44
Erika Prado

Blanco tristeza

Don Cheo amarra un enorme bote de leche bronca a su bicicleta y la monta para ir a ofrecerla en la colonia. Un día lo vi pasar mientras me estacionaba, lo perdí de vista por el retrovisor y cuando bajé del auto ahí estaba, carros atrás llenaba un pocillo con su producto. Chiflaba contento. Lo saludé alzando la mano.

Abrí la cajuela y escuché un ruido, un golpe fuerte. Me sobresalté y asomé a ver qué había pasado. Nada, nadie. Un rio blanco comenzó a correr por el suelo, pasaba entre mis zapatos y seguía su cauce, arrastraba hojas y tierra de la acera. Seguí el caudal en sentido contrario y vi a Don Cheo arrodillado, su bici, llantas arriba, se había volteado con el peso del bote cuando la recargó en uno de los autos para meterse a un local a cobrar el primer litro de leche que había vendido esa mañana. Y el único. La leche había recorrido la cuadra entera para ir a verterse a la coladera.

Su rostro era de angustia, espanto, dolor. Regresaría a casa sin un peso. Desesperado palpó con las palmas la leche del suelo, confirmando que de verdad lo era. Alzó la mirada hacia la bicicleta y comprendió: su dinero, ganancia, trabajo, esfuerzo, quizá comida, ahorros, todo lo de su día estaba perdido. Eso y más expresó su rostro, sus ojos. Un cachito de su vida se perdió: se le fue a la coladera. 

Publicado la semana 44. 02/11/2019
Etiquetas
La vida misma, asi pasa, Es verídico
Compartir Facebook Twitter
Género
No ficción
Año
I
Semana
44
Ranking
0 53 0