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Erika Prado

Chicochangotes

Muchos espantos habitan mi pueblo. Provengo de un lugar con muchas historias, yo soy una de ellas. Dicen que nací tiempo después de salir del vientre de mi madre. Me parió muerto y mientras la partera trataba de salvarla, un Machín salió de entre el bosque, se metió a la casita de enramada donde todo esto sucedía, buscó entre los cuartos hasta encontrarme y me dio la vida. 

Nadie sabe si estos seres son apariciones o animales pero se encargan de limpiar a nuestro pueblo, alejan el mal. De extraña manera pero lo hacen. Algunos les dicen Machines y muchos otros simplemente chicochangotes, por su apariencia, son negros y peludos como changos fornidos pero del tamaño de un cristiano, jamás dejan que se les vea la cara, si la tienen, nadie sabe cómo es. 

Casi siempre aparecen en las casas donde hay bebés tiernitos, recién nacidos y, dicen, tratan de llevárselos. Cuando hay criatura en casa, las personas tienen siempre su machete a la mano, es la única temporada en que duermen a puerta cerrada, con tranca, muriendo de calor en el catre pero protegiendo a sus pequeños. Lo que nadie dice, quizá porque no se han dado cuenta, es que solamente llegan a las casas donde hay sufrimiento o se puede evitar alguno. Quieren proteger a los recién nacidos, pero muchos se han empeñado en afirmar que se los comen, otros, que los niños que logran llevarse se convierten en uno de ellos y regresan, años después, con forma de Machín en busca de más niños, que los transforman. Esto último es verdad. 

Cierto es que vuelven, siempre, a las casas donde ya trataron de robar una criatura, es como si la familia que no pudo defender a su bebé quedara marcada en el camino de los Machines y permaneciera bajo su acecho. La marca, en realidad, la pone la misma familia, mucho antes de que cualquier chicochangote siquiera aparezca, tal vez, solo tal vez es por ello mismo que lo hacen. Nunca nadie que fuera justo, honrado y trabajador perdió a un hijo de esta forma. 

Recuerdo las veces que se organizaron los hombres del pueblo para ir tras los Machines, eran grandes cacerías donde todos querían lucir su fuerza o su mejor machete. Papá al principio, antes de entender, dejó que los acompañara porque creían que por haberme, no perdonado la vida, sino regresarme a ella tenía una conexión con ellos. Es cierto, yo sabía sin tener consciencia de cómo, los lugares donde podían avistarlos, simplemente caminaba y sentía cuando alguno estaba cerca. Desde entonces la gente comenzó a temerme. 

Los chicochangotes no corren, en cuanto aprietan el paso flotan a ras del suelo y trepan a los arboles donde desaparecen, decían, por lo que todas las veces que los trataron de perseguir, era sin buenos resultados. Por el contrario, los hombres que se enajenaban con eso, precisamente por ello, comenzaban a descuidar a su familia y sin darse cuenta, se reiniciaba así, el ciclo de volverse blanco para los Machines, lo que tánto querían evitar era precisamente provocado en su afán de estar a salvo.

Mi familia lo entendió poco después, una madrugada que tardamos más de lo acostumbrado en regresar de buscar chicochangotes, mamá estaba furiosa con nosotros por estar lejos de casa y dejarla sola con mis hermanos pequeños. Recibió a papá con una bofetada que le partió el labio. 

–Buena forma de protegernos tienes, ¡largándote toda la noche! –vociferó.

Papá no reaccionó al golpe pero sí a las palabras, sobó su mejilla mientras me pedía que no le dijera a nadie sobre lo ocurrido y nos fuimos a dormir. Esa escena se repitió en mi mente el día siguiente sin cesar, sin llevarme a nada, hasta que papá se acercó y dijo –tu madre tiene razón, en el monte de noche puede pasar cualquier cosa y si no estamos aquí o no regresamos, no podremos protegerlos–. Esa reflexión cambió muchas cosas, en lugar de pasar tiempo tomando con los vecinos o afilando su machete, papá estaba pendiente de dónde estábamos, a qué hora regresaríamos o cuáles eran nuestros planes para el día siguiente, acompañaba a mamá a más lugares y en general pasábamos mucho tiempo juntos, más que nunca. 

