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Erika Prado

El Malasuerte

Su familia por fin pudo visitarlo, estuvo hospitalizado en calidad de detenido y después de meses de juicio entraron a verlo. Encontraron a un joven harapiento con una sonrisa exagerada sentado en la orilla de la cama, sin poder reconocer a nadie parecía mirarlos fijamente pero en realidad veía al vacío, donde ellos estaban parados. Le escurría un hilillo de baba de la comisura de la boca, murmuraba algo y volvía a reír tapándose un poco la cara lleno de vergüenza, se balanceaba de atrás a adelante sin parar.

Nadie sabía exactamente lo que pasó. Lo decidió un día tomando su segunda taza de café, harto de que todo le saliera mal. Pensó que era demasiado cobarde como para jalar de un gatillo o aventarse por la ventana, además, una caída del primer piso tampoco es que asegure la muerte y prefirió algo menos violento. Hay pocos actos más violentos que acabar con tu propia vida pero buscó una alternativa menos dolorosa.

Salió tarde del trabajo, quiso dejar sus pendientes resueltos para que por lo menos una vez, no se refirieran a él como el chahuistle de la oficina. Fue directo a la tienda de materiales de construcción para comprar varios rollos de cinta gris, su tarjeta fue declinada, unos días atrás la habían clonado al pagar gasolina, recordó la tarjeta de crédito para emergencias, definitivamente esta era una.

Llegó a su calle y dejó el auto invadiendo el garaje de junto para joder al vecino, el que parecía tener una construcción interminable justo en la pared de su habitación y no lo dejaba dormir, soltó una carcajada por esa pequeña maldad que no había planeado y subió de prisa al primer piso donde estaba su departamento, escuchó entrar al edificio a la familia que vivía en el segundo, cerró su puerta con doble chapa y puso la cadenilla de seguridad, por costumbre.

Se cambió de ropa, quería que lo encontraran bien vestido, sirvió una copa del vino que estuvo guardando desde el año pasado para una ocasión especial y notó que estaba avinagrado, comenzó a sacar los rollos de las bolsas y selló las ventanas con extrema cautela, cuidando hasta el más pequeño detalle para no dejar un solo milímetro sin cubrir, lo mismo con todos los lugares de donde podía escapar el gas.

No decidía si escribir o no una nota de despedida, en realidad no tenía nada que decir, únicamente estaba harto de la nube renegrida que lo persiguió toda su vida y renegar de ello en su nota suicida parecía demasiado quejumbroso, buscaba dejar un recuerdo respetable de su persona.

Se paró con todo el cuerpo pegado a la puerta de entrada, fingió entrar al departamento para ver exactamente lo que verían al llegar, se dirigió a la cocina y apagó el piloto del calentador que dejó salir el gas sin ruido alguno, abrió todas las hornillas de la estufa, del horno y se fue a acostar convencido de que tenían que encontrarlo en su cama, en paz. Al estar todo sellado con cinta no importaba que su habitación fuera el lugar más alejado de la cocina, se acostó y trató de dormir.

En medio de la noche, los servicios de emergencia médica lo sacaban convulsionando en una camilla mientras los bomberos entraban a apagar el fuego que consumía el departamento de arriba, horas después, los peritos sacaron a la familia de enanos calcinados que lo habitaban. En la madrugada, dormidos, desmayaron por una emisión de gas que provenía del departamento de abajo y fueron consumidos por el fuego que causó la explosión de su calentador.

Las llamas no alcanzaron el departamento de la planta baja donde el intento de suicida nunca notó un enorme respiradero detrás del sillón que comunicaba ambos departamentos y se quedó dormido profundamente mientras la mayor parte del gas se fugaba hacia el departamento de los enanos. Los servicios de emergencia habrían podido auxiliarlo antes de no ser porque el garaje de donde podían aproximarse mejor a su ventana estaba bloqueado por su propio automóvil.

Despertó en el hospital, lo atendían por demencia, provocada por exposición prolongada a gas LP, lo custodiaba un elemento de la policía. Ese día lo visitarían sus familiares antes de ser trasladado al hospital psiquiátrico penitenciario.

Publicado la semana 4. 26/01/2019
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