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Erika Prado

Ella no sabe

Minerva trabaja en un décimo piso y pasa varias horas al día pensando la forma de sentirse segura a esta altura, no soporta saberse tan separada de suelo firme. Ha pasado la vida siendo la rara de muchos lugares, todos donde estuvo: dentro de su familia, el vecindario, todos los niveles escolares de la totalidad de escuelas a las que asistió, y ahora, es la rarita de la oficina. Ya no es una perdedora, como la llamaron en los últimos años de la universidad, actualmente es una rara exitosa. 

Toma excesivas precauciones para evitar pasar cerca de ventanas abiertas, se aleja de las que tengan las persianas arriba y aunque el baño de su oficina está solamente cruzando el barandal, prefiere bajar dos pisos por las escaleras para evitar exponerse a la vista que este le ofrece: hasta la planta baja. Tiene un tiempo pensando que las ventanas y barandas la exponen a ese, su mayor temor, las alturas.  

Cuando es estrictamente necesario, como al pedir cambiaran de lugar su escritorio pues estaba de frente a un ventanal, logra hablar al respecto. Explica que, si bien no sabe la procedencia de su problema, tiene claro que estar a una gran distancia del suelo le invade, le exprime las entrañas, inunda su cabeza con ideas intrusivas que le impiden concentrarse, sin embargo, puede hacerlo por completo simplemente estando alejada de vistas altas. Trabajar en el piso diez no es problema si, y solo si, no vislumbra el vacío.  

Minerva es la mejor diseñando arneses de seguridad para alpinistas, cuerdas elásticas para puenting, su mayor éxito es el último modelo de traje aéreo el cual permite planear 2.5 metros por cada metro de caída libre. Debido a estos éxitos, no siempre tiene que estar en su oficina y se le permiten consideraciones. 

Asegura, que estar a una gran distancia del suelo es cosa seria y salvaguardar la vida a esas alturas es su mayor objetivo, debido a su trabajo. En específico, es al terror que le provoca personalmente. 

Ella no sabe pero su problema real es que no soporta estar en un lugar del que pueda arrojarse, lo que es, su verdadera e ignorada intención. El vacío, la expone al mismo tiempo a su mayor temor y su mayor deseo, lo que la lleva a ser tan buena en los productos que diseña, pues se protege a sí misma pero cuando la proximidad a su anhelo y miedo se revelan en conjunto (ventanas o barandales) la aterran, la paralizan sin entendimiento alguno.

No tiene una conexión con los eventos de su pasado que la llevaron a estar sumergida en esta ola de temores sin nombre, que emergen de su ser por todos lados, en todos y cada uno de los poros sudorosos de su cuerpo cuando está paralizada. Ella no sabe, no recuerda ni quiere hacerlo, que cuando pequeña, jugaba en el patio de su casa y vio a su madre propinarle una golpiza a su hermana mayor, que salió de la habitación escurriendo sangre de la cabeza y con la nariz rota pidiendo auxilio, fue tánto el miedo que sintió Minerva, pues sabía que cuando su madre estaba encolerizada arremetía con todo a su paso, que echó a correr y unos metros más adelante pisó, sin darse cuenta, una madera que cubría la cisterna. Al no soportar el peso de la niña, cayó a lo profundo y oscuro del lugar, en el trayecto, en medio de la nada Minerva sintió alivio, por estar definitivamente fuera del alcance de su furiosa madre que en la última ocasión jaló tan fuerte su melena que le arrancó cuero cabelludo; al mismo tiempo un terror la invadió, seguramente la esperaba su muerte. Desmayó antes de caer al agua y su cuerpo quedó flotando por un tiempo.

Un pequeño rayo de luz fue lo único que vio al abrir los ojos y al fondo de él un círculo brillante de donde asomaban dos siluetas, al verla mover gritaron su nombre y le pidieron que flotara, dentro de poco iba a bajar alguien a sacarla, Minerva lloró y lloró hasta que las lagrimas le ardían en las mejillas. Cuando pudieron sacarla, su hermana la abrazó con la nariz hinchada, amoratada y sangre seca en el rostro y cabello; su madre, se acercó tan furiosa por su accidente que la alzó en el aire y zangoloteó insultándola por descuidada y estúpida. Minerva, aunque nadie lo notó se hizo pipí y volvió a desmayar. Ambas hermanas corrieron la misma suerte ese día, murieron de miedo. 

No, no sabe, pero ese miedo es el que creció en ella haciéndola fuerte y débil al mismo tiempo, brindó la energía necesaria para resistir y encaminarse al éxito de su labor y por otro lado la paraliza frente o cerca de lugares con exposición al vacío. Es el salto salvador pero atemorizante el que la atrae y la aleja, el que desea y teme. Una caída así, ahora, la salvaría de todo para siempre, pero el instinto de vida emerge sin nuestro control ni permiso. Por eso las alturas son tan fascinantes, por eso dan tanto miedo a algunos pero apasionan a muchos otros.

Cuando Minerva mejora o inventa equipo para deportes de altura se protege a ella misma, se salva de la mortal caída salvando a otros, lo que la hace sentir segura. La posiciona como una mujer exitosa y también la sumerge en las alturas. Esa es la historia de Minerva, la famosa diseñadora de equipo de seguridad en las alturas, que se pasa la vida, hundida en las alturas. Siempre a punto de caer a sus propios abismos. Lo que evita es lo que la protege, pues estorba al brinco que ella tanto quiere pero ignora, disfraza… Ella no sabe.

Publicado la semana 29. 21/07/2019
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