Los vecinos seguían saliendo de noche y al pasar por la casa, nos gritaban tonterías para alentarnos a ir con ellos, seguirlos, pero papá respondía que en casa es donde más seguro estaba. Esa respuesta, con el paso del tiempo, llevó al rumor de que estábamos protegidos en casa porque, de seguro, yo tenía contacto con los Machines; algunos entraron en pánico, otros más se acercaron y después de escuchar los razonamientos de papá y analizar con calma comenzaban también a cambiar su forma de actuar. 

Comencé a pensar, y a decir en voz alta, que si permanecíamos juntos, los chicochangotes se alejarían, estaba seguro de que eso era cierto y me preguntaban cada vez más acerca de los seres; con lo que les respondía se tomaban decisiones en casa y la cercanía, a la que yo me referí al principio, se convirtió en unión con los míos. 

En el pueblo es diferente, ahora, está de alguna forma dividido entre las dos creencias: los atemorizados por las historias, que se cuidan de los Machines y mucho de sus actos, tiempo y pensamiento gira en torno a ellos; y los que se sienten seguros simplemente por estar cerca y al pendiente de su familia. 

Las apariciones ya son esporádicas. Se hizo evidente, por lo menos para mí, que en las casas de los que están cegados al entendimiento de que la mayor protección para la familia es la cercanía y la comunicación; es la llegada de los machines el evento que muestra que esa familia tiene algún mal dentro. Los chicochangotes vienen y dejan la evidencia de que ahí alguien corre peligro y entonces sí, todo cambia. Para bien o para mal, dentro y fuera de la casa aflora lo mejor o peor de las personas, algunos se consumen por su fantasía y otros están volcados en preocupación y ocupación real a cuidar de su gente. Todo se moviliza y permea a las personas que los rodean, se acercan algunos, los que se interesan por los demás y, poco a poco, alejan a los machines de sus hogares cada vez más personas.

Traté de poner en palabras mi sentir y transmitirlo, cuidando cada frase, cada entonación. De esa forma gané un lugar privilegiado dentro de la comunidad. Pues los que me escucharon piensan que alejé a los seres con mis conocimientos sobre ellos, yo sé que fue al revés, nos alejamos de ellos por el conocimiento de nosotros mismos. Logré llevar ese conocimiento a otras situaciones y muchos buscan mi consejo y mi palabra ahora.

Los temidos chicochangotes, de una manera peculiar, sembraron orden, paz y cercanía dentro y entre las familias; dentro y entre los pobladores. Los que pueden recibir y entender el mensaje están a salvo. Me tomó años entenderlo, sí, soy especial, sí, soy parte de los Machines, me empeño en no dejarlos desaparecer, pero no como la gente piensa, con brujerías, sino porque pude entender su propósito, o dotarlos de uno. 

Me dicen chaman, pero mis explicaciones son simples, me gusta pensar que los seres presentes en mi nacimiento son espirituales y al ir por mí, al tocarme, efectivamente me transformaron. Me volví la lucha y recompensa de vida de mis padres. Fui la oportunidad de transmitir un mensaje que se gestó lentamente, tal vez por generaciones, en mi pueblo y que nadie supo interpretar de manera provechosa. Si no buscamos o desciframos la mejor forma de proteger a nuestros seres queridos, desde recién nacidos, los Machines lo harán por nosotros, con terror o con aprendizaje, con perdida o con ganancia, como sea pasará. 

Si un chicochangote te toca, te transforma. Los Machines son machines por eso, por ser justos, leales y protectores de su pueblo, de su gente. Cuando aprendimos eso crecimos y con ese avance dejaron de aparecer, pero no han desaparecido, son los espantos que habitan mi pueblo. 

Cada familia, cada persona, cada lugar en el universo tiene sus propios chicochangotes, al tamaño, nivel y forma de su entendimiento. En mi pueblo había ignorancia, pobreza, miseria. En mi pueblo pudimos nombrar esos terrores sin nombre hasta entonces, como espantos, y les dimos forma de chicochangotes. Y sí, soy uno de ellos.

Publicado la semana 34. 22/08/2019
Etiquetas
Las vivencias y recuerdos de una persona, Pueblos, Cuentos, leyendas y realidades de un pasado reciente
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