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Erika Prado

Flor [Segunda parte]

Veo el techo de la habitación, las vigas de madera carcomida por las polillas, los insectos repapalotean alrededor del foco y hay silencio, por primera vez desde que comenzó todo escucho silencio, el único ruido que hay es del ventilador que ya no es suficiente, hace cada vez hace más calor, quiero agua, algo fresco que quite la resequedad que siento en la garganta. En la mesita de madera, al otro lado del cuarto hay una jarra, por favor que alguien venga a dármelo o me dejen parar, temo que si lo hago y se dan cuenta sea fatal, me indicaron explícitamente que permaneciera acostada y bien tapada pues mi cuerpo estaba caliente por la desfloración y podía darme aire en la espalda y enfermarme, sé que lo que importa en las personas es lo de adentro pero eso no sale en las fotos y quiero verme bonita en ellas. La puerta se abre y vienen en silencio con la noticia de que ya hay un dictamen y que todos esperan afuera a que salgan a dar la mala noticia o simplemente cuelguen el calzón con sangre en la ventana, símbolo de que dan la bendición para el matrimonio. Se dejará ahí unas horas, para que todo el que pase, le interese o por morbo quiera saber, se entere que la novia es una muchacha de alto valor, virgen, honorable, digna del hijo que darán en matrimonio y por los cuales vale la pena activar y movilizar todos los recursos de los que dispone mi futura suegra para llevar a cabo la celebración.

Escucho movimiento en el patio, arrastran cosas y avientan otras como apilándolas, no sé que pasa, me lamento de nunca haber asistido a un ritual de estos y preferir quedarme a no hacer nada, como dice mi mamá cada vez que me ve leer o escribir, así que estoy en blanco. Cierro los ojos, el cuerpo me empieza a calentar y ya no me es posible calcular el tiempo.

 

Me despierto y está mamá mirándome con cara de alegría, -mija, todo salió bien, ya estamos recibiendo los tributos- dice abrazándome fuerte contra su pecho, me siento contenta por su felicidad, es lo único que me importa. 

 

Los tributos suelen ser variados, los trae la gente del pueblo, pueden ser cerveza, comida, cuetes, flores, despensa, dinero o cualquier cosa que quieran dar para el inicio de una nueva familia o sirva para la celebración de la boda, regularmente empiezan a llegar cuando la pantaleta está en la ventana y se hace del dominio público que la boda se realizará aunque hay ocasiones en que los tributos llegan desde el inicio de la desfloración y significa que la gente está completamente segura de que la mujer es respetable, el cual no es mi caso. La noticia hace que me descance el alma, me pasan trapos húmedos por la frente, sudo a mares. 

 

El murmullo se hace cada vez mayor, no sé cuánto tiempo dormí ni cuánto falte, ya no puedo calcular nada, las piernas y brazos me comienzan a doler, me hierven y no tengo una explicación para eso, me desespera. 

 

Hay mucha alegría en la casa y cada vez me siento peor, mi mamá me cuenta que le están dando los últimos toques al bordado de mi vestido, ella, segura de mi virginidad, mando a hacer el vestido meses antes sin decirme nada y mi suegra había aceptado el ofrecimiento, al parecer todos sabían de mi inminente matrimonio menos yo; me dijo también que comienzan a poner la lona en el patio, ya se encargaron los arreglos florales y que en cualquier momento sonará en la bocina de la colonia la invitación para que todo el pueblo asista a la celebración. Mi futuro esposo fue a contratar la banda musical y a matar un puerco para la comida que empieza a prepararse desde hoy, les tomará toda la noche. Me quiere de verdad. 

 

Mi madrina entra y se pone contenta al verme enrojecida, se pavonea de la bendición de mi cuerpo febril y nos comunica que mañana a las nueve será la ceremonia, otro dato del que la última en enterarse soy yo, empieza a oscurecer por lo que calculo son alrededor de las 6 de la tarde, les pido que me dejen sola, quiero descansar estoy nerviosa y tengo una revolución en la cabeza, nunca mejor dicho. Salen preguntándose qué vestido usarán y entrecruzan sus brazos para cuchichearse algo. 

 

Arranco el paliacate que dejaron amarrado a mi frente, quiero escribir ahora pues en unas horas cuando vengan a vestirme y comience la fiesta no podré hacerlo más, a nadie le gusta.

 

No sé qué vida me espera, pero sé la que quiero y me llena de culpa, dentro de la felicidad por los planes que hay por delante y haber cumplido en ser una buena muchacha que hizo todo lo que se le enseñó y predicó para no desprestigiar a su familia no puedo evitar sentirme nostálgica, frustrada por muchas cosas, tener que dejar la escuela, la casa donde crecí, alejarme de mi familia para venir a vivir acá y saber que nunca más seré la hija de mis papás de nuevo, la hermana de mis hermanos, dudo siquiera poder llegar a ser yo misma, pues a partir de mañana que cruce la puerta vestida de novia, seré la esposa de alguien y nada más, todo lo anterior lo era apenas ayer y hoy no sé nada, menos quién soy; prometí seguir el mandato de mis padres hasta que fuera mayor y soñé con casarme, sí lo hice, pero nunca imaginé que sería tan pronto. 

 

Lo hago convencida de que es lo mejor por ahora, mi mamá no se merece otra cosa, pero sueño con el día en que tenga mis Oros, en que no le deba explicaciones a nadie ni tenga que cumplir con tradiciones y expectativas que me atraviesan desde antes de nacer; añoro tener mis propios hijos, con los que pueda salir del pueblo y enseñarles otros mundos que tampoco conozco pero intuyo existen, quiero explorarlos con ellos e inculcarles, exigirles lo impensable aquí, que intenten ser alguien nomás para y por ellos y que si en el camino encuentran a alguien con quien compartirse, lo hagan, tomando sus riesgos y precauciones pero se entreguen, que su cuerpo es únicamente de ellos y nadie tiene que ponerles un valor por nada en el, esas serán mis tradiciones, ese será el discurso que mamen de mi pecho, mi pequeña revolución personal que si no logro, moriré intentando sin quitar el dedo del renglón y cuando eso pase, entonces sí, podré vivir como Dios manda.

Publicado la semana 6. 04/02/2019
Etiquetas
Pueblos, México, costumbres, Oaxaca , En cualquier momento
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