lugares nunca los hubieran dejado estar como andaban, preocupados por el suceso, aterrados por lo que creen que les iban a hacer las autoridades, ya se hubieran vuelto locos si acaso algo propiciaron, no es así, créalo.  

Esta sabiduría viene de nuestros ancestros, nuestra bisabuela crecimiento nos brinda en cada generación un poquito más de conocimiento, la madre tierra y el padre sol nos cobijan con su manto perpetuo de naturaleza viva llena de mensajes que solo algunos pueden entender y hasta para ayudarnos en eso hicieron crecer el hikuri, mediante el cual podemos acercarnos más a conocimientos sagrados de cura y entendimiento del alma, es el gran libro que se nos otorgó como guía en nuestro paso físico por la tierra para después poder reunirnos con ellos, ya purificados. La muerte es eso, purificación. Pero para los que se quedan aquí, ajenos a nuestra verdad, es difícil comprender la transición y puede estar llena de dolor y sufrimiento, lo entiendo. 

Después llegaron a decirnos los vecinos que la policía no vendría, por las revueltas en las minas, los enfrentamientos de estos días tenían a las autoridades muy ocupadas, lo único que les preocupa es que se sigan explotando nuestras minas para su beneficio y el de las empresas gabachas que no quitan el dedo del renglón, pero de dónde quieren sacar agua pues si ellos mismos están acabando con nuestra hermana agua, así que llegarían los de la cruz verde en un rato y como un rato puede ser mucho tiempo les propuse a los muchachos descansaran un poco y aunque se rehusaban a hacer cualquier cosa que no fuera relacionada con su chamaca cayeron uno por uno profundamente dormidos. 

Se me presentó un pensamiento claro cuando estaban todos amontonados roncando como manada de cachorros, su hija me habló sin decirme nada y supe que ella era una forma de que la verdad huichol saliera de aquí, como la semilla que un ave lleva sin saber entre sus patas y cae en tierras lejanas, donde florece una especie desconocida hasta ese entonces en el sitio y sin explicación de nada, poco a poco, maravilla a los lugareños que la adoptan y cuidan hasta hacerla suya. Le pedí a la chamaca que les abriera el corazón a sus hermanitos y aclarara su mente para que entendieran, ahora le pido lo mismo con usted.

Sí que se les iluminó el camino a ellos don, mientras roncaban aquí, pudieron ver a su hija allá, no hablaba pero transmitía tranquilidad, emanaba paz y alegría; sentada sobre un gran peyote sonriente los contemplaba con mirada de despedida; con ambas manos en el pecho se despidió de ellos y el cactus se posicionó arriba de su cabeza, girando con sus pelusas y flores la bañó de luz y destellos, se le metió por la boca que se hinchó tanto que cubrió toda la visión y en un instante se convirtió en el desierto; el aire era agua transparente y su hermana formaba parte de todo, estaba en la arena, contenía cientos de biznagas de todos tamaños que adornaban el paisaje; en los árboles fortalecía sus raíces y hacía crecer grandes ramas con hojas verdes, vivas, que los miraban; en cada piedra había un pedazo de ella y se arraigaba al suelo con todos los insectos que la moraban; afelpaba las montañas en forma de hierba y atravesaba el cielo en cada una de las nubes, el sol bañaba todo con sus rayos en forma de abrazo y un venado gigantesco al que no podían verle la cara era ella misma, corriendo libre por el campo, los aires y todo el universo, poco a poco todo se iba apagando mientras las biznagas irradiaban cemento que se convertía en la pared donde el cuerpo inerte de su amiga estaba recargada.

En eso estábamos, yo pidiendo a su hija abrirles el corazón y ellos soñándola cuando llegaron los de la cruz, entraron sin ganas y preguntaron cuál de todos era el muerto por todos los cuerpos cubiertos con cobijas en la habitación y como los vivos empezaron a moverse al escucharlos, acto seguido fueron directamente con la chamaca, nos sacaron e hicieron su trabajo, después de un rato grande salieron y dijeron que los exámenes de sangre tenían la última palabra sobre si habría una averiguación o no y de no ser así el cuerpo sería entregado a quien lo reclamara, dejaron la hoja que les entregué. 

A los hermanitos ya se les había quitado lo pálido, su color estaba regresando de a poco y en tono tranquilo acordaron que era momento de avisarles a ustedes, al parecer habían entendido que no existía crimen por el cual sentirse perseguidos, lo que pasó, pasó y si no podían decidir ellos el destino del cuerpo de su hermanita por lo menos ya entendían mejor las cosas y libres de culpa, podían accionar lo necesario para que sus seres queridos así lo hicieran, se pusieron de acuerdo rápidamente y uno dijo que sentía mucha tranquilidad después haber tenido un sueño con ella donde entendió muchas cosas como por arte de magia, los otros pelaron los ojos y dijeron al unísono: yo también soñé con ella, al escucharse sus parpados se abrieron todavía más, era otra forma de entenderse sin palabras, como allá en el desierto, se abrazaron y todo lo demás ya lo sabe. Tiene el cuerpo de su hija y conoce lo que pasó, saqué pues sus propias conclusiones usted señor.   

Publicado la semana 7. 11/02/2019
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Azul, Real de catorce, https://youtu.be/Fmibttr2Nac , Viajes al desierto , Con un mezcal , Wadley, Real de catorce, Desierto, Peyote, San Luis Potosí
